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El vínculo entre las alteraciones en los hemisferios cerebrales, el comportamiento y la cognición

El cerebro no es solo un órgano esencial para la vida sino también para la cognición, el lenguaje, el aprendizaje o las emociones entre otras funciones. Está dividido en dos hemisferios conectados por el cuerpo calloso y que aparentemente son idénticos en cuanto a su estructura y función.
El vínculo entre las alteraciones en los hemisferios cerebrales, el comportamiento y la cognición
El proyecto 'A cognitive neuroscientific model of impulsivity and anxiety' (CNMIA) recibió financiación comunitaria para realizar una investigación pionera sobre la relación entre los hemisferios y la intervención de cada uno de ellos en los procesos asociados con el lenguaje y el comportamiento. Más en concreto, se estudió el efecto de la impulsividad y la ansiedad en la percepción lingüística y el control de la atención en pacientes clínicos y voluntarios sanos.

Los artífices del proyecto utilizaron una prueba basada en la escucha dicótica de palabras y expresiones emotivas (DLWA) para evaluar la función de cada hemisferio en lo que respecta al control de la atención y la cognición lingüística. En el estudio participaron personas con y sin un alto grado de impulsividad o ansiedad. Los resultados revelaron que los estados de ansiedad e impulsividad intensa reducían la precisión y favorecían la distracción ante interferencias. El hemisferio izquierdo (HI) presentaba déficits de percepción, mientras que el menor control de la cognición en dichos estados emocionales parecía guardar relación con el hemisferio derecho (HD). Según los estudios de control de la atención, el HI es más susceptible a las fluctuaciones de la atención e interviene más en el procesamiento de las palabras y el HD se encarga de procesar las emociones.

En la siguiente fase del proyecto se realizó un electroencefalograma (EEG) a una persona que se había sometido a una hemisferectomía izquierda, es decir, a una intervención consistente en desconectar o extraer el hemisferio izquierdo, mientras se pronunciaban palabras con métricas emocionales. La métrica representa el ritmo, el acento tónico y la entonación del discurso. Cabe destacar el hecho de que el HD del paciente reprodujo los patrones empleados por el HI para recuperar la capacidad de procesamiento lingüístico.

Además del EEG, el equipo utilizó la resonancia magnética funcional (RMf) y la difusión por RM para estudiar las diferencias en la reacción de cada hemisferio ante palabras con carga emocional. De estas pruebas se desprende que, sorprendentemente, el procesamiento del discurso emitido con una entonación emocional sigue patrones cerebrales distintos de los empleados con palabras pronunciadas en un tono neutro. Por otra parte, las personas con una menor impulsividad presentaban una actividad hemisférica más equilibrada que las muy impulsivas en respuesta a la métrica emocional. No obstante, ambos grupos mostraron susceptibilidad a las interferencias cuando fueron expuestos a métricas de tono triste.

La evaluación de la conducta, la emoción y la cognición entre otras reacciones podría servir como retroalimentación neurológica para caracterizar el comportamiento de las personas con déficit de atención y autocontrol. Por consiguiente, podrían desarrollarse tratamientos correctivos para las personas que padecen trastornos como la ansiedad, el déficit de atención o la hiperactividad, lo que redundaría en su calidad de vida.

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