Un proyecto comunitario investiga la relación entre el cáncer en los niños y la exposición a los productos químicos
Socios de 25 instituciones de 16 Estados miembros de la UE van a investigar cómo la exposición a los productos químicos presentes en los alimentos y el medio ambiente durante el periodo de gestación está relacionada con el cáncer en los niños y los desórdenes inmunológicos. El número de niños que han desarrollado un cáncer y un desorden inmunológico como el asma y el eczema ha aumentado en las últimas décadas a nivel mundial. La leucemia infantil, concretamente, ha aumentado y como explica el coordinador del proyecto, Profesor Jos Kleinjans de la universidad de Maastricht (Países Bajos), este fenómeno tiene que tener una causa. Existen dos hipótesis: que el aumento en el número de enfermos de cáncer se deba a cambios en los genes humanos o a cambios en el medio ambiente. Los cambios biológicos son poco probables por lo que es posible que la causa del aumento se deba al medio ambiente. Existe, sin embargo, una falta de conocimiento respecto a la posible conexión entre el medio ambiente y la enfermedad y esto será precisamente lo que tratará de remediar el proyecto New Generis. Por ejemplo, no existen pruebas concluyentes que indiquen que el hecho de que una mujer embarazada fume vaya a afectar a sus hijos. Pero se sabe que el humo del tabaco contiene propiedades cancerígenas. El objetivo final del proyecto es contribuir a mejorar la salud de los niños mediante datos que lleven a la realización de mejores políticas de salud, normas sobre los alimentos más eficaces y niveles más altos de calidad alimentaria. Los socios del proyecto estudiarán la exposición de las madres durante el embarazo a diversos productos químicos cancerígenos e inmunotóxicos como los hidrocarburos aromáticos policíclicos (presentes en los alimentos preparados, el aire contaminado y el humo del tabaco); las aminas heterocíclicas (alimentos preparados); los nitrosaminas (alimentos, el agua y el humo del tabaco); las archilamidas (alimentos preparados); las micotoxinas (alimentos contaminados); las dioxinas (alimentos y el aire contaminados); PCB (alimentos y el aire contaminados); y etanol (alcohol). Los investigadores no intentarán sólo confirmar la presencia de estos productos químicos en la sangre de las madres y de los niños sino ir más allá y establecer las consecuencias biológicas de la exposición a estos productos. La mayor parte del trabajo de investigación se realizará utilizando biomarcadores. La dificultad en establecer la relación entre el cambio en el modo de desarrollo de la enfermedad y los factores medioambientales es que tras la exposición puede pasar una década o más hasta desarrollar el cáncer. Por ejemplo, basta con mirar lo ocurrido en Hiroshima. Muchas de las personas que estuvieron expuestas a la radiación de la bomba atómica desarrollaron cáncer pero trascurrido un periodo de siete a diez años. Los biomarcadores permiten a los investigadores sortear el factor tiempo y analizar el riesgo biológico de contraer la enfermedad en lugar de la presencia de la enfermedad misma. Por ejemplo, se sabe que la causa del cáncer es el ADN dañado y los biomarcadores pueden detectarlo antes de que aparezca la enfermedad mediante el examen de muestras de sangre y orina. El proyecto estudiará también las exposiciones pertinentes del padre a los productos químicos. Este ámbito es relativamente nuevo aunque en Noruega y el Reino Unido ya se han realizado algunos trabajos de investigación. Ya se sabe que los productos químicos afectan a las células germinales a partir de las cuales se forma el esperma pero todavía no se sabe el impacto que esto puede tener en el feto. Los indicios de que la exposición de los hombres a la radiación y la posibilidad de que su descendencia desarrolle la enfermedad, indica que es posible que exista una relación. NewGeneris permitirá aumentar los conocimientos sobre la relación entre la exposición de los padres a los productos químicos y la salud de los niños gracias a la utilización de biomarcadores para analizar el esperma. Los investigadores utilizarán cohortes o biobancos de Noruega, Dinamarca, Reino Unido y España y más adelante crearán un biobanco en la isla griega de Creta. Los bancos juntos representarán un total de cerca de 300.000 pares de madres-hijos, lo que constituirá uno de los estudios más amplios de este tipo jamás realizado. Los mejores estudios de cohortes de Europa, desde el punto de vista científico, se encuentran en la Europa Septentrional y occidental mientras que los de Europa meridional y oriental son menos numerosos y más alejados entre ellos. El Profesor Kleinjans señaló a Noticias CORDIS que el proyecto NewGeneris permitirá quizá, en una fase más avanzada, desarrollar un biobanco en Europa del Este. Trabajar en un consorcio de 25 socios tiene sus retos y riesgos pero la magnitud del proyecto significa también que dispone de un presupuesto relativamente alto (15 millones de euros para un periodo de cinco años). Como subraya el Profesor Kleinjans, es necesario disponer de datos sobre un gran número de personas para obtener resultados concluyentes. Esto es muy costoso pero el amplio presupuesto del proyecto lo permite.
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Países Bajos