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Combining innovation in vineyard management and
genetic diversity for a sustainable European viticulture

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La diversidad genética: un recurso de los viticultores contra el cambio climático

Para mantener la competitividad de la Unión Europea en el sector de la producción de vinos frente al cambio climático y la creciente competencia, se necesita mejorar la calidad de los productos y diversificarlos. INNOVINE proporciona a los productores unos conocimientos, instrumentos y recursos genéticos muy necesarios y que les ayudarán a elegir las opciones más adecuadas.

Alimentos y recursos naturales

El buen nombre del vino europeo se debe principalmente a la selección de las mejores variedades, caracterizadas por su sabor y por el terruño (terroir) en el que se cultivan. Pero ahora han surgido retos nuevos: para competir en un mercado cada vez más globalizado, que se enfrenta al cambio climático y a la evolución de las preferencias del consumidor, este sector precisa de herramientas auxiliares especializadas. «En los últimos tiempos se observa una nueva diversificación, impulsada por productores que apuestan por cultivar vid de forma ecológica o biodinámica», manifestó la Dra. Anne-Françoise Adam-Blondon, directora de investigación en el INRA de Francia. «Para ello se necesitan variedades nuevas que sean resistentes a las enfermedades para así reducir la necesidad de plaguicidas, pero que conserven la tradición y el valor del producto final. Hasta ahora, esto solo podía conseguirse por ensayo y error, mediante procesos experimentales a largo plazo». Con el proyecto INNOVINE (Combining innovation in vineyard management and genetic diversity for a sustainable European viticulture), la Dra. Adam-Blondon y su equipo perseguían dos objetivos fundamentales. Primero, dotar a los grupos interesados con herramientas que les ayudasen a entender con mayor precisión los efectos del cambio climático y les guiasen durante el proceso de selección correspondiente. En segundo lugar, crear una «cartera» de genes de resistencia que les permitiera obtener variedades nuevas de modo más rápido y eficaz. «El proyecto tenía los cometidos de conjugar actuaciones a corto, medio y largo plazo para concebir sistemas vitícolas innovadores, diseñar y probar sistemas de apoyo a las decisiones y prácticas agronómicas de carácter novedoso y sacar partido a la diversidad genética de la vid. Todo ello, en conjunto, garantizará la progresión hacia una viticultura sostenible», explicó la profesora Adam-Blondon. Entre otros trabajos, en el proyecto se desarrollaron dos modelos capaces de simular y predecir las consecuencias de distintas prácticas vitícolas y de varios factores de estrés abiótico sobre la fisiología de la vid y la composición de sus frutos bajo diversas condiciones climáticas. Se probaron experimentalmente y validaron varias herramientas de fenotipado no destructivo; se ensayaron distintas estrategias de adaptación y se integraron en el conjunto de herramientas del proyecto; se hizo un cribado, centrado en la resistencia a enfermedades, de colecciones de germoplasma aún sin caracterizar; y se mejoraron los modelos de enfermedades existentes. «En conjunto, INNOVINE proporciona un conjunto de conocimientos y herramientas, dispares y complementarios a la vez, que serán útiles de cara a lograr un control de enfermedades menos nocivo para el medio ambiente: el grado de resistencia de las variedades tolerantes en condiciones de campo, las estrategias para reducir el número de tratamientos químicos y mejores sistemas de seguimiento y apoyo a las decisiones», afirmó la profesora Adam-Blondon. Ventajas en el laboratorio y en el campo Los frutos de INNOVINE serán beneficiosos tanto para los productores como para científicos, asesores técnicos y proveedores de servicios pertinentes. La profesora Adam-Blondon vaticinó que los productores saldrían ganando al reducir notablemente el uso de plaguicidas, de modo que sus plantaciones serán más sostenibles. Por su parte, los investigadores podrán contar con un corpus inmenso de conocimientos generados por el proyecto y disfrutar de lazos más estrechos con diversas comunidades científicas. «El proyecto también ha dilucidado dos cuestiones muy relevantes que deberán atender debidamente los asesores técnicos, los servicios de extensión y los proveedores de servicios pertinentes: la implantación de una viticultura mejor, vigilada y de gran rendimiento y la diversificación de las variedades usadas», afirmó la profesora Adam-Blondon. «Los resultados más notables en los planos económico y medioambiental se obtuvieron, ciertamente, con variedades nuevas (resistentes a enfermedades y más productivas en determinado entorno), pero los sistemas vitícolas tendrán que mejorarse para sacar provecho de ese potencial». A corto plazo, la profesora Adam-Blondon tiene intención de poner en práctica destrezas, conocimientos y herramientas que han surgido del proyecto con el propósito de abordar las enfermedades de la madera, un tema que el colectivo de productores de vid calificó de muy importante en una encuesta orquestada por INNOVINE.

Palabras clave

INNOVINE, variedades, producción de vino, diversidad genética, cambio climático, genes de resistencia, viticultura, composición de los granos, viñedo, fenotipaje

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