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Robots autónomos alimentados con residuos

Como muy sabiamente reflejó Calderón de la Barca en «La vida es sueño», los desperdicios de una persona pueden ser un tesoro para otra. En el caso que nos ocupa los desperdicios los aprovecha un robot para alimentar su propio funcionamiento. Durante los últimos años, el equipo...

Como muy sabiamente reflejó Calderón de la Barca en «La vida es sueño», los desperdicios de una persona pueden ser un tesoro para otra. En el caso que nos ocupa los desperdicios los aprovecha un robot para alimentar su propio funcionamiento. Durante los últimos años, el equipo de investigadores financiados con fondos comunitarios responsables de la serie de robots EcoBot I, II y III ha generado energía para sus máquinas alimentándolas con residuos alimenticios y materias primas. Ahora han decidido cumplir con el mismo propósito energético a partir de orina. El proyecto EcoBot-III recibió 320.000 euros de financiación mediante el Sexto Programa Marco (6PM) de la Unión Europea. El Dr. Ioannis Ieropoulos, el profesor John Greenman, el profesor Chris Melhuish y otros investigadores del Laboratorio de Robótica de Bristol (BRL, Reino Unido) son los responsables de una serie de experimentos realizados con los EcoBots I, II y III. Su singular método ha consistido en dotar al robot de un aparato digestivo artificial. El diseño de su «intestino» se basa en la novedosa tecnología de celda de combustible microbianas (CCM), que utiliza cultivos de bacterias para descomponer «alimento» y generar electricidad. «Con el paso de los años hemos alimentado nuestras CCM con fruta en descomposición, residuos de la siega de pastos, cáscaras de gambas y moscas muertas para investigar la idoneidad de distintos materiales de residuo», indicó el Dr. Ieropoulos. «Nuestra investigación se ha centrado en la búsqueda de los mejores materiales residuales para generar la mayor cantidad posible de energía.» El acceso a fuentes de energía es uno de los principales obstáculos al uso generalizado de robots autónomos, sobre todo en lugares aislados. Los científicos opinan que para que un robot sea verdaderamente autónomo debe utilizar su energía «con sabiduría» y además generarla a partir de su entorno. Esto significa que debe ser capaz de buscar, recoger y digerir materiales de desecho para abastecer sus reservas energéticas. Además, de esta manera se podría contribuir en gran medida a solucionar el problema de la gestión de residuos. El reto al que se enfrenta ahora el equipo pasa por el empleo de orina en sus CCM. El Dr. Ieropoulos explicó que la orina es rica en nitrógeno y contiene cloruro, potasio, bilirrubina y otros compuestos que la convierten en una sustancia ideal para las CCM. Las pruebas preliminares indican que es un material residual muy efectivo. El primer paso de los investigadores será hacer que las CCM «colaboren entre sí» conectándolas mediante un sistema de flujo continuo denominado «pila». Una pila de CCM unidas es mucho más eficiente y produce más energía que la misma cantidad de CCM trabajando por separado. El equipo trabaja ahora en la producción de un prototipo de urinario portátil dotado de celdas de combustible que permitiría aprovechar la orina para generar electricidad. Aunque el proyecto se encuentra aún en sus fases iniciales, los científicos confían en que una máquina de este tipo podría utilizarse en eventos al aire libre como por ejemplo festivales de música. De hecho, los investigadores ya han establecido contactos con la empresa británica Ecoprod Technique, dedicada a la fabricación de urinarios sin agua. Marcus Rose, de Ecoprod, dijo que es una colaboración interesante y valiosa para la empresa: «Hemos entablado conversaciones con los investigadores, quienes afirman que este producto es el único que complementa y se adapta a su investigación a la perfección. Estamos deseando ayudar en este proyecto tan singular.» Como parte del proyecto EcoBot, los científicos están investigando al mismo tiempo la posibilidad de utilizar la tecnología de generación eléctrica CCM en entornos submarinos. El aparato funcionaría a modo de branquias artificiales en las que se utilizaría oxígeno en un cátodo acuoso y materia orgánica como biocombustible para las bacterias. «Los progresos en este campo podrían suponer una contribución significativa a los retos a los que nos enfrentamos en términos de producción energética y limpieza de residuos» concluyó el Dr. Ieropoulos. «Esperamos que esta investigación ayude a cambiar nuestro concepto sobre la energía y los residuos de origen humano.» EcoBot-I y EcoBot-II se desarrollaron en 2002 y 2004 respectivamente.

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