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Por un aprovechamiento del calor residual industrial

La Unión Europea se ha propuesto reducir su dependencia de los combustibles fósiles para así amortiguar las consecuencias sobre el medio ambiente y mejorar la seguridad energética. Una tecnología innovadora capaz de reciclar calor podría aportar una solución importante al respecto.
Por un aprovechamiento del calor residual industrial
Cerca del 50 % de la demanda energética de Europa se origina en los sistemas de calefacción. El proyecto financiado con fondos europeos HEAT SAVER creó un sistema de almacenamiento de calor termoquímico que abastecerá al mercado al almacenar y emitir calor residual por generación termoeléctrica, calefacciones solares y otras fuentes industriales.

La tecnología se basa en un par de reacción compuesto por agua y ceolitas. A la hora de almacenar energía se emplea el calor para disociar la ceolita unida al agua. Su recuperación implica una reacción entre ambos componentes a una temperatura determinada para que se libere el calor almacenado por medios químicos.

El equipo científico al cargo diseñó todos los subsistemas necesarios como los intercambiadores de calor externos, los sensores y el sistema de control. El intercambiador de calor se optimizó para transferir calor con eficacia gracias a un planteamiento innovador que mejora el flujo de vapor de agua a través del material de almacenamiento (las ceolitas u otros materiales semejantes). Además, emplea menos materiales y menos volumen de almacenamiento en comparación con otros intercambiadores de calor ya comercializados y resulta rentable y sencillo de fabricar. El sistema a escala industrial es portátil, cuenta con un volumen de almacenamiento de agua de mil litros y podría alcanzar densidades específicas de almacenamiento entre tres y diez veces superiores a las del agua por sí sola.

La tecnología de HEAT SAVER reutiliza el calor residual para equilibrar las fluctuaciones en la demanda energética y aumentar la eficacia de los procesos industriales. Al ser un recurso energético alternativo y sostenible, reduce el impacto medioambiental de las instalaciones en las que se utiliza y, al mismo tiempo, aumenta la independencia de los combustibles fósiles, tal y como aspira a lograr la Unión Europea.

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