Modificar enzimas para proteger a las personas y el medio ambiente
Un equipo internacional de científicos dirigido por la Universidad de Masaryk (República Checa) ha desarrollado un nuevo método que permite mejorar las características funcionales de enzimas, de las cuales se beneficiarían las industrias médica, alimentaria y química. El procedimiento se ha presentado en la revista Nature Chemical Biology. La modificación de enzimas puede ser beneficiosa para el bienestar de las personas y los animales y contribuir a proteger el medio ambiente. En su informe, una portavoz de la Universidad de Masaryk, situada en Brno, afirmó que estas enzimas pueden utilizarse para eliminar de forma segura sustancias químicas tóxicas potencialmente perjudiciales para el medio ambiente. Dicha portavoz, Tereza Fojtov, señaló que estas sustancias ejercen considerable presión sobre la naturaleza. Científicos de los laboratorios de la Universidad de Loschmidt han descubierto cómo pueden eliminarse estas toxinas del entorno de manera eficiente, añadió. «Ahora podemos realizar modificaciones genéticas para cambiar las cualidades de las enzimas, de forma que degraden con más rapidez y facilidad sustancias dañinas para el entorno», explicó el profesor Jirí Damborský del Instituto de Biología Experimental de la Universidad de Masaryk. Estudios anteriores se habían centrado en la modificación de las cualidades enzimáticas en el punto de su estructura en la que tiene lugar la reacción química. Lo novedoso de este estudio radica en que el nuevo método se centra en cambios en los «túneles de acceso». Mediante este método, la sustancia que se pretende descomponer puede acceder al punto activo mediante túneles de acceso sin necesidad de utilizar un disolvente. Gracias a ello, la descomposición se realiza a mucha mayor velocidad. El procedimiento se basa en una nueva enzima que descompone una sustancia química muy tóxica denominada tricloropropano (TCP), que es líquido, pesado, incoloro, volátil y de aroma dulce e intenso. El TCP es un subproducto de la industria química que va a parar a la atmósfera, el agua, los suelos, el alcantarillado y la cadena alimentaria. En los suelos o las aguas subterráneas puede tardar más de cien años en descomponerse. Esta sustancia tóxica, según los investigadores, también influye en el desarrollo del cáncer en humanos. Su innovador procedimiento permitió a los científicos desarrollar una enzima que descompone el TCP hasta 32 veces más rápido. Cabe señalar que el método puede aplicarse a otros campos, por ejemplo para mejorar las cualidades de las enzimas empleadas en biomedicina así como en las industrias químicas y alimentarias. Investigadores del Instituto Pasteur (Francia), la Universidad de Viena (Austria) y el Instituto Weizmann (Israel) ya han expresado su interés en este método. Los investigadores de la Universidad de Masaryk colaboraron en este estudio con colegas de la Universidad Palacky de Olomuc (República Checa), European Media Laboratory GmbH (Alemania) y la Universidad de Sendai (Japón). Este proyecto recibió fondos del Ministerio checo de Educación, Juventud y Deporte, la Fundación Checa de las Ciencias y la Fundación Klaus Tschira (Alemania).
Países
Chequia, Alemania