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Un estudio de la UE revela por qué los bebés alimentados con fórmulas adaptadas crecen más deprisa

Un estudio reciente financiado por la Unión Europea sugiere que la menor cantidad de proteínas contenidas en la leche materna frente a las fórmulas adaptadas podría explicar por qué los bebés que se alimentan de leche materna crecen más despacio que los que se alimentan con fó...

Un estudio reciente financiado por la Unión Europea sugiere que la menor cantidad de proteínas contenidas en la leche materna frente a las fórmulas adaptadas podría explicar por qué los bebés que se alimentan de leche materna crecen más despacio que los que se alimentan con fórmulas adaptadas. Según los investigadores, estos hallazgos ponen de manifiesto tanto la importancia de promover la lactancia materna como la necesidad de seguir mejorando la composición de las fórmulas adaptadas. El apoyo de la Unión Europea procede del proyecto EARNEST («Programación de la nutrición temprana: ensayos de eficacia y seguridad a largo plazo e investigación integrada epidemiológica, genética, animal, sobre el consumidor y económica»), financiado por el área temática «Calidad y seguridad alimentaria» del 6° Programa Marco (6PM), además de dos proyectos anteriores financiados a través del 5° Programa Marco (5PM). Diversos estudios han mostrado una relación entre un aumento rápido de peso en la infancia y la tendencia a la obesidad en etapas posteriores de la vida. Además, se sabe que los niños alimentados con fórmulas adaptadas crecen más deprisa durante el primer año de vida que los bebés alimentados mediante lactancia materna. En este estudio, los investigadores analizaron la posibilidad de que la mayor cantidad de proteínas que caracteriza a las fórmulas adaptadas sea responsable de este fenómeno. Los investigadores reclutaron a padres que ya hubiesen optado por la alimentación con biberón. A continuación, clasificaron a más de mil bebés alimentados con fórmulas adaptadas, procedentes de cinco países distintos, en dos grupos. Uno de ellos recibió una fórmula adaptada con un alto contenido de proteínas y el otro una fórmula adaptada con un contenido menor. Los bebés se pesaron y midieron a los 3, 6, 12 y 24 meses de edad. Su desarrollo se comparó con un tercer grupo de referencia, formado por bebés que sólo recibían lactancia materna. Los resultados se han publicado en la revista American Journal of Clinical Nutrition. Transcurridos dos años, los niños alimentados con la fórmula que tenía un alto contenido en proteínas pesaban más que los alimentados con la fórmula que contenía menos proteínas. Puesto que no había diferencias en la altura, que está asociada a la masa corporal magra, los investigadores llegaron a la conclusión de que las diferencias de peso y de índice de masa corporal probablemente se debían a diferencias en la cantidad de grasa corporal. Curiosamente, los niños alimentados con la fórmula baja en proteínas se encontraban en el mismo intervalo de peso que el grupo que había recibido lactancia materna. «Estos resultados del Programa sobre la Obesidad en la Infancia de la Unión Europea subrayan la importancia de promover y apoyar la lactancia materna, por los beneficios que aporta a largo plazo. También destaca la importancia de seguir perfeccionando la composición de las fórmulas adaptadas para bebés», dijo el autor principal del artículo, el profesor Berthold Koletzko de la Universidad de Múnich (Alemania). «Limitar el contenido proteínico de las fórmulas adaptadas para bebés y las fórmulas de continuación puede normalizar el crecimiento temprano y podría contribuir en gran medida a reducir el riesgo a largo plazo de sobrepeso y obesidad infantiles», añadió. El contenido proteínico de las fórmulas utilizadas en el estudio se encontraba dentro de los límites permitidos por la Directiva de la Unión Europea sobre Fórmulas Adaptadas para Bebés y Fórmulas de Continuación y reflejaba lo que se encontraba disponible comercialmente en Europa en el momento del estudio. El contenido en proteínas de las fórmulas adaptadas fue máximo (4 gramos por 100 kilocalorías) durante los años setenta, cuando quienes diseñaban las fórmulas adaptadas estaban motivados por el deseo de asegurarse de que los bebés alimentados con fórmulas adaptadas no sufriesen una carencia de proteínas. Por contra, apenas se daba importancia a los posibles efectos de administrar demasiadas proteínas a los niños. Desde los años setenta, la cantidad de proteínas se ha reducido (las fórmulas de alto y bajo contenido proteínico utilizadas en este estudio contenían 1,77 g/100 kcal y 2,9 g/100 kcal de proteínas respectivamente), pero los estudios muestran que los niños alimentados con fórmulas adaptadas siguen ingiriendo más proteínas que los que reciben lactancia materna. Los investigadores planean ahora continuar observando a los niños para averiguar si los alimentados con la fórmula con menor contenido en proteínas finalmente tienen un menor riesgo de obesidad a lo largo de su vida.