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Tendencias científicas: Los corales pueden registrar los acontecimientos históricos

Los artífices de un estudio canadiense han descubierto que el coral es capaz de registrar en la práctica acontecimientos de la historia humana gracias a su capacidad para absorber los metales tóxicos liberados al entorno a consecuencia de las batallas navales libradas en las proximidades.
Tendencias científicas: Los corales pueden registrar los acontecimientos históricos
El 7 de enero de 1841 tuvo lugar la segunda Batalla de Chuenpee entre las armadas del Imperio Británico y China en el marco de la Primera Guerra del Opio, librada entre las dos potencias principalmente por desavenencias comerciales. En el transcurso de la batalla, el buque de guerra británico «Nemesis» hundió un navío chino tras lanzarle un cohete. El hundimiento y el fuego de la artillería en general debieron conllevar la liberación de mercurio —que es tóxico— al entorno.

Ahora, un equipo de científicos dirigido por Ruoyu Sun, especialista en geoquímica de la Universidad de Trent, en Peterborough (Canadá), ha descubierto que ciertos corales del mar del Sur de China absorbieron este metal y conservan en sus esqueletos un registro de este acontecimiento y de otros posteriores. Los hallazgos, publicados en la revista «Environmental Science and Technology», ofrecen una perspectiva fascinante del proceso por el que los humanos vienen contaminando los océanos a lo largo de su historia.

Los esqueletos de los corales duros están hechos de aragonita, un mineral basado en el carbonato cálcico. A medida que crece el coral, absorbe calcio del agua para poder construir su esqueleto. En consecuencia, las franjas que muestran el crecimiento anual de los corales pueden servir para rastrear la historia de este organismo, de forma muy similar a como sucede con los anillos de los árboles. Se ha demostrado que, además del calcio, el coral absorbe ciertos contaminantes metálicos, como el plomo y el mercurio, y ello permite calcular en qué momento estos metales estaban presentes en el agua.

El equipo de investigación extrajo una muestra de dos centenares de años de antigüedad de un coral Porites lutea del mar del Sur de China con la expectativa de hallar un registro equiparable a los obtenidos a partir de muestras remotas de hielo y turba: un incremento paulatino con el paso del tiempo por efecto de la minería, la combustión de carbón y, a partir del siglo XIX, la producción industrial. Pero el registro que hallaron fue muy distinto. En las partes más antiguas de la muestra de coral, correspondientes aproximadamente al periodo entre 1800 y 1830, la concentración de mercurio era baja y relativamente constante. Desde 1830 hasta el principio del siglo XXI, la cantidad de mercurio absorbida por el esqueleto repuntaba en repetidas ocasiones, alcanzando a veces concentraciones entre cuatro y doce veces por encima del valor base.

Tras analizar en profundidad estos repuntes, el equipo descubrió con sorpresa que se correspondían de manera precisa con una serie de conflictos bélicos acaecidos en la cercana China, concretamente la I Guerra del Opio (1839-1842), la II Guerra del Opio (1856-1860) y la II Guerra Mundial/Guerra sino-japonesa (1937-1945). El valor base también se incrementó lo largo del siglo XX, probablemente debido al aumento de la industrialización, pero en cifras insignificantes en comparación con los repuntes de los periodos bélicos.

En este punto, cabe preguntarse por el mecanismo específico por el que el mercurio fue absorbido por los corales. El metal empleado para producir armas y explosivos, así como sus detonadores, podía liberar mercurio a la atmósfera. Una vez la forma elemental del mercurio en la atmósfera entra en contacto con elementos químicos reactivos, por ejemplo el bromo expulsado del océano a través de aerosoles marinos, entonces forma lo que los investigadores llaman moléculas de «mercurio gaseoso reactivo». Seguidamente estas moléculas caen al océano, donde los corales pueden absorberlas y asimilarlas en su esqueleto.

Pero estos resultados no están exentos de polémica. Una fuente de incertidumbre muy destacada estribaría en que, aunque no sería imposible apreciar vestigios de las guerras en los corales, Carl Lamborg, de la Universidad de California-Santa Cruz opina que esa clase de registro requeriría aportes muy cuantiosos de mercurio a lo largo del tiempo.

En adelante, Sun y su equipo pretenden buscar isótopos de mercurio más específicos en el archivo de los corales. Hay distintas fuentes que liberan mercurio a la atmósfera, entre ellas los volcanes, la combustión de carbón y los explosivos, y esas fuentes contienen diversas cantidades de isótopos del elemento, señala. El mercurio líquido derivado del mineral cinabarita, utilizado como aditivo en numerosos explosivos durante el siglo XIX, podría poseer su propia huella. «Si es igual a la encontrada en los corales, podremos estar seguros», concluye Sun.

Fuente: Basado en noticias aparecidas en medios

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Países

  • Canadá
Número de registro: 125459 / Última actualización el: 2016-06-02
Categoría: Tendencias científicas
Proveedor: ec