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Trasplante de órganos sin rechazos

Un trasplante de órgano es capaz de salvar una vida. No obstante, este es un proceso que no termina en la operación, pues el receptor ha de seguir una medicación para siempre.

El proyecto financiado con fondos europeos ONE STUDY («A unified approach to evaluating cellular im...
Trasplante de órganos sin rechazos
Un trasplante de órgano es capaz de salvar una vida. No obstante, este es un proceso que no termina en la operación, pues el receptor ha de seguir una medicación para siempre.

El proyecto financiado con fondos europeos ONE STUDY («A unified approach to evaluating cellular immunotherapy in solid organ transplantation») trata de poner fin a esta medicación continua mediante terapia celular, es decir, la que emplea células para evitar que el organismo del receptor ataque el órgano trasplantado.

Desde que se logró el primer trasplante de riñón en 1954, este procedimiento ha salvado de la muerte a muchas personas y mejorado su calidad de vida. La ciencia permitió percatarse muy pronto de que este tipo de operaciones implica mucho más que la sustitución de un órgano dañado por otro sano debido a que el sistema inmunitario del receptor ataca al órgano trasplantado al considerarlo un invasor externo. Los glóbulos blancos acaban por destruir el órgano, proceso denominado de rechazo.

El primer trasplante de riñón funcionó debido a que el órgano donado procedía del gemelo monocigótico del paciente. Sin duda se trató de todo un hito médico, pero no se pudo considerar una solución adecuada debido a que no todo el mundo tiene un gemelo con órganos de sobra.

El siguiente hito se produjo en la década de los años sesenta, cuando unos médicos se percataron de que podían evitar el rechazo deprimiendo el sistema inmunitario del paciente. Hoy en día se utiliza la misma técnica y, a pesar de no ser perfecta, sin duda logra salvar numerosas vidas. Los fármacos inmunodepresores reducen la resistencia del paciente a infecciones, se han relacionado con casos de cáncer y poseen varios otros efectos secundarios negativos. Los pacientes además tienen ante sí una vida medicada, lo cual supone, además de un inconveniente, un desembolso económico considerable.

El equipo de ONE STUDY se ha decidido por la terapia celular para dar con una solución. Sus investigadores trabajan en el desarrollo de una serie de células (células reguladoras hematopoyéticas) que podrían ser capaces de regular el sistema inmunitario. El paso siguiente consistirá en ensayar las células en pacientes.

Estas pruebas se efectuarán en Ratisbona y Berlín (Alemania), Nantes (Francia), Milán (Italia) y Londres y Oxford (Reino Unido). El análisis de los datos se realizará en una única ubicación para reducir al mínimo la variabilidad de los ensayos. Los resultados se utilizarán para realizar una comparación directa de la viabilidad, la seguridad, el coste y el efecto potencial de cada tipo de célula.

El proyecto, que pretende transformar investigación básica sobre terapia celular en una aplicación clínica y ampliar así el conocimiento que se posee sobre cómo funcionan distintas células reguladoras del sistema inmunitario, allanará el camino a otras investigaciones científicas, como también cabe esperar de las nuevas tecnologías desarrolladas por sus artífices para la clasificación y el seguimiento de células, necesarias en el campo de la terapia celular.

Se espera que los resultados del proyecto generen productos para este campo que permitan ejecutar nuevos ensayos clínicos y den lugar a opciones aprovechables comercialmente que reduzcan la necesidad de emplear fármacos inmunodepresores en los receptores de órganos.

Este proyecto recibió de la UE una financiación de 10,8 millones de euros y concluirá en octubre de 2015.

Fuente: ONE STUDY

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