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Seguridad alimentaria con beneficios económicos a nivel local

Se han elaborado cuatro visiones de futuro sobre la oferta y la demanda de alimentos en Europa central que pueden ayudar a esta región a anticiparse a sus necesidades futuras y a erigirse en un motor de crecimiento agroindustrial.
Seguridad alimentaria con beneficios económicos a nivel local
Europa central cuenta con una importante industria agroalimentaria, pero su potencial aún no se ha aprovechado plenamente. Por ello sigue siendo incierto el impacto de esta región en la futura oferta y la demanda. El proyecto financiado con fondos europeos Futurefood6 («Alimentación sana y segura para el futuro: un proyecto de prospección tecnológica en Bulgaria, Croacia, República Checa, Hungría, Rumanía y Eslovaquia») tenía el objetivo de dilucidar esta cuestión. Constituyó un ejercicio de prospección para poder estimar la oferta y la demanda de alimentos en el horizonte del año 2020.

El equipo del proyecto encuestó a expertos, autoridades y otros interesados de los países implicados aplicando un nuevo enfoque científico con el que identificar novedades en el plano tecnológico, económico y social que condicionasen la oferta y la demanda. Futurefood6 se dedicó a la seguridad y la protección alimentaria a largo plazo y analizó tecnologías fundamentales que repercutieran en la salud, el crecimiento económico, el empleo y la calidad de los alimentos. Concluyó que la industria alimentaria de la región se encontraba rezagada desde el punto de vista tecnológico y definió cuatro objetivos a largo plazo o «visiones de futuro».

La primera de esas cuatro visiones consiste en que los consumidores primen los productos regionales y los productos locales exclusivos, lo cual reduciría el transporte de alimentos, favorecería la diversidad cultural y respaldaría las economías locales. Para que esta visión de futuro se convierta en una realidad es necesario atender los altos costes de la producción, los retos relacionados con la distribución y el desarrollo de imágenes de marca, y también se debe potenciar la exportación.

La segunda visión de futuro consiste en reforzar la rastreabilidad desde la granja hasta la mesa del consumidor y en el desarrollo tecnológico de la industria alimentaria. Se sustenta también en la actuación del consumidor y en la competencia con el fin de obtener alimentos sanos, seguros y de gran calidad. Este modelo debe asegurar que las PYME productoras dominen los mercados de alimentación y puedan hacer frente al elevado coste de los requisitos de certificación.

La tercera visión de futuro engloba estrategias nacionales de investigación y desarrollo en el sector de la alimentación, haciendo hincapié en los alimentos funcionales y en los aspectos socioeconómicos. Por último, la cuarta visión de futuro aboga por una fuerza laboral cualificada que se haga cargo de nuevos sistemas agropecuarios basados en el conocimiento que tengan en cuenta el cambio climático y primen la eficiencia energética. Esta visión exige superar obstáculos como el infradesarrollo de las zonas rurales y las deficiencias del sistema educativo.

Si se aplican estas propuestas y se materializan las visiones de futuro referidas, la zona oriental y central de Europa puede erigirse en una región con un sector alimentario verdaderamente sostenible. Ello también potenciará las exportaciones y elevará el nivel de vida hasta equipararse con el de las naciones del oeste de Europa, además de homogeneizar los estándares alimentarios en todo el continente y dar un impulso a la industria agroalimentaria.

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