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Canadá une a la gente y suma valores

"Lo que importa es la gente". Éste es uno de los temas más recurrentes de la comunidad investigadora canadiense. Siendo probablemente el "mayor país pequeño" del mundo, con un territorio que empalidece el de la Unión Europea pero una población inferior a la española, Canadá de...

"Lo que importa es la gente". Éste es uno de los temas más recurrentes de la comunidad investigadora canadiense. Siendo probablemente el "mayor país pequeño" del mundo, con un territorio que empalidece el de la Unión Europea pero una población inferior a la española, Canadá debe velar por sacar el mayor partido a lo que tiene, en términos de capital humano y demás recursos. Las contradicciones que muestra el perfil de Canadá radican no solamente en la relación entre territorio y población, sino también en la distribución de ésta. Con una ocupación espacial de vastas dimensiones contrastan factores climáticos y de infraestructuras que han llevado el 90 por ciento de la población canadiense a permanecer en una franja de 100 kilómetros a lo largo de la frontera con Estados Unidos. De modo que, las consideraciones geográficas forman parte integrante de la formulación de políticas, en particular en la investigación y desarrollo (I+D), con la consiguiente restricción y agrupación de recursos y capital humano. Si a esto se añade la vigencia de un sistema federal que concede una amplia autonomía a los 10 gobiernos provinciales del país, la coexistencia de dos lenguas oficiales y el tener como único vecino al país más potente del mundo, la complejidad de la situación en Canadá salta a la vista. Ahora bien, los canadienses han encarado estos retos con el espíritu pionero que les asistió en la construcción del país. Decididos a demostrar que son algo más que un país de "rocas y troncos", han dado prueba, no ya sólo de su capacidad de trabajar juntos, sino también de que saben materializarla en campos que tienen un impacto significativo en el mantenimiento de la calidad de vida en Canadá. "Necesitamos una masa crítica que guarde proporción con nuestra extensión geográfica y población", asevera Alan Bernstein, presidente de Institutos de investigación sanitaria de Canadá (CIHR/IRSC). Aunque se refiera a la actividad de I+D, lo mismo podría estar hablando de casi cualquier sector. El Partido Liberal lleva en el gobierno federal cerca de 10 años; los valores liberales ocupan un lugar predilecto entre las prioridades de la población. Desconfiados del sistema de salud operativo al otro lado de la frontera, muchos canadienses han insistido una y otra vez en la importancia de una sanidad dinámica y disponible para todos los ciudadanos, sea cual sea su nivel económico. Esta actitud común ha repercutido en las prioridades de I+D del país y en los presupuestos disponibles. "A los canadienses les preocupa la salud; es algo así como un valor definitorio. Somos muy conscientes de lo que está ocurriendo en EEUU", declara el doctor Bernstein. El planteamiento sanitario de Canadá refleja la forma que tiene el país de aunar presupuestos, personas y prioridades. El CIHR/IRSC, que preside el doctor Bernstein, ejemplifica la posibilidad de que investigación y desarrollo encajen en un marco de valores para producir beneficios. El organismo se estableció en junio de 2000 con el propósito de juntar la totalidad de los profesionales de la salud, desde los investigadores hasta los gestores de los servicios sanitarios, y desde los que construyen la sociedad del conocimiento de Canadá hasta quienes se dedican a formular estrategias de prevención. La dotación de 480 millones de dólares canadienses (310 millones de euros) ha sido suficiente para, más allá de la atención a la salud de la población, llevar a cabo investigaciones "compartidas" que conjuntan factores médicos, científicos y socioeconómicos para contribuir a resolver los problemas sanitarios con que se enfrenta Canadá. Juntando a la gente es como se consigue esto. Al margen de la necesaria multidisciplinariedad, la ordenación de asignaciones presupuestarias y el imperativo de poner un freno a los egos de algunas élites del mundo académico, también es preciso reunir a todas las partes interesadas en el mismo lugar y en el mismo momento. El CIHR/IRSC lo ha logrado, rematando la faena a través de institutos virtuales. Así, los investigadores no centran la celebración de reuniones en la ocupación de edificios, sino en la aplicación de conocimientos. Eliminadas las restricciones de tiempo, prevalece el objeto de estudio. No sólo eso, sino que se registra gran cantidad de contribuciones cruzadas, que de otro modo no tendrían la menor opción de salida. Es ésta otra paradoja de Canadá: el haber reunido a la gente, aunque a veces sin unidad de tiempo y lugar.