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El sabor amargo del pomelo puede ser un dulce remedio para los diabéticos

Científicos financiados con fondos comunitarios han descubierto que la naringenina, un antioxidante relacionado con el sabor amargo del pomelo y otros cítricos, podría ser beneficioso para los pacientes de diabetes al favorecer que el hígado descomponga grasas y aumentar la se...

Científicos financiados con fondos comunitarios han descubierto que la naringenina, un antioxidante relacionado con el sabor amargo del pomelo y otros cítricos, podría ser beneficioso para los pacientes de diabetes al favorecer que el hígado descomponga grasas y aumentar la sensibilidad a la insulina. El estudio, cuyos resultados se han publicado en un artículo de la revista Public Library of Science (PLoS) ONE, recibió fondos comunitarios a través del proyecto TMIHCV («Diseño racional de intervenciones transcripcionales-metabólicas basadas en microfabricación para el tratamiento de infecciones del virus de la hepatitis [VHC]»), financiado con 2 millones de euros mediante el programa Ideas del Séptimo Programa Marco (7PM). Investigadores de la Universidad Hebrea de Jerusalén (Israel) y del Hospital General de Massachusetts (MGH, Estados Unidos) descubrieron que la naringenina activa una familia de proteínas pequeñas denominadas receptores nucleares que provoca la descomposición de ácidos grasos por parte del hígado e imita la acción de fármacos como el reductor de lípidos fenofibrato y el antidiabético rosiglitazone. Aunque admiten que los resultados del estudio aún deben comprobarse con pacientes humanos, insisten en que, de confirmarse, podría generalizarse el uso de la naringenina en forma de suplemento dietético en el tratamiento de la hiperlipidemia, la diabetes de tipo 2 y puede que incluso el síndrome metabólico. «Es un descubrimiento fascinante», declaró el Dr. Yaakov Nahmias de la Universidad Hebrea de Jerusalén, autor sénior del artículo. «Hemos aclarado los mecanismos por los que la naringenina aumenta dos dianas farmacológicas importantes, la PPAR-alfa y la PPAR-gamma, y bloquea una tercera, la LXR-alfa. Los resultados son similares a los que provoca un periodo prolongado de ayuno.» El hígado es el principal órgano responsable de la regulación de los carbohidratos y los lípidos en la sangre. Tras ingerir alimentos la sangre se inunda de azúcares que activan la LXR-alfa, lo que provoca a su vez que el hígado genere ácidos grasos para su almacenamiento a largo plazo. Durante el ayuno el proceso se invierte. Las células adiposas liberan ácidos grasos, que activan las PPAR-alfa del hígado y son descompuestos en cetonas (compuestos solubles). Un proceso similar del que participa la PPAR-gamma aumenta la sensibilidad a la insulina. «Es un proceso similar al de la dieta Atkins [baja en carbohidratos], pero sin tantos efectos secundarios», explicó el Dr. Martin L. Yarmush, director del Centro de Ingeniería Médica del MGH y coautor del artículo. «La industria farmacéutica está muy interesada en agonistas dobles de la PPAR-alfa y la PPAR-gamma como la naringenina, pero su desarrollo ha estado plagado de problemas de seguridad», declaró el Dr. Nahmias. «Sorprendentemente la naringenina es un suplemento dietético con buenas propiedades en este sentido. Los datos sugieren que podría incluso actuar como protector del hígado.» El descubrimiento es especialmente interesante si se tienen en cuenta los cada vez mayores costes asociados a afecciones metabólicas como la resistencia a la insulina, especialmente ligada a las dietas occidentales. Según los investigadores, estas enfermedades traen consigo gastos sanitarios y pérdida de productividad por un valor total de más de 130.000 millones de dólares (103.000 millones de euros) en los Estados Unidos, mientras que la Asociación Estadounidense del Corazón (AHA) calcula que los tratamientos cardiovasculares pueden superar este año los 500.000 millones de dólares (395.000 millones de euros). Los costes son similares en la UE. La Fundación Británica del Corazón, por ejemplo, estima que la cardiopatía isquémica, una de las enfermedades cardiovasculares más importantes, cuesta a la sanidad británica unos 3.200 millones de libras (3.900 millones de euros) al año y supone unas pérdidas para la economía de 5.800 millones de libras (7.100 millones de euros) adicionales debidos al absentismo por muerte, enfermedad y cuidados de personas enfermas. Los fármacos o los suplementos dietéticos capaces de reducir la dependencia de la insulina y regular la dislipidemia podrían por tanto tener un efecto espectacular en los gastos sanitarios y la sanidad pública. «El potencial de emplear suplementos naturales para regular el metabolismo de los lípidos es atractivo, ya que está demostrado que este subproducto de la fabricación del zumo de pomelo es inocuo, barato y posee propiedades antiinflamatorias», concluyen los investigadores. No obstante, el Dr. Iain Frame, director de Investigación para la Diabetes (Reino Unido), advirtió que a pesar de que estos resultados suponen «un avance en este campo científico, el consumo de grandes cantidades de pomelo [no] será una panacea [para los pacientes de diabetes]».

Países

Israel, Estados Unidos

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