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Tendencias científicas: Una ilusión que permite «sentir» un campo de fuerza alrededor del cuerpo

Un grupo de neurocientíficos de Estocolmo (Suecia) ha descubierto que es posible hacer que las personas «sientan» el espacio situado en sus proximidades, de un modo que los participantes en el experimento describen como si un «campo de fuerza» los rodeara.
Tendencias científicas: Una ilusión que permite «sentir» un campo de fuerza alrededor del cuerpo
Imagine a una persona que acaba de almorzar con un amigo en un restaurante. Cuando se levanta para irse, una camarera se cruza en su campo de visión periférica; de manera instintiva, la persona se moverá para no chocar con ella —su percepción del espacio periférico ha evitado que le caiga encima café caliente—. Imagine ahora a una persona que camina por un bosque y que una rama baja aparece repentinamente en su campo de visión periférica. Una vez más, su percepción del espacio periférico evitará que la persona se golpee con la rama en la cabeza. Podría decirse que la percepción del espacio periférico actúa como una burbuja invisible que nos rodea, nos permite detectar objetos dentro de nuestro radio de acción y, por ende, nos protege.

Recientemente, unos investigadores han descubierto un modo de hacer que las personas puedan también «sentir» su espacio periférico. En un trabajo publicado en la revista «Cognition» el 24 de junio de 2016, un grupo de neurocientíficos del Instituto Karolinska de Estocolmo ha descrito cómo lo han conseguido: gracias a una versión modificada de la denominada «ilusión de la mano de goma».

La versión conocida de esta ilusión consiste en rozar con un pincel la mano de un voluntario —fuera de su campo de visión— y otra mano de goma, situada junto a la real y a la vista. Los roces se realizan a la vez, a la misma velocidad y en el mismo punto tanto en la mano real como en la de goma. La mayoría de la gente afirma que, transcurridos unos minutos, sienten el contacto del pincel en la mano de goma como si ésta formara parte de su cuerpo. Previamente, los investigadores se habían percatado de que la ilusión no funciona si la mano de goma está demasiado alejada de la real, lo que indica la importancia de la distancia.

En el nuevo estudio, que contó con la participación de ciento un adultos, los investigadores incorporaron una modificación relevante en el experimento: no rozaban la mano de goma directamente, sino que movían el pincel por encima de la misma y sin entrar en contacto, aunque al mismo tiempo que rozaban la mano real. Dicho de otro modo, los participantes percibían el contacto en la mano real pero veían cómo el pincel se movía en el aire, a unos diez centímetros de la mano de goma.

La mayor parte de los voluntarios afirmaron haber sentido una «fuerza magnética» o un «campo de fuerza» entre el pincel y la mano de goma. Lo describieron como «si el pincel tocara una barrera invisible». También manifestaron haber sentido que la mano de goma formaba parte de su cuerpo. En este caso, la distancia también parece ser un factor crucial, pues cuando el pincel se situaba más de treinta o cuarenta centímetros por encima de la mano de goma, la ilusión se desvanecía. Colocar una barrera de metal opaca entre la mano de goma y el pincel también evitaba que se produjera dicha sensación.

Arvid Guterstam, uno de los coautores del estudio, atribuye este efecto a que la barrera impide alzar la mano para tocar objeto alguno, o que ningún objeto entre en contacto con la mano; básicamente, limita el espacio personal percibido en torno a la extremidad.

Los hallazgos del equipo sueco se relacionan con los obtenidos en investigaciones realizadas en los años noventa que sugerían que el cerebro dispone de un mecanismo que le permite reconocer el espacio próximo al cuerpo. Michael Graziano —de la Universidad de Princeton— y sus compañeros registraron la actividad eléctrica de las neuronas situadas en los lóbulos parietal y frontal del cerebro de primates. De esta forma, descubrieron que las neuronas no sólo se activaban en el momento en que un objeto entraba en contacto con alguna parte de su cuerpo, sino también cuando el objeto se hallaba muy cerca. Los investigadores detectaron que, al estimular directamente estas neuronas, los primates movían la cabeza y las extremidades como si se estuvieran defendiendo —adoptando una posición defensiva— en un acto reflejo.

Pese a que nadie ha reproducido el experimento en humanos, existen pruebas de que determinadas regiones del cerebro se ocupan del espacio periférico de manera específica. Una muestra de dichos indicios sería el hecho de que algunas personas que han padecido un infarto en el lóbulo parietal posterior no puedan sentir estímulos peripersonales en el lado izquierdo de su cuerpo, pero sí sean capaces de percibirlos más allá del espacio periférico de ese lado.

Esta información da pie a creer en la posibilidad de ampliar este «campo de fuerza» variable. Entre los ejemplos ofrecidos por Graziano se contarían el modo en que un conductor es consciente de los límites físicos del automóvil para poder evitar colisiones con otros objetos o la sensación que se produce tras llevar un sombrero tipo chistera durante varias horas.

Fuente: Basado en noticias aparecidas en medios

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Países

  • Suecia
Número de registro: 125720 / Última actualización el: 2016-07-07
Categoría: Tendencias científicas
Proveedor: ec