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Tendencias científicas: Eliminar dióxido de carbono atmosférico podría tener un efecto limitado en los océanos

Un estudio dirigido por investigadores de Alemania ha descubierto que la eliminación de dióxido de carbono (CDR) no sería capaz de contrarrestar el efecto en el entorno marino de las emisiones anteriores de CO2.
Tendencias científicas: Eliminar dióxido de carbono atmosférico podría tener un efecto limitado en los océanos
La fecha límite para adoptar medidas contundentes contra un cambio climático catastrófico se acerca día a día. Muchos acuden a la ciencia, en concreto a la geoingeniería, para dar con una solución milagrosa que resuelva este problema o al menos ofrezca algo más de tiempo para reaccionar. Lamentablemente, según se indica en un estudio reciente, la eliminación de dióxido de carbono (CDR), una técnica de geoingeniería en la que se absorbe CO2 de la atmósfera, podría ofrecer pocos beneficios.

El estudio, dirigido por Sabine Mathesius del Instituto para la Investigación del Impacto Climático de Potsdam (Alemania), se dedicó a analizar el efecto a largo plazo que ejercería la eliminación de CO2 atmosférico en los océanos. Sus responsables estudiaron el pH, la temperatura y el oxígeno disuelto y descubrieron que, incluso tras varios siglos de empleo de CDR, las emisiones anteriores de CO2 seguirían «haciéndose notar considerablemente en el entorno marino».

En el estudio, publicado esta semana en Nature Climate Change, no se investigan las tecnologías empleadas sino el impacto posible de la CDR. El equipo simuló el efecto de dos intervenciones masivas de CDR con dos tasas de extracción, cinco gigatoneladas o veinticinco gigatoneladas, de dióxido de carbono atmosférico cada año en un escenario de emisiones elevadas (trayectoria de concentración representativa [RPC] 8,5). El equipo corroboró dos hipótesis. En la primera, que la CDR es capaz de recuperar las condiciones preindustriales en los océanos mediante una reducción de la concentración atmosférica de CO2 a niveles preindustriales; y en la segunda, que las tasas de emisiones de CO2 elevadas tras la CDR tienen consecuencias a largo plazo para los océanos similares a las que se describen en un escenario de bajas emisiones (RCP 2,6).

Al simular la eliminación de cinco gigatoneladas cada año se descubrió que los beneficios medioambientales eran sorprendentemente limitados. De hecho, la CDR fue apenas capaz de invertir el proceso de acidificación del océano. Según se informa en Science: «Sin la CDR el pH superficial se redujo en 0,75 unidades para 2200, mientras que con la CDR la acidificación se redujo en 0,7 unidades».

Cuando los científicos simularon qué sucedería si se eliminasen veinticinco gigatoneladas anuales de CO2 de la atmósfera a partir de 2150, descubrieron que el pH de la superficie oceánica se acabaría recuperando, pero no antes de 2300. En palabras de la autora principal, Sabine Mathesius, a Science: «Esperaba que la CDR ejerciera un efecto mayor».

En esta revista se explica que la principal razón de esta respuesta limitada reside en que la CDR elimina el CO2 de la atmósfera pero no influye en el carbono atrapado en las profundidades del océano, el cual tarda miles de años en resurgir hacia la superficie: «Las simulaciones referidas en el artículo muestran que las reducciones masivas e inmediatas de las emisiones de carbono ejercerían un impacto mayor y limitarían la acidificación a tan sólo 0,2 unidades para 2100».

Ken Caldeira, coautor del estudio y empleado generalmente en la Institución Carnegie de los Estados Unidos declaró a The Guardian: «Sorprendentemente, resulta que tras prolongar una situación como la actual hasta 2150, incluso la eliminación de tanta cantidad de CO2 de la atmósfera no depararía beneficios notables para las profundidades oceánicas. Tras haberse producido el transporte de aguas acidificadas hasta las profundidades oceánicas por la circulación a gran escala, estas se eliminan de la ecuación durante muchos años con independencia de la cantidad de CO2 que se elimine de la atmósfera».

En The Guardian también se cita a Hans Joachim Schellnhuber, coautor del estudio, el cual lanzó un aviso contundente a todos aquellos que confían en un milagro tecnológico que evite reducir inmediatamente las emisiones de CO2: «En las profundidades oceánicas, el eco químico de la contaminación por CO2 de este siglo resonará durante miles de años. Si no ponemos en marcha a tiempo medidas conducentes a la reducción de emisiones acordes con el objetivo de dos grados Celsius, no lograremos conservar la vida oceánica tal y como la conocemos».

Para más información, consulte:
http://www.nature.com/nclimate/journal/vaop/ncurrent/full/nclimate2729.html

Fuente: Basado en un estudio publicado por Nature Climate Change y en noticias publicadas en diversos medios.

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