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Poner dinero allí donde está la investigación

Los objetivos de Canadá son semejantes a los de muchos países de Europa occidental. Nos referimos a los objetivos relacionados con el porcentaje del PIB dedicado a investigación y desarrollo, el ascenso en las tablas clasificatorias de la OCDE, y otros similares. Sin embargo, ...

Los objetivos de Canadá son semejantes a los de muchos países de Europa occidental. Nos referimos a los objetivos relacionados con el porcentaje del PIB dedicado a investigación y desarrollo, el ascenso en las tablas clasificatorias de la OCDE, y otros similares. Sin embargo, hace cinco años Canadá hizo algo bastante fuera de lo habitual que ha ejercido un notable impacto en la infraestructura de investigación del país a nivel macro, y en las posibilidades de investigación de las personas individuales. La CFI (Fundación canadiense para la innovación) es un fondo que ha marcado una diferencia en la financiación de la investigación en Canadá. Creada con el objetivo específico de que en 2010 Canadá se convierta en uno de los cinco países con mayor capacidad investigadora, la CFI inauguró una nueva y enorme oportunidad de financiación para la comunidad investigadora canadiense. "La importancia de la CFI es casi imposible de describir," señala Donald Brooks, vicepresidente asociado de investigación en la Universidad de la Columbia Británica. "La infraestructura científica obtiene grandes sumas de dinero de la CFI. Es el único [programa] que admite solicitudes no lineales. Por lo que a mí se refiere, mi propio entorno de investigación cambió por completo debido a una subvención recibida de la CFI en la primera convocatoria de ayudas." Establecida en 1997, la CFI implicó reconocer, por parte del gobierno federal, que la infraestructura investigadora de Canadá necesitaba actualizarse con objeto de mejorar su competitividad internacional. Al final de su mandato, en 2010, la CFI habrá distribuido un total de 3.150 millones de dólares canadienses (2.000 millones de euros). Como aporta a los proyectos un 40 por ciento de su financiación, y éstos deben buscar por su cuenta el 60 por ciento restante, la iniciativa de la CFI habrá movilizado en 2010 un total de 10.000 millones de dólares canadienses (6.140 millones de euros) en financiación de investigaciones. Hasta ahora se han beneficiado de este programa unos 2.000 proyectos. Sin embargo, el dinero no llueve con facilidad. Trabajando con criterios que analizan la calidad de la investigación y la necesaria infraestructura, el reforzamiento de la capacidad de innovación y las ventajas que supone para Canadá, la CFI examina con todo cuidado los numerosos proyectos que solicitan fondos en cada una de sus adjudicaciones trimestrales. Expertos procedentes de diferentes disciplinas y diferentes países integran un tribunal de revisión. Las consecuencias para la investigación han tenido un alcance muy amplio. Se han incrementado los contactos en red, y cada entidad solicitante de fondos puede ver qué están haciendo las otras y unirse en proyectos comunes, incrementando así las posibilidades de ser seleccionada. Ha aumentado el enfoque pluridisciplinar de la investigación canadiense. Además, por lo general las entidades han encontrado el 60 por ciento restante de los costes del proyecto a través de las administraciones provinciales (40 por ciento), del sector privado o por otros medios (20 por ciento). También esto ha significado que los investigadores han tenido que llevar a cabo alianzas que les ayudarán no sólo en la solicitud formulada a la CFI, sino en otras situaciones posteriores. "La cultura de las universidades ha cambiado," según Carmen Charette, vicepresidente senior de la CFI, "porque han tenido que ofrecer datos concretos sobre lo que pueden aportar al programa." También se ha modificado el prestigio social de los investigadores canadienses. "A menudo se consideraba que los canadienses eran unos aprovechados, de modo que les resultaba difícil dirigir proyectos de investigación," señala la Sra. Charette. Los fondos del CFI han hecho que Canadá pase de tener un solo puesto en la clasificación global de equipos de investigación a tener 11. Esto ha ido más allá de la mera solución de deficiencias. Por ejemplo, Canadá era el único país del G7 que no tenía un sincrotón. Ahora posee uno, y en junio de 2002 se anunció la financiación de otros nueve grandes proyectos de infraestructura, incluido un buque rompehielos de investigación y un programa de refuerzo del liderazgo de Canadá en la investigación sobre las profundidades marinas. Esto, junto con el pago de honorarios a los investigadores canadienses para que accedan a muchos otros programas de investigación de vanguardia, implica una gran diferencia en las opciones disponibles para los investigadores del país. "Esta clase de cosas ayuda a atraer socios internacionales y a que se planteen menos quejas por parte de los investigadores," ha afirmado la Sra. Charette. Más aún, los fondos se distribuyen entre todas las disciplinas. Una de las dificultades iniciales fue comunicar el mensaje de que también las ciencias sociales, por ejemplo, podían solicitar ayudas. "Pero les dijimos: piensen qué es lo que ustedes pueden aportar al proceso de innovación, y de pronto comenzaron a presentarse más personas [...] Ahora recibimos propuestas de todas las áreas de investigación, desde las ciencias sociales hasta la investigación," dice la Sra. Charette. El museo de antropología de la Universidad de la Columbia Británica, por ejemplo, ha sido uno de los beneficiarios recientes. Después de la inyección de fondos procedentes de la CFI, los investigadores canadienses pueden reflexionar sobre qué desean investigar, y solicitar financiación para ello, en lugar de tener que adaptar su investigación a la infraestructura existente.