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Mejores estrategias contra las bioincrustaciones en la acuicultura

Los mariscos y algas que crecen en las estructuras marinas constituyen un fenómeno denominado bioincrustación (biofouling), que puede causar estragos en la acuicultura. Con el fin de eliminar estos seres ajenos se ha propuesto un sistema más sostenible y ecológico.
Mejores estrategias contra las bioincrustaciones en la acuicultura
Las defensas contra las bioincrustaciones (antifouling) sirven para prevenir o eliminar la acumulación de microorganismos, vegetales y animales como mariscos, algas y plantas que se depositan en los cascos de los barcos o en las instalaciones pesqueras. El proyecto financiado con fondos comunitarios CRAB («Investigación colectiva sobre las bioincrustaciones en la acuicultura») se orientó a reducir los efectos tóxicos de las estrategias contra estas incrustaciones mediante sistemas sostenibles y viables.

El proyecto determinó los retos científicos y económicos de las defensas antifouling relacionados con la acuicultura (en, por ejemplo, piscifactorías y viveros de organismos marinos) y propuso técnicas más prometedoras para superarlos. Para determinar los efectos de las bioincrustaciones sobre las infraestructuras y especies de piscifactoría se evaluaron los requisitos y se encuestó a usuarios finales.

El equipo del proyecto CRAB centró su trabajo en el desarrollo de la tecnología existente e investigó, entre otros aspectos, el control biológico de especies críticas, los tratamientos basados en enzimas, los materiales de protección, los recubrimientos, la cría de animales, las prácticas de limpieza, el tratamiento de color y el antifouling electroquímico. Evaluó los materiales aplicados en superficies de acuicultura críticas, realizó ensayos en piscifactorías para evaluar los perjuicios causados por las bioincrustaciones y probó las soluciones propuestas. El equipo del proyecto llevó a cabo además una evaluación del riesgo económico y medioambiental de las tecnologías vigentes y alternativas, teniendo en cuenta la seguridad, los efectos para la salud, las poblaciones de peces y los impactos económicos globales.

El equipo de CRAB definió las mejores prácticas del sector y publicó en su página web los resultados en forma de un manual sobre bioincrustaciones. Las directrices versaron sobre las condiciones de funcionamiento y la reducción de costes. También contemplaron criterios como la integridad de los recubrimientos y la eficiencia y sostenibilidad del antifouling con el fin de valorar las diferentes soluciones.

Aparte de divulgar los resultados del proyecto en Internet, estos se publicaron a través de artículos, conferencias y otros eventos. Por último, la divulgación se complementó con actividades formativas para garantizar el máximo beneficio para la industria y promover un sector de acuicultura bastante más saludable.

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