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Los bilingües recurren a su lengua materna al leer en su segundo idioma

Las personas bilingües no dejan de extraer sonidos de su lengua materna al usar otra, aunque crean que en todo momento piensan en un solo idioma, según investigadores de la Universidad de Bangor (Reino Unido). Según estos científicos, los adultos que se expresan con fluidez en...

Las personas bilingües no dejan de extraer sonidos de su lengua materna al usar otra, aunque crean que en todo momento piensan en un solo idioma, según investigadores de la Universidad de Bangor (Reino Unido). Según estos científicos, los adultos que se expresan con fluidez en inglés pero cuyo primer idioma es el chino se basan en éste al leer textos en inglés. La financiación de este trabajo, cuyo presupuesto ascendió a algo menos de 1 millón de euros, provino del Consejo Europeo de Investigación (CEI) y el «Consejo de Investigación Económica y Social» (ESRC) del Reino Unido. Los investigadores concluyen que su estudio, sobre el que se ha publicado un artículo en el número de junio de Journal of Neuroscience, indican que las personas que aprenden una segunda lengua en la adolescencia o más tarde siguen extrayendo los sonidos de las palabras de su lengua materna, aunque tengan fluidez en el segundo idioma. Guillaume Thierry, profesor de neurociencia cognitiva en la Universidad de Bangor, indicó que, aunque la mayoría de personas bilingües creen que utilizan cada uno de sus idiomas por separado, los resultados del estudio sugieren lo contrario. «Los bilingües extraen información de su lengua materna hasta cuando no es necesario, y, lo que es más sorprendente, incluso cuando resulta contraproducente, dado que esa información no facilita la lectura ni la comprensión de las palabras del segundo idioma», explicó el profesor Thierry. Éste añadió que, aunque ya se había demostrado que los bilingües recurren a su lengua materna al leer o escuchar el segundo idioma, él y su colega Yan Jing Wu, asistente en proyectos de investigación de la Facultad de Psicología de la Universidad de Bangor, se propusieron investigar el tipo de representación mental (es decir, sonidos o grafía) que extraen. Para averiguar de qué modo interactúan dos idiomas en la mente de un bilingüe, el profesor Thierry y el Dr. Wu pidieron a 90 voluntarios (30 nativos de chino, 30 nativos de inglés y 30 adultos bilingües en chino e inglés que habían aprendido éste después de la edad de 12 años) que se sometieran a una prueba de lectura y comprensión auditiva. Los voluntarios anglohablantes debían indicar si una serie de parejas de vocablos ingleses tenían significados similares mientras los científicos registraban su actividad cerebral. Los voluntarios no estaban al tanto de que algunas de las parejas de palabras que no guardan relación entre sí presentaban aliteraciones o grafías similares en sus traducciones al chino. Por ejemplo, los significados de los vocablos ingleses «experience» (experiencia) y «surprise» (sorpresa) se traducen como «jing yan» y «jing ya» respectivamente. Se observó que los adultos bilingües respondían a los vocablos con significados similares tan rápido como los nativos de inglés. Tampoco hubo diferencias en los vocablos cuyas traducciones chinas presentaban grafías similares. En cambio, cuando las traducciones chinas de los vocablos ingleses contenían sonidos similares, en los voluntarios bilingües se observó una alteración en una onda de la actividad cerebral llamada N400. Según los autores, esto significa que en esos instantes sus cerebros estaban accediendo a los vocablos chinos y que al procesar un segundo idioma se consulta el sonido, pero no la grafía, de los vocablos equivalentes en la lengua materna. En opinión del Dr. Wu y del profesor Thierry, este trabajo puede facilitar la comprensión de cómo el cerebro administra los símbolos y sonidos de idiomas distintos. Michael Chee, neurocientífico de la Escuela Universitaria de Medicina de Duke-NUS (Universidad Nacional de Singapur), que no participó en el estudio, apuntó que, si bien se suele recomendar a quienes aprenden un segundo idioma en la adolescencia o más tarde que eviten traducir las palabras de su lengua materna directamente, quizás sea un paso imposible de evitar. «El estudio presenta una limitación, y es que muchos chinos de generaciones anteriores aprendieron inglés a base de memorizar listas de palabras, un método de aprendizaje que puede parecer poco sofisticado», indicó el profesor Chee. «Sería interesante comprobar si se obtienen los mismos resultados estudiando a personas que hayan aprendiendo inglés a edades más tempranas.»

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