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Un estudio financiado por la AEE detecta un terremoto desde el espacio

Un estudio financiado por la Agencia Espacial Europea ha descubierto que un fuerte terremoto, que sacudió Denali, Alaska, en noviembre de 2002 envió también ondas de choque a través de una sección a la atmósfera terrestre. El descubrimiento podría tener gran repercusión en l...

Un estudio financiado por la Agencia Espacial Europea ha descubierto que un fuerte terremoto, que sacudió Denali, Alaska, en noviembre de 2002 envió también ondas de choque a través de una sección a la atmósfera terrestre. El descubrimiento podría tener gran repercusión en las técnicas de detección de terremotos en áreas no cubiertas por redes sísmicas tales como las profundidades del océano e islas cercanas. La investigación fue llevada a cabo por el Instituto de Física de París y el Instituto Tecnológico de California y centró su atención en una región de la atmósfera llamada ionosfera. La ionosfera rodea a la tierra desde altitudes de 75 a 1000 kilómetros, y está llena de partículas cargadas que pueden interrumpir señales de radio, en particular, señales de posicionamiento global por satélite (GPS). Esta misma cualidad permitió a los investigadores elaborar un mapa de fluctuaciones en la ionosfera en tiempo casi real, creando una impresión tridimensional detallada de esta región de la atmósfera. Este hecho, combinado con la capacidad de la ionosfera para actuar como amplificador de ondas sísmicas sobre la superficie de la tierra, ha alimentado las esperanzas del equipo sobre la posibilidad de detectar un terremoto mediante la monitorización de distorsiones en la señal GPS. Cuando el terremoto de Denali golpeó Alaska el 3 de noviembre de 2002 generó el tipo de onda sísmica más amplia conocida como onda Rayleig que es lo suficientemente potente como para agrietar autopistas. Unos 660 segundos después de que estas ondas sacudieran la tierra, el equipo observó variaciones GPS dos o tres veces mayores que el ruido normal de fondo y en una estructura coherente con la actividad sísmica en el suelo. A pesar de que las señales eran débiles y sólo se tomaban muestras cada 30 segundos, el equipo espera que la técnica pueda ser perfeccionada y eventualmente utilizada para proporcionar vigilancia sísmica en áreas no equipadas con detectores sísmicos. Un futuro desarrollo, especialmente prometedor, será el lanzamiento de la red de navegación por satélite Galileo, según explica Vesna Ducic, miembro del equipo: "Galileo doblará el número de satélites y por ello, permitirá elaborar mapas de la ionosfera mucho más exactos. También podemos prever que Europa desarrollará una densa red de estaciones Galileo/GPS que tomarán parte en la monitorización de estos fenómenos." De hecho, la AEE, está financiando ya, en colaboración con socios de Francia, un proyecto preoperacional llamado SPECTRE (servicio y productos para el contenido electrónico de la ionosfera e índice refractivo troposférico en Europa desde GPS), dedicado a elaborar un mapa de la ionosfera. La iniciativa, en colaboración con el proyecto franco-norteamericano, forma parte del proyecto piloto sobre aplicaciones meteorológicas espaciales, destinado al desarrollo de una gama de servicios orientados a la aplicación basados en la vigilancia meteorológica espacial.

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Francia