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Los ciudadanos, protagonistas de la transición energética

El proyecto europeo AURORA ayuda a Europa a cumplir sus objetivos de reducción de emisiones al capacitar a los ciudadanos para hacer un seguimiento de su consumo energético, adoptar cambios oportunos y colaborar en la creación de comunidades energéticas.

El objetivo del Pacto Verde Europeo(se abrirá en una nueva ventana) es reducir en un 55 % las emisiones netas de gases de efecto invernadero de aquí a 2030. Para lograrlo es fundamental transformar el sector energético, ya que es responsable de más de dos tercios(se abrirá en una nueva ventana) de todas las emisiones. Para Ana Belén Cristóbal, coordinadora de AURORA(se abrirá en una nueva ventana) y gestora de proyectos en la Universidad Politécnica de Madrid(se abrirá en una nueva ventana) (UPM) (España), esto no será posible sin la participación activa de los ciudadanos. «Con demasiada frecuencia, se considera a los ciudadanos meros consumidores o destinatarios de las políticas y decisiones adoptadas por las autoridades y las empresas —comenta Cristóbal—. Sin embargo, pueden contribuir a la reducción de emisiones simplemente modificando su comportamiento».

Seguimiento del perfil personal de emisiones

El objetivo del proyecto AURORA era demostrar cómo se puede capacitar a los ciudadanos para reducir su consumo energético y contribuir a la consecución de los objetivos de reducción de emisiones. En primer lugar, varios miles de ciudadanos de Dinamarca, Portugal, Eslovenia, España y el Reino Unido colaboraron con el consorcio del proyecto para desarrollar y probar la aplicación AURORA Energy Tracker(se abrirá en una nueva ventana). La aplicación permite a los usuarios registrar y supervisar los cambios en su comportamiento energético a lo largo del tiempo, así como compartir sus progresos en redes sociales. «La aplicación ayuda a los ciudadanos a controlar su consumo individual de energía —afirma Cristóbal—. Por ejemplo, cuánta electricidad consumen sus hogares. A cambio, reciben recomendaciones automatizadas para reducir su consumo energético». Para ello, se crearon centros coordinadores en cada país, lo cual resultó relevante dado que los ciudadanos de Dinamarca o España presentan necesidades distintas en materia de clima y energía. Las soluciones pueden ir desde mejorar el aislamiento hasta medidas tan sencillas como burletes para puertas y ventanas. «Este planteamiento adapta las soluciones a los hábitos y al estilo de vida de cada persona —explica Cristóbal—. Si dependes del coche para trabajar y quizá no puedes permitirte cambiar a un coche eléctrico, existen otras formas de reducir tu consumo energético».

Poder para los ciudadanos

Otra iniciativa relevante centrada en la ciudadanía consistió en fomentar las comunidades energéticas. Al agrupar recursos, estas comunidades pueden invertir en instalaciones fotovoltaicas compartidas, ahorrando dinero y energía. Durante cuatro meses, 163 personas recaudaron 140 000 euros para establecer una comunidad energética en la UPM, que dio lugar a la instalación de paneles fotovoltaicos en el campus y contribuyó de manera local a la transición energética. También se crearon comunidades energéticas en la Universidad de Aarhus (Dinamarca) y en una comunidad rural del sur de Inglaterra. «Esto da una idea de la disposición a emprender acciones colectivas —agrega Cristóbal—. También identificamos retos a superar, como diversos obstáculos jurídicos para el establecimiento de comunidades energéticas y la reticencia institucional a invertir».

Empoderamiento ciudadano y transición energética

El proyecto creó una red nacional de embajadores(se abrirá en una nueva ventana): ciudadanos comprometidos con la promoción de medidas contra el cambio climático relacionadas con la energía. Los embajadores contribuirán a seguir difundiendo el mensaje de AURORA de empoderamiento ciudadano. «Uno de nuestros embajadores trabaja en el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, lo que nos permitió participar en un foro de esta institución —comenta Cristóbal—. Pudimos compartir nuestro planteamiento con delegaciones de casi todos los países del mundo. Así es como se está difundiendo nuestro mensaje». El mayor logro del proyecto fue situar a los ciudadanos en el centro de la transición energética, con un papel desde el que se pueden generar cambios reales sobre el terreno. «Una lección importante que aprendimos fue la de ser flexible —concluye Cristóbal—. Las personas tienen familia, trabajo y responsabilidades. Necesitamos encontrar espacios donde podamos interactuar con la ciudadanía».

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