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A pesar de los pocos avances conseguidos, el informe Kok señala que la agenda de Lisboa es más necesaria ahora que nunca

Aunque los acontecimientos externos no han ayudado en exceso, gran parte de la responsabilidad del fracaso actual de la estrategia de Lisboa recae en la UE y sus Estados Miembros, que no han actuado con la urgencia necesaria, de acuerdo con el esperado informe del antiguo Prim...

Aunque los acontecimientos externos no han ayudado en exceso, gran parte de la responsabilidad del fracaso actual de la estrategia de Lisboa recae en la UE y sus Estados Miembros, que no han actuado con la urgencia necesaria, de acuerdo con el esperado informe del antiguo Primer Ministro holandés, Wim Kok, y su grupo de alto nivel. El informe evalúa el progreso europeo frente a las reformas introducidas por los Jefes de Estado y de Gobierno en el Consejo de Lisboa de 2000, dirigidas a acabar con la distancia existente entre Europa y EE.UU. y Japón. El informe concluye que hemos recorrido la mitad del camino hacia el 2010, y la imagen global es muy confusa. Queda mucho por hacer para evitar que Lisboa se convierta en sinónimo de objetivos no alcanzados y promesas incumplidas.' Parte de la culpa se atribuye a factores ajenos a los gobiernos de la UE. El informe señala que 'la tinta del acuerdo apenas se había secado cuando implosionó la burbuja del mercado mundial de reservas, cuyo epicentro fue el colapso de los precios sobrevalorados de las acciones de las empresas dotcom (de realidad virtual) y de telecomunicaciones de EE.UU. en medio de una gran negligencia corporativa y financiera. No obstante, el grupo de alto nivel considera que, a pesar de un entorno económico global desafiante como telón de fondo, los Estados Miembros podían y debían haber hecho algo más para alcanzar sus objetivos. Se critica a los gobiernos por no haberse tomado suficientemente en serio la aplicación de unas medidas tomadas de común acuerdo, quizás debido a la ausencia de presión política por parte de los parlamentos nacionales y los ciudadanos, que no han participado lo suficiente en el proceso de Lisboa. El informe culpa también a la mala coordinación, una agenda sobrecargada y prioridades contrapuestas. El resultado inevitable es que se han perdido muchos objetivos de la agenda de Lisboa. A pesar de la evidente sensación de decepción, el informe subraya que Lisboa no constituye una imagen de absoluta melancolía, como algunos la quieren pintar.' Se ha avanzado de forma considerable en el campo del empleo y en la difusión de la información y las tecnologías de la información y las comunicaciones (TIC) a las escuelas, las empresas y los hogares. El grupo de alto nivel considera claramente que la de Lisboa es la agenda adecuada para conseguir los objetivos comunitarios en materia de economía, sociedad y medio ambiente. Tanto en lo que se refiere a esperanza de vida, como a mortandad infantil, desigualdad de rentas o pobreza, Europa presenta unos índices mucho mejores que EE.UU. [...] La agenda de Lisboa va en buena dirección, pero se requiere una mayor urgencia en su aplicación. El grupo se muestra contrario a retrasar la fecha límite de 2010, que ahora parece inalcanzable, a una fecha posterior, afirmando que el objetivo actual es necesario para impulsar a los Estados Miembros a la acción. En cuanto a la forma que debería adoptar la acción, el grupo de alto nivel tiene claro cuáles son las prioridades: Europa, en resumen, debe centrarse en el crecimiento y el empleo para cumplir los objetivos de Lisboa, señala. También hace falta aclarar más la estrategia, ya que en la actualidad Lisboa abarca todo y por tanto no abarca nada. Es responsabilidad de todos y por tanto de nadie.' En una perspectiva general del crecimiento y el empleo, el grupo del Sr. Kok identificó cinco campos políticos amplios: la materialización de la sociedad del conocimiento, la finalización del mercado interno y la promoción de la competencia, como servicios financieros; el establecimiento de un clima favorable a las empresas y el comercio; la construcción de un mercado laboral adaptable y global; y la promoción con fuerza de estrategias económicas medioambientales que beneficien a todos. Dentro de cada campo político, el informe hace una serie de recomendaciones. Por ejemplo, respecto a construir una verdadera sociedad del conocimiento, el grupo insta al Consejo a reducir los obstáculos que actualmente impiden a los investigadores trasladarse a la UE o moverse dentro de la Unión, a crear un Consejo Europeo de Investigación (ERC) para financiar la investigación fundamental, y a aprobar o descartar las propuestas de creación de la Patente Comunitaria. Sin embargo, tras haber aprendido en la primera mitad del arduo proceso de Lisboa que disponer de las estrategias y objetivos políticos adecuados no constituye ninguna garantía de éxito, el grupo de alto nivel detalla varias propuestas para hacer funcionar la agenda de Lisboa. En primer lugar, una cooperación más estrecha entre las diferentes partes interesadas en el proceso de Lisboa, desde parlamentos nacionales y ciudadanos a organizaciones sociales, que deben comprometerse a animarse y apoyarse entre sí y a presionar más a sus gobiernos para conseguir las reformas necesarias. Se exige a los Estados Miembros que elaboren programas nacionales para que puedan comprometerse a cumplirlos, mientras que la Comisión debería revisar y evaluar el progreso de los mismos, y estar dispuesta a identificar con nombres y apellidos a cumplidores e infractores. 'Hay demasiado en juego para respetar las sensibilidades de los que persiguen la consecución del bien común europeo, advierte el informe. La conclusión del informe va claramente dirigida a los gobiernos nacionales de Europa, y confirma que, en opinión del grupo de alto nivel, es en este ámbito dónde se deben realizar las mejoras más importantes. Resta importancia a la tarea, señalando que el programa de reformas que se describe en este informe es eminentemente viable y conseguirá mejoras. Hay que comprenderlo y explicarlo con claridad, y después cumplirlo.' El mensaje final se dirige a los dirigentes europeos que se reunieron en Bruselas el 4 de noviembre para debatir el informe un día después de su publicación. 'Al final, gran parte de la estrategia de Lisboa depende del progreso realizado en las capitales nacionales: ningún método ni procedimiento europeo puede cambiar esta regla básica. Los gobiernos, y en concreto sus líderes, no deben eludir sus responsabilidades. Está en juego nada más y nada menos que la prosperidad del modelo europeo en el futuro.'

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