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 l espíritu empresarial a menudo es la chispa que hace que un resultado de investigación o un proceso se convierta en un nuevo producto o servicio. Se trata de tener ojo avizor para el mercado y arriesgarse para llenar un hueco. Pero por encima de todo, los empresarios tienen que comprometerse, tanto en términos personales (tiempo y energía) como en términos económicos. Los empresarios no tienen por qué tener unos conocimientos científicos sólidos. Aunque estén fabricando productos de alta tecnología, de vanguardia, no necesitan conocer la tecnología en gran detalle. En vez de eso, su papel estriba en explotar la creatividad de los tecnólogos, disciplinando su trabajo para producir productos que se puedan comercializar. Y para que tenga éxito la innovación hay que crear una interfaz suave entre estos dos mundos.
La Unión Europea, al establecer sus objetivos claves de crecimiento económico, sobre todo la estrategia de Lisboa, ha reconocido que no hay suficiente actividad empresarial dentro de nuestras fronteras. El animar a más empresarios a probar sus ideas en el mercado aumentaría el crecimiento económico en Europa y llevaría a la creación de más puestos de trabajo. Las cifras de 2003 revelan que sólo el cuatro por ciento de los europeos habían creado una empresa en los últimos tres años o habían empezado los trámites para crear una, frente al 11% en los Estados Unidos, de igual forma, es revelador que sólo un puñado de nuevas empresas de la Unión Europea realmente lograra una expansión significativa, aunque casi un tercio de las pequeñas empresas declarara que el crecimiento era su principal ambición.
Para solucionar estos problemas, la Comisión Europea ha reconocido la necesidad de mejorar el entorno empresarial, de facilitarlo y hacerlo más atractivo para la actividad empresarial. La realización de tal cambio requiere no sólo un desarrollo administrativo sino también cambios culturales en los ámbitos local y regional, así como nacional y comunitario. El año pasado, la Comisión publicó un Libro Verde titulado: «El espíritu empresarial en Europa», seguido a principios de este año por un Plan de Acción para impulsar el espíritu empresarial (véase: «objetivos empresariales». Una de las acciones claves dentro de ese plan se dirige a grupos objetivo específicos, en los que hay más mujeres. A pesar de su peso en la población, las mujeres empresarias de los Estados Miembros de la UE representaban sólo del 20 al 30% de todos los empresarios a finales de los años 90. |