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Evaluación precisa de las estrategias globales para los bosques ribereños

Gracias a una beca Marie Curie internacional de salida a terceros países, un joven investigador europeo tuvo la ocasión de conformar una perspectiva global sobre las estrategias de recuperación de los bosques ribereños y de proponer criterios universales para medir con precisión el grado de eficacia de los proyectos a tal efecto.
Evaluación precisa de las estrategias globales para los bosques ribereños
Los bosques ribereños (ubicados en llanuras aluviales) son fuentes extraordinarias de biodiversidad, alimentos y materias primas, pero se encuentran expuestos a una amenaza creciente a causa del desarrollo urbano, industrial y agrícola. En aras de garantizar su supervivencia, en los últimos decenios se ha puesto en marcha a escala mundial una serie de proyectos de recuperación cuyo propósito es asegurar la compatibilidad entre las actividades humanas y la salud y sostenibilidad de los bosques ribereños.

«Muchos proyectos de recuperación han tratado de lidiar con varios problemas medioambientales que afectan a los bosques ribereños», explicó el coordinador del proyecto ESFFORES, el Dr. Eduardo González, quien desarrolló el proyecto en la Universidad de Denver (Estados Unidos) y el Laboratoire d'Écologie Fonctionnelle et Environnement de Toulouse (Francia). «Los enfoques aplicados han sido inmensamente variados, y eso, sumado a la falta de fondos para realizar un seguimiento adecuado, ha motivado que nunca se haya perseguido un objetivo sistemático ni se hayan aplicado criterios normalizados para evaluar su grado de éxito o fracaso. A la larga, esta situación puede limitar su repercusión».

Cómo medir el éxito

En respuesta a esta situación, desde el proyecto ESFFORES se trató de evaluar la efectividad de varios proyectos de recuperación a fin de abrir un debate en torno al establecimiento de criterios universales que permitan definir el éxito (el grado de eficacia). Se registraron datos relativos a variables de vegetación y gestión medioambiental en distintos puntos de dos regiones semiáridas de la zona occidental de los Estados Unidos y el sur de Europa. Los gradientes climáticos abarcaron distintos territorios de seis grandes cuencas hidrográficas: la zona media del río Grande, las zonas alta y baja del río Colorado, el Ebro, el Duero y el Garona.

«Al centrar nuestros esfuerzos en evaluar los resultados — y no en definir los objetivos y las técnicas de implantación— pudimos conjugar las evaluaciones tradicionales basadas en datos locales y de sitios específicos con evaluaciones espaciales más amplias en periodos de tiempo más largos», explicó González. «La inclusión de estrategias de recuperación muy distintas de todo el mundo, a escalas espaciales grandes y escalas temporales largas, nos permitió identificar algunos indicadores universales que respondían a la labor de recuperación y también factores universales que determinan el éxito o el fracaso».

El equipo del proyecto concluyó que pueden utilizarse parámetros similares relativos a la diversidad vegetal a fin de evaluar el éxito de métodos de recuperación muy distintos, pero algunos parámetros responden mejor a la labor de recuperación que otros. Además, es posible predecir parcialmente los resultados de una actividad de recuperación de un bosque ribereño aplicando distintas estrategias, y ello es posible atendiendo a parámetros medioambientales fácilmente mensurables, como el clima.

«Los métodos de recuperación por sí solos no pueden recuperar las condiciones previas a la alteración, pero sí que pueden influir enormemente en las trayectorias sucesivas de la vegetación — apuntó González—. Este aspecto es importante porque nos brinda un margen de maniobra para modificar el ecosistema y satisfacer nuestras necesidades de un modo sostenible. Hubo un resultado inesperado, y éste fue que una revegetación activa no incrementaba necesariamente las probabilidades de que la recuperación tuviera éxito, si se recuperan procesos naturales como las inundaciones».

Una perspectiva global

Este proyecto fue posible gracias a una beca internacional Marie Curie de salida a terceros países (IOF), en virtud de la cual González pasó dos años fuera de Europa y otro año en nuestro continente. Su proyecto, tanto en Europa como en Estados Unidos, fue supervisado por científicos destacados en el campo de la ecología de la recuperación de zonas ribereñas.

«Este entramado se ajustó muy bien a mis condiciones, dado que un aspecto fundamental de mi proyecto era comparar distintos métodos de recuperación aplicados en diferentes regiones del mundo —señaló González—. «Pude conocer a algunos de los especialistas en ecología de zonas ribereñas más prestigiosos de Norteamérica e informarme sobre sus enfoques para gestionar las invasiones de plantas exóticas, que suponen la principal motivación de los proyectos de recuperación de bosques ribereños en el suroeste de Estados Unidos».

Fuente: Basado en una entrevista al coordinador del proyecto

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Número de registro: 125460 / Última actualización el: 2016-06-02
Categoría: Avances científicos
Proveedor: ec