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Optimización del diagnóstico y tratamiento tempranos de la orbitopatía de Graves

La enfermedad de Graves y la orbitopatía de Graves afectan a unos 3 millones de ciudadanos europeos y acarrean unos gastos sanitarios de miles de millones de euros. Sin embargo, los tratamientos disponibles para estas afecciones solo pueden controlar sus síntomas. El proyecto INDIGO identificó factores de riesgo, estudió la composición de la microbiota intestinal y evaluó probióticos en aras de mejorar los resultados de salud.
Optimización del diagnóstico y tratamiento tempranos de la orbitopatía de Graves
La enfermedad de Graves (EG), la causa más común de hiperactividad de la glándula tiroidea, es una enfermedad autoinmunitaria crónica, un grupo de afecciones en las que el mecanismo de defensa del cuerpo ataca a sus propios órganos y tejidos como si se tratara de una infección. La orbitopatía de Graves (OG) es una patología que se manifiesta con mayor frecuencia en personas con EG y que produce inflamación de los tejidos orbitarios y ojos saltones (exoftalmos), lo que motiva la aparición de visión doble e incluso al desarrollo de ceguera. A pesar de que esta enfermedad conlleva un deterioro reconocido de la calidad de vida, su tratamiento actual no es eficaz.

Para mejorar los resultados de salud de las personas con OG, el proyecto financiado con fondos europeos INDIGO empleó ensayos con animales y seres humanos a fin de comprender mejor el desarrollo de esta enfermedad. El equipo logró identificar los factores de riesgo, diseñar enfoques para el diagnóstico precoz y proporcionar intervenciones novedosas y seguras.

Lo bueno, lo malo y lo feo de la microbiota intestinal

De entre los hospitales participantes, INDIGO seleccionó sesenta y cinco pacientes con EG, cincuenta y seis pacientes con OG y un grupo de control constituido por cuarenta y dos pacientes. A todos los pacientes se les tomaron muestras de sangre, hisopos nasales, lágrimas y muestras de heces, que se utilizaron para llevar a cabo la extracción de ADN. Las muestras se recogieron en diferentes intervalos temporales, a saber: en el momento del diagnóstico, tras varios meses de tratamiento una vez que los niveles de hormona tiroidea se habían estabilizado y, finalmente, cuando algunos pacientes podrían haber exhibido indicios de recidiva. Los participantes también completaron un cuestionario sobre su dieta.

El primer objetivo de este estudio era examinar el vínculo entre la microbiota intestinal y la EG y la OG. Tal y como explica la profesora Marian Ludgate, coordinadora del proyecto: «Para identificar diferentes tipos de bacterias presentes en el ADN de las heces, secuenciamos el gen ARNr 16S a fin de obtener un biomarcador único para cada uno de los miembros de la microbiota intestinal. Seguidamente, identificamos aquellos microorganismos presentes en personas con EG y OG en comparación con los controles sanos, lo que permitió reconocer la microbiota específica asociada con los autoanticuerpos, los niveles de hormona tiroidea y la gravedad de la enfermedad ocular».

El estudio reveló un aumento de la cantidad de las bacterias bacteroidetes en el grupo de control (38,5 %) en comparación con los grupos EG (24,2 %) y OG (27,3 %). Por el contrario, las bacterias firmicutes eran más abundantes en los pacientes con EG y OG. Además se descubrió que la abundancia de un patobionte, un organismo patógeno denominado «Enterococcus gallinarum» relacionado con el desencadenamiento de la respuesta autoinmunitaria, era significativamente mayor en los grupos con EG y OG que en el grupo de control.

INDIGO también llevó a cabo un estudio piloto sobre los potenciales efectos beneficiosos que podría tener un probiótico (es decir, microorganismos vivos) a través de la modificación de la microbiota hospedadora en pacientes con EG y OG. En este estudio, a los pacientes participantes se les asignó al azar tratamientos con el probiótico o con un placebo, con el mismo procedimiento de recogida de muestras.

Los resultados revelaron indicios de que la composición de la microbiota se estabilizaba en los pacientes tratados con el probiótico, que también mostraron una reducción significativa en los recuentos de firmicutes en comparación con el grupo tratado con el placebo.

Estos hallazgos fueron corroborados explícitamente por los experimentos del equipo con ratones hembra (ya que la EG y la OG son más prevalentes en el sexo femenino) inoculados con el autoantígeno de interés para la identidad del receptor que actúa como el interruptor de activación/inhibición de la glándula tiroidea.

Pasar del tratamiento a la cura

En la EG, la medicación inhibe la producción de hormona tiroidea y es eficaz en la mitad de los pacientes, y los que sufren recidiva pueden someterse a un proceso de extirpación de la glándula tiroidea empleando yodo radioactivo o cirugía, si bien se ven obligados a tomar medicamentos de reemplazo de la tiroxina de por vida.

En el caso de la OG, los afectados pueden tomar esteroides para reducir la inflamación y, aunque es posible reducir la progresión de la OG en más de un 80 % de los pacientes, la remisión completa es rara, por lo que a menudo es necesaria la cirugía y una rehabilitación posterior que dura varios meses.

Para que el trabajo de INDIGO contribuya a mejorar la calidad de vida de las personas con EG y OG, es necesario un grupo de control adicional para ayudar a distinguir los efectos del hipertiroidismo y la autoinmunidad de los cambios observados en la composición de la microbiota intestinal. La profesora Ludgate añade: «También tenemos que ir más allá de la mera asociación y comenzar a estudiar el ARN de las células inmunitarias del intestino relacionadas con la activación o remisión de la EG y el modo en el que estas interactúan con la composición de la microbiota intestinal». Además, el ensayo con el probiótico debe realizarse a una escala mayor a fin de esclarecer los resultados de salud.

Para continuar en el camino de mejora del diagnóstico, la profesora Ludgate predice: «Los biomarcadores identificados por INDIGO tienen que ser validados con estudios adicionales, entonces podremos pasar de realizar perfiles proteicos y genómicos a diseñar pruebas sencillas de pronóstico de la enfermedad».

Palabras clave

INDIGO, enfermedad de Grave, orbitopatía de Grave, microbiota, probióticos, glándula tiroidea, autoinmunitario, biomarcador, hormonas, bacterias, inflamación
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