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Los científicos suizos afirman que la comunicación con los ciudadanos puede hacer cambiar la opinión pública

Todos los conferenciantes señalaron la importancia de la comunicación para la promoción de la investigación científica en una sesión sobre la ciencia suiza que llevaba por título "Cuando existe un conflicto entre la democracia directa y la investigación científica: el dialogo ...

Todos los conferenciantes señalaron la importancia de la comunicación para la promoción de la investigación científica en una sesión sobre la ciencia suiza que llevaba por título "Cuando existe un conflicto entre la democracia directa y la investigación científica: el dialogo entre ciencia y sociedad", celebrada en Bruselas el 20 de noviembre. Los conferenciantes suizos señalaron la gran importancia que tiene la opinión pública en su país, donde la democracia directa implica que los ciudadanos pueden votar cuestiones de relevancia política, incluidos temas de investigación, como la tecnología genética. Claude Longchamp, un científico dedicado a la política y director del instituto de investigación GfS en Zúrich y Berna, explicó cómo cualquier tema relativo a la tecnología genética da lugar a que los científicos suizos intensifiquen significativamente esfuerzos para comunicarse con el público en general. En 1995, una dictamen de la UE sobre el mapa genético de un ratón desencadenó un debate en torno a la tecnología genética a nivel mundial del que no se libró Suiza. La opinión pública reaccionó en un principio con vehemencia y adoptando una postura extremadamente negativa. Ante la perspectiva de una votación nacional que pudiera imponer una moratoria sobre la investigación de la tecnología genética en Suiza, los investigadores se dieron cuenta de la importancia de dialogar con el público. El señor Longchamp enumeró tres formas en las que el dialogo modificó la opinión pública, lo que provocó en 1998 el rechazo de la moratoria. Según él, los conocimientos acerca de la tecnología genética eran más escasos en Suiza que en otros países cuando surgió por primera vez la polémica, aunque la comunicación con los científicos aumentó los conocimientos y, por lo tanto, el nivel de comprensión. Estos nuevos conocimientos suponen que las opiniones varían conforme las personas comienzan a sopesar los riesgos de la tecnología genética y los posibles beneficios que podría aportar a la sociedad. Por último, el debate público llevó a distinguir los diferentes tipos de tecnología genética, y la investigación médica logró una mayor aceptación, aunque siguió persistiendo un rechazo constante a la tecnología genética relativa a los productos alimentarios. Pero, ¿cómo lograron los investigadores suizos cambiar la opinión pública? "Los científicos se reunieron y salieron a la calle con panfletos, esto es, intentaron averiguar qué es lo que se necesitaba comunicar", dijo Bruno Oesch, director general y miembro fundador de Prionics AG, una empresa semilla de la Universidad de Zúrich. Los asistentes a la reunión estaban interesados en saber si se podría animar a los científicos de otros países para que adoptasen este papel activo. "En Suiza, o se producía una comunicación o se echaba todo a perder. En otras partes, no se le da mérito alguno al hecho de ser un buen comunicador. Todo lo que tienes que hacer es publicar, publicar y publicar", dijo un miembro del público. El señor Oesch, manteniendo una postura positiva, informó que muchos científicos disfrutaron con su primer encuentro con el público en general. Como explicó, no era elitista pensar que la idea de que nadie estaba interesado había convencido a los científicos para que no explicaran su trabajo al público. El señor Oesch incidió también en que el proceso de transmitir conocimientos científicos al público en general podría en sí mismo constituir un problema. "La ciencia se basa en los resultados y en los hechos, y las lagunas, siempre presentes en la investigación, dan lugar a interpretaciones", declaró, refiriéndose principalmente a los medios de comunicación. Centrándose, en concreto, en el tema de la encefalopatía espongiforme bovina, el señor Oesch habló de cómo los resultados científicos que se publican en revistas de revisión paritaria, no son leídos por el público, por lo que, en consecuencia, son los varios grupos de interés los que traducen la información, que finalmente llega al público digerida. "Aquí radica el principal problema. Los periodistas, sin ánimo de culparlos, necesitan normalmente una historia, que crean a menudo a partir de una información científica insignificante, y de ahí la obtienen", declaró el señor Oesch. Los científicos deberían asumir su responsabilidad al garantizar que los contenidos son correctos, añadió. El Director de la Dirección General de Ciencia y Sociedad de la Comisión, Rainer Gerold, incidió en cómo el dialogo con el público es más difícil a nivel europeo que al nacional. "Somos más grandes y tenemos por lo menos un escalón que nos separa, que son los gobiernos nacionales y, a veces, las regiones", declaró el señor Gerold. Según manifestó, la Comisión quiere alejarse de la idea de enseñarle al público lo que es bueno para ellos y orientarse más hacia el dialogo, haciendo que éste sea fructífero y obviando la polémica. El señor Gerold anunció la intención de la Comisión de publicar en las próximas semanas una comunicación sobre una relación más eficaz entre el asesoramiento científico y las decisiones de la Comisión.

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