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Diplomatic Face-Work - between confidential negotiations and public display

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Transparencia vs. confidencialidad: el desafío político influido por las redes sociales

Los responsables políticos se deben al público que los eligió y, al mismo tiempo, gestionan entre ellos las delicadas negociaciones a puerta cerrada. El proyecto DIPLOFACE tiene por objeto investigar cómo estos dos aspectos de la vida política se han visto afectados por las redes sociales.

Sociedad

Cuando en la primera década del siglo XXI aparecieron Facebook y Twitter, pocos responsables políticos podían haber previsto en aquel momento la gran influencia que estas redes tendrían en su trabajo en el futuro. En 2020, las redes sociales se han convertido en el principal canal usado por los responsables de las tomas de decisiones para mantenerse en contacto con sus bases y los medios de comunicación, una tendencia que se ha visto aún más reforzada por la crisis de la COVID-19. Tal vez resulta incluso más sorprendente que se haya convertido en una herramienta política que desafía las antiguas costumbres diplomáticas. El proyecto DIPLOFACE, financiado por el Consejo Europeo de Investigación (CEI), se centró en esta revolución de las prácticas diplomáticas. ¿Cómo afectan las redes sociales a la política tradicional? ¿Interfieren los esfuerzos de los responsables políticos por presentarse a sí mismos de forma proactiva en tuits con las negociaciones a puerta cerrada y su cultura de moderación y secretismo? Sería tentador responder afirmativamente a la primera pregunta. En los Estados Unidos, por ejemplo, el presidente Donald Trump es tristemente famoso por sus tuits, que a menudo toman por sorpresa a sus socios internacionales. Sin embargo, Rebecca Adler-Nissen, investigadora principal de DIPLOFACE, plasma una realidad mucho más sutil. «Los tuits de Trump son un síntoma de algunos aspectos del comportamiento político en línea, pero el mundo político en línea es tan polifacético como su equivalente fuera de internet. El protocolo diplomático y el autocontrol no se sustituyen de repente por publicaciones agresivas en mayúsculas, sino que siguen desempeñando su función, también en línea», explica.

Lograr un equilibrio

Más bien, la política en redes sociales desafía el equilibrio entre una cooperación internacional eficaz y la legitimidad pública. La cobertura constante y en directo de los medios y la adopción masiva de correos electrónicos, vídeos y actualizaciones, junto con la demanda de una mayor transparencia en la política mundial, implican que los responsables políticos tienen que moverse en una línea cada vez más delgada entre ambos aspectos de la política. Sorprendentemente, aún no se comprende bien esta relación. Para colmar esta laguna, es necesario observar el proceso de negociación «en directo» en la sala de máquinas de la diplomacia y, al mismo tiempo, incluir a todos los agentes externos. «En nuestra investigación se estudia por primera vez la forma en que líderes y diplomáticos gestionan el entrelazamiento repentino e imprevisto entre las negociaciones diplomáticas privadas y el público. Esto se consigue combinando varios métodos y recopilando diferentes clases de datos empíricos: trabajo sobre el terreno, observaciones directas, entrevistas y análisis de millones de actualizaciones en redes sociales», comenta Adler-Nissen. Aunque todavía falta mucho para terminar la investigación, los resultados iniciales de DIPLOFACE ya ponen en duda cuestiones que suelen darse por hecho. La primera es el hecho de que la adopción de tecnologías digitales erosiona las distinciones entre privado y público, formal e informal, e internacional y nacional. «En la práctica, a medida que aparecen las prácticas digitales, se convierten en parte integral de la vida diplomática cotidiana», señala Adler-Nissen. La segunda observación es que las redes sociales y las videoconferencias se enfrentan a grandes dificultades para cumplir con las promesas de ofrecer más accesibilidad y transparencia. Tal como ha evidenciado la COVID-19, el hecho de que la política se desarrolle en línea no implica que sea más fácil controlar o establecer la supervisión democrática. Por último, el equipo observó que las interpretaciones y los patrones de uso locales de las plataformas de redes sociales difieren bastante. Mientras que algunos usuarios adoptan las nuevas herramientas de comunicación para construirse unos buenos perfiles como negociadores competentes, otros se cansan de la comunicación constante, el exceso de información y de las violaciones de la confidencialidad. «Más importante es que la revolución digital cuestiona las normas y los estándares de la profesión diplomática. Así, el uso de las redes sociales no solo supone un esfuerzo para mostrar identidades nacionales, sino también para definir los ideales de la profesión diplomática», añade Adler-Nissen.

Comprender la diplomacia en la era digital

El equipo del proyecto ha recogido y analizado una cantidad considerable de datos y pronto publicará varios artículos. Queda claro qué ambiciona Adler-Nissen para el futuro: espera contribuir a una nueva comprensión de la diplomacia en la era digital, no como una institución o profesión, sino como un proceso social. «Creo que nunca voy a abandonar este proyecto, ni siquiera cuando termine de forma oficial. Desde un punto de vista intelectual, DIPLOFACE es la experiencia académica más estimulante y desafiante que he tenido hasta ahora y aún faltan muchos aspectos de la diplomacia por explorar y explicar», concluye.

Palabras clave

DIPLOFACE, diplomacia, redes sociales, Twitter, negociaciones, responsables políticos, política, COVID-19

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