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FP7

PANCARESURFUP — Resultado resumido

Project ID: 257505
Financiado con arreglo a: FP7-HEALTH
País: Suecia
Dominio: Salud

Directrices para el seguimiento de niños que han superado un cáncer

En los países desarrollados, una de cada mil personas de la población general ha sufrido un cáncer en edad infantil. De cara a prestar una atención sanitaria óptima, es fundamental conocer las consecuencias del tratamiento oncológico en las etapas posteriores de la vida.
Directrices para el seguimiento de niños que han superado un cáncer
Con el paso de los años, las sucesivas mejoras en el tratamiento de los distintos tipos de cáncer infantil han propiciado un incremento notable del número de supervivientes. Por desgracia, con el tiempo, casi el 75 % de ellos puede sufrir complicaciones derivadas del tratamiento recibido, como segundos tumores, disfunciones cardiacas y trastornos metabólicos y endocrinos. Estas complicaciones plantean el riesgo de provocar diversos problemas y discapacidades de índole crónica y pueden incluso acortar la vida de quienes han sobrevivido a un cáncer en edad infantil.

Con el fin de reducir las consecuencias de estos efectos en diferido de la terapia oncológica y mejorar la calidad de vida de los afectados, se necesita una atención y un seguimiento a largo plazo que hagan posible intervenciones oportunas. A su vez, para ello es necesario reconocer y gestionar adecuadamente las complicaciones y hacer un uso eficaz de los servicios sanitarios, conforme a unas directrices específicas.

Para atender esta necesidad, el proyecto financiado con fondos europeos PANCARESURFUP (PCSF) (PanCare childhood and adolescent cancer survivor care and follow-up studies) propuso integrar la investigación y los servicios sanitarios a escala europea realizando estudios de seguimiento. El proyecto surgió de la red PanCare y sirvió para reunir a numerosos especialistas en medicina clínica y epidemiología de Europa. Sus principales cometidos eran estudiar efectos concretos, en etapas posteriores, del tratamiento oncológico administrado a los niños y elaborar directrices sobre la gestión de estos y otros riesgos.

La toxicidad del tratamiento oncológico a edades posteriores

El consorcio conformó una cohorte paneuropea de supervivientes de cáncer infantil e investigó la incidencia de problemas cardiacos, segundos tumores primarios y mortalidad tardía. «En este estudio paneuropeo se reunió a pacientes incluidos en grandes registros de ámbito nacional, regional y hospitalario, erigiéndose así en el mayor estudio del mundo en su categoría sobre el cáncer infantil —manifestó el coordinador del proyecto, el Dr. Hjorth—. La cohorte constaba de 115 000 pacientes de cáncer infantil, de los que 84 000 eran supervivientes a cinco años».

Los científicos tuvieron en cuenta el efecto de dosis bajas de radioterapia y quimioterapia sobre el riesgo de desarrollar segundos tumores (en casi 70 000 supervivientes a cinco años) y problemas cardiacos (en más de 37 000 supervivientes a cinco años). «Nos propusimos calcular la cantidad de radiación recibida por las distintas partes del cuerpo durante la radioterapia administrada contra el cáncer infantil», añadió.

En este contexto, los investigadores del consorcio relacionaron el pronóstico clínico a largo plazo con la dosis de radiación recibida por las distintas partes del cuerpo empleando un software especializado de dosimetría que analizó la relación entre dosis y respuestas. De este modo, fue posible calcular con mayor exactitud los riesgos derivados de terapias muy específicas en relación con efectos diferidos potencialmente mortales.

Por mortalidad tardía se entiende la muerte una vez transcurridos más de cinco años desde el diagnóstico. El equipo de PCSF investigó y validó las causas de muerte en el mayor grupo que se haya reunido de supervivientes a cinco años (> 75 000) y el estudio sigue su curso.

Directrices clínicas

El consorcio recopiló información sobre las prácticas de seguimiento existentes y evaluó las similitudes y diferencias entre estas entre distintos países. Así, elaboraron directrices coherentes destinadas a abaratar los costes sanitarios y optimizar el seguimiento posterior de los pacientes. También se definieron prácticas sanitarias de transición que están llamadas a garantizar que se preste a los supervivientes unos cuidados adecuados a su edad.

En cuanto a aquellos niños que habían recibido radiaciones ionizantes en el tórax, los socios de PCSF participaron en la redacción de directrices para el seguimiento del cáncer de pecho, las cuales destacaban el mayor riesgo de cáncer de pecho asociado a esos pacientes. En concreto, una directriz indica la necesidad de iniciar la vigilancia a los veinticinco años de edad o bien ocho años después de la radiación. De manera similar, los científicos determinaron el riesgo de desarrollar segundos sarcomas en tejidos óseos y blandos así como segundos carcinomas en el tubo digestivo y el sistema genitourinario como consecuencia del tratamiento oncológico.

También se realizó una labor de proporcionar información y medios tanto a supervivientes como a profesionales de la salud. En conclusión, según el Dr. Hjorth: «Habiendo ampliado el conjunto de conocimientos sobre los efectos diferidos del tratamiento oncológico, hemos proporcionado información de referencia para las terapias oncológicas del futuro y contribuido a lograr que los supervivientes de cáncer infantil disfruten de la mejor vida posible».

Palabras clave

Directrices de seguimiento, cáncer infantil, PANCARESURFUP, problemas cardíacos, radioterapia, quimioterapia
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