Un informe de la ONU reaviva la controversia en torno a los organismos modificados genéticamente (OMG)
La Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (la FAO) ha manifestado su apoyo a los organismos modificados genéticamente (OMG), condicionado a que, si su propósito es beneficiar al mundo desarrollado, la biotecnología debe financiarse con fondos procedentes de las arcas gubernamentales y no de las grandes multinacionales. En el informe SOFA 2004 publicado el 17 de mayo y que lleva por subtítulo "La biotecnología agrícola: ¿una respuesta a las necesidades de los pobres?" se señala el gran potencial de la tecnología transgénica para el incremento de los rendimientos de los cultivos, la reducción de los costes para los consumidores y la mejora del valor nutricional de los alimentos. Sin embargo, el informe pone de manifiesto igualmente la necesidad de aplicar un enfoque cultivo por cultivo con vistas a evaluar los riesgos y la importancia de una mayor financiación por parte de los gobiernos nacionales. Según el informe, el problema clave radica en que la mayoría de los beneficios acaban en manos de las multinacionales y de los agricultores de los países desarrollados. Hasta ahora, la inversión realizada por la industria biotecnológica en la investigación y desarrollo (I+D) en materia de biotecnología agrícola, que ascienden a 2.500 de euros anuales, se ha concentrado en cuatro cultivos comerciales: el algodón, la soja, el maíz y la colza. La modificación genética de los cultivos transgénicos suele centrarse únicamente en dos características: la resistencia a los insectos y la tolerancia a los herbicidas. La producción de este tipo de cultivos se localiza en los países ricos y beneficia a los intereses comerciales. El informe lamenta el hecho de que los cultivos alimentarios básicos para los pobres hayan recibido escasa atención por parte de los científicos. Jacques Diouf, Director General de la FAO ha afirmado: "Ni el sector público ni el privado han invertido sumas importantes en las nuevas tecnologías genéticas aplicables a productos como el caupí, el mijo, el sorgo y el tef, que carecen de interés comercial pero son fundamentales para suministrar alimentos y medios de subsistencia a la población más pobre del mundo". De igual manera, del informe se desprende que la biotecnología puede relanzar los programas convencionales de zootecnia y facilitar herramientas de diagnóstico y las vacunas para controlar las zoonosis. Asimismo, la aplicación de la biotecnología podría reducir el uso de sustancias químicas dañinas para el medio ambiente y nocivas para la salud humana, así como contribuir a la mejora de la calidad nutritiva de alimentos básicos y crear nuevos productos para aplicaciones sanitarias e industriales. Según el informe, el menor uso de plaguicidas y herbicidas tóxicos asociado a esta tecnología ha tenido beneficios documentados para los trabajadores agrícolas en China. No obstante, el informe menciona también que "no hay programas importantes, ya sean del sector público o privado, que aborden los problemas fundamentales de los pobres o que se centren en los cultivos y animales de los que éstas dependen". Brasil, China e India, que cuentan con los mayores programas públicos de investigación agraria de los países en desarrollo, gastan cada uno menos de 450 millones de euros anualmente. En estos países, la investigación financiada con fondos del sector privado es ínfima. Según el informe de la FAO, la investigación para mejorar los cultivos para los pobres es una responsabilidad del sector público. Pese a todo, el gasto público en investigación agrícola beneficioso para los más pobres ha descendido de forma continuada en los últimos años. El informe apunta que la biotecnología no se limita únicamente a los organismos modificados genéticamente y afirma que debe ser un complemento, no un sustituto, de las tecnologías agrícolas convencionales. En el informe se dice además que los cultivos transgénicos que se comercializan actualmente son seguros para el consumo humano y que los científicos difieren en cuanto a su posible impacto medioambiental. El informe de la FAO hace un llamamiento a continuar las labores de investigación dirigidas a medir las repercusiones medioambientales del denominado "flujo de genes". El informe concluye recordando que "la ciencia no puede declarar que una tecnología está completamente exenta de riesgos". Defiende, asimismo, que no es realista exigir una total certidumbre sobre los efectos de una tecnología antes de optar o no por su uso. La publicación de este informe coincide en el tiempo con los planes de la UE de aprobar la importación para el consumo humano del maíz dulce BT-11 modificado genéticamente, con lo que se pone fin a una moratoria de facto de seis años de duración. Dicho esto, conviene recalcar que sólo se autorizará su importación. No está previsto permitir su cultivo en Europa.