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Un experto opina que un enfoque "de corto alcance" sobre el gasto en I+D no hará lograr el objetivo de Barcelona

Mientras la UE se esfuerza por alcanzar el objetivo de Barcelona de aumentar la inversión en investigación y desarrollo (I+D) al tres por ciento del PIB para 2010, expertos y responsables políticos se reunieron el 2 de diciembre en un seminario en Bruselas para asistir al estu...

Mientras la UE se esfuerza por alcanzar el objetivo de Barcelona de aumentar la inversión en investigación y desarrollo (I+D) al tres por ciento del PIB para 2010, expertos y responsables políticos se reunieron el 2 de diciembre en un seminario en Bruselas para asistir al estudio de casos de los dos únicos países de la UE que han logrado hasta la fecha este objetivo. Según las últimas cifras de la OCDE, el nivel de inversión en investigación calculada como proporción del PIB en Finlandia y Suecia es superior al cuatro por ciento, muy por encima del objetivo acordado por los jefes de Estado y Gobierno de la UE en 2002. Dos expertos de la región nórdica se prestaron a analizar los principales impulsores de estas aparentes historias de éxito, y ver si se podía derivar alguna conclusión que contribuyera a que la UE en su conjunto lograra este objetivo. El Dr. Lars Bager-Sjögren, del instituto sueco de estudios de política de crecimiento (ITPS), comenzó su estudio de caso recordando a los participantes que la inversión del sector público sueco en I+D, que supone el 21 por ciento del total de 2001, se situaba a un nivel similar al de otros Estados miembros de la UE. El principal factor impulsor del alto gasto en investigación del país, declaró, es la inversión del sector privado, principalmente las grandes empresas multinacionales. "En 1995, siete grandes grupos industriales (Ericsson, Volvo, Saab, Astra, Scania Sandvik e Incentive) aportaron hasta el 75 por ciento del gasto total en I+D del sector de fabricación sueco", afirmó el doctor Bager-Sjögren. Los factores que permitieron al sector privado, y a estas grandes empresas multinacionales en concreto, a adquirir este papel tan predominante dentro del panorama de la investigación sueca son varios, según el doctor Bager-Sjögren. Primero, el relativo bajo coste de la mano de obra especializada hacen de Suecia un buen lugar para la inversión en I+D. Además, la comparativamente reducida economía doméstica de Suecia y el "pequeño ámbito que abarca su lengua" obligó a que el éxito de los mercados extranjeros fuera un imperativo para lograr economías de escala, que produjeron aún un mayor gasto en investigación. Un último y decisivo factor fue la existencia de un eficaz marco político de competencia. "El acentuado crecimiento que ha experimentado Suecia a finales de los noventa puede tener una explicación en la anticipada desreglamentación del mercado de telecomunicaciones y en la abolición de los monopolios estatales", declaró el doctor Bager-Sjögren, quien concluyó, que, por lo tanto y, a pesar de su importancia, sólo existe un factor determinante de los niveles de gasto en I+D que pueda asociarse a la detectada carencia de crecimiento en la UE, e instó a los responsables políticos a que prestaran también atención a la desreglamentación de los mercados y a otras reformas estructurales. Este argumento fue el adoptado por el Dr. Uno Lindberg, presidente del consejo asesor científico de las academias europeas (EASAC), anfitrión del seminario, en su estudio del caso finlandés: "Para lograr el objetivo político del tres por ciento, quizás sea incluso más importante [que el gasto público en I+D] adoptar un enfoque consistente a largo plazo para propiciar las condiciones nacionales". En el caso de Finlandia, estas condiciones incluyen un alto nivel de inversión en educación, una cultura que se adapte rápidamente a los avances tecnológicos y una buena gobernanza pública, declaró el Dr. Lindberg. Un componente esencial a la hora de obtener el apoyo general en Finlandia para los altos niveles de gasto en I+D fue el fortalecimiento de las políticas de ciencia y tecnología. El Dr. Lindberg destacó el hecho de que el consejo nacional de políticas de ciencia y tecnología del país esté presidido por el primer ministro, y de que el presidente del consejo de Nokia sea también uno de los miembros. De nuevo, no puede pasarse por alto el papel de las grandes empresas internacionales y, en concreto de Nokia, en incentivar el gasto en I+D de Finlandia. Una clave para establecer las bases del éxito de Nokia a finales de los noventa, sin embargo, fue el programa de tecnología financiado con fondos públicos "Finnsoft", mediante el que se desarrollaron muchos de los componentes clave de la tecnología GSM. Las condiciones esenciales para lograr el objetivo de Barcelona, según la opinión del Dr. Lindberg, son una mano de obra bien formada, el consenso nacional sobre la importancia en I+D, un marco institucional de política científica bien estructurado y suficientemente fortalecido, y una estrecha colaboración entre los responsables políticos y el sector privado. "Para la política europea, por lo tanto, es importante evitar un enfoque exclusivamente de corto alcance sobre la inversión en I+D, y centrarse también en mejorar las condiciones generales que lo propician" Un último ingrediente que podría contribuir a lograr que la UE cumpla los objetivos que se ha fijado, especialmente cuando se considera el hecho de que Nokia casi fue a la quiebra a principios de los noventa, es un poco de buena suerte, concluyó el Dr. Lindberg.

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Finlandia, Suecia