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Tendencias científicas: Un útero con vistas

Se ha conseguido mantener con vida durante semanas a corderos prematuros empleando úteros artificiales similares a bolsas de plástico. Se espera que este logro avance y algún día aumente las probabilidades de supervivencia de los bebés prematuros.
Tendencias científicas: Un útero con vistas
La tasa de supervivencia de los niños prematuros mejora notablemente después de las 23 semanas, pasando de ser casi nulas a un 15 %. A las 24 semanas, la cifra sube hasta un 55 %, mientras que a las 25 semanas ya sobrevive cerca del 80 %. Queda claro que cada semana de permanencia en el útero en ese periodo fundamental puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte.

Recientemente se ha alcanzado un logro tecnológico por el que fetos de cordero han podido crecer y desarrollarse aportándoles un suministro de sangre enriquecida en nutrientes y una bolsa protectora de líquido amniótico (que los investigadores han denominado «biobolsa»). Esta bolsa es traslúcida y permite ver cómo se desarrolla el feto.

El útero artificial contiene una mezcla de sales y agua tibia que es inhalada y tragada por el cordero como ocurriría en un útero normal. Una máquina especial conectada a su cordón umbilical suministra oxígeno y nutrientes al cordero. Acto seguido, su corazón bombea la sangre consumida para devolverla a la máquina, donde se enriquece nuevamente para que regrese al cuerpo del cordero.

En declaraciones a la BBC, la Dra. Emily Partridge explicó que la finalidad de esta investigación consiste en aumentar las probabilidades de un feto de 23 o 24 semanas, que normalmente «tiene ante sí el reto de adaptarse a vivir fuera del útero, respirando aire, cuando se supone que aún no debería estar ahí».

Los corderos prematuros utilizados en este estudio se encontraban en una etapa de desarrollo equivalente a la de un feto humano de veintitrés semanas; al parecer, todos se desarrollaron con normalidad en sus «biobolsas». Al cabo de veintiocho días, se sacó a los corderos para comprobar si eran capaces de respirar aire sin ayuda. Al «nacer» ya estaban cubiertos de lana, mientras que a lo largo del experimento parecieron estar cómodos. La primera tanda fue sacrificada para que los investigadores estudiasen el desarrollo de su encéfalo y demás órganos, mientras que algunos de los usados en experimentos posteriores fueron alimentados con biberón por el equipo.

Adaptación de la tecnología a las necesidades de los bebés prematuros

El Dr. Marcus Davey, investigador participante en el experimento, indicó que su intención era crear un sistema de aspecto muy similar al de una incubadora convencional. «Dispondrá de una tapa y en su interior habrá un espacio cálido donde estará la biobolsa con el feto», apuntó.

Entre las dificultades para aplicar esta tecnología al cuidado de bebés prematuros se encuentra el riesgo de infección y la definición de la combinación adecuada de nutrientes. Otro obstáculo podría ser la percepción, ya que los padres tendrán que dar su consentimiento.

Colin Duncan, catedrático de medicina y ciencia reproductiva en la Universidad de Edimburgo, declaró a la BBC: «Este estudio supone un paso adelante importantísimo. Aún quedan escollos inmensos para perfeccionar la técnica, para que los resultados sean buenos de forma sistemática y, al final, para comparar los resultados con las actuales técnicas de cuidados neonatales intensivos».

«Ello requerirá una gran labor adicional de investigación y desarrollo en fase preclínica; por el momento este tratamiento no podrá usarse en entornos clínicos».

Fuente: Basado en noticias aparecidas en medios

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  • Reino Unido
Número de registro: 128129 / Última actualización el: 2017-05-04
Categoría: Tendencias científicas
Proveedor: ec
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