Un informe insiste en la necesidad de una legislación sobre la comunicación del riesgo
Un nuevo informe se adentra en el mundo de la comunicación del riesgo, que forma parte de un ámbito más amplio de relaciones públicas, y reclama una legislación que asegure que los organismos elaboran planes adecuados de comunicación del riesgo. La comunicación del riesgo se utiliza en una situación de crisis, emergencia o simplemente en iniciativas que conlleven algún riesgo. La última categoría es muy amplia, incluye todo, hasta la política estatal o incluso cualquier organización que pueda repercutir de alguna forma negativamente en una persona, como la salud, la economía u otros ámbitos. Actualmente no existen políticas a nivel de los Estados miembros o de la UE que obliguen a las organizaciones a tener paquetes elaborados de comunicación del riesgo. Al proyecto STARC, financiado a través del VI Programa Marco, se han incorporado instituciones de Francia (Electricit e INERIS); Suiza (Instituto para la protección y seguridad de los ciudadanos - IPSC, y el Consejo Internacional de Administración de Riesgos); Reino Unido (Trilateral Research & Consulting); y Alemania (Instituto de Alemania del sur de investigación social empírica) con el fin de que analizar cómo se gestiona la política de comunicación del riesgo en la UE. El proyecto apuesta por la necesidad de políticas, al menos, en determinadas áreas. Las razones aducidas son las siguientes: - los peligros y riesgos irán siempre en aumento, debido principalmente al cambio climático y la inestabilidad. - las escasas políticas en vigor no son coherentes ni sistemáticas y quedan excluidos los interesados. - los responsables de la gestión del riesgo necesitan directrices políticas. - la política de Evaluación de Impactos de la UE es insuficiente. David Wright de Trilateral Research and Consulting y autor del informe, se apresuró a señalar que la comunicación del riesgo es un tema pluridisciplinario y, como tal, complejo, en el que participan una serie de interlocutores, como ciudadanos, entidades de medios de comunicación y otras organizaciones relevantes. "Para mi fue curioso descubrir que no existían políticas o directrices sobre la comunicación del riesgo, a pesar de la complejidad de la cuestión y de los riesgos en sí. Hay dos legislaciones, la Directiva Seveso II y el Convenio de Aarhus que llegan a aproximarse, ambas son útiles pero son también limitadas. La Directiva trata sólo del riesgo industrial y el Convenio de Aarhus sobre el impacto medioambiental, y no existe un instrumento que aborde un rango completo de riesgos, desde los desastres causados por el ser humano a los naturales o el terrorismo". "Desde un punto de vista profesional, la comunicación se suele orientar principalmente hacia los riesgos y no se realiza distinción alguna entre la comunicación de emergencia y la de riesgos, algo que es importante a la hora de adoptar decisiones sobre las operaciones a realizar y en la creación de los canales físicos", declaró. La Organización Internacional de Normalización (ISO) tiene una definición estandarizada de comunicación del riesgo que hace hincapié en el intercambio de información en vez de dar simplemente publicidad al hecho. Durante la elaboración del informe, dos acontecimientos sirvieron como casos de estudio del funcionamiento de la comunicación: las bombas del 7 de julio de Londres y los efectos del huracán Katrina en Louisiana. "El huracán Katrina conmocionó todas las formas de comunicación. Los periódicos no podían lanzar sus ediciones, la gente no tenía acceso a la información". Las repercusiones fueron en general negativas. Por el contrario, la involucración de los medios y el intercambio de información fueron muy elevados durante los ataques terroristas sufridos el 7 de julio en Reino Unido, la gente pudo tomar decisiones conscientes y reaccionar de forma acorde, y la noticia a pie de calle pudo llegar a las agencias pertinentes. La cuestión principal, sin embargo, reside en la confianza depositada por los ciudadanos en la comunicación del riesgo. Los que tengan memoria se acordarán cómo cínicamente responsables de prensa del Reino Unido calificaron el 11 de septiembre de 2001 "un buen día para enterrar las malas noticias". El hecho de que el funcionario responsable de prensa fuera despedido y públicamente vilipendiado aporta no obstante cierta credibilidad al sistema. Las meteduras de pata destacable como ésta hacen recordar a los que trabajan en el ámbito de la comunicación del riesgo que deben "reconocer el proceso e intentar minimizar el conflicto después", según el Sr. Wright. Europa tiene una sólida cultura participativa y en la comunicación tienen que estar integrados todos los interlocutores relevantes. "Por ejemplo, las ONG y la sociedad civil puede que tengan un punto de vista diferente en el análisis de un riesgo. Deben poner sobre la mesa sus valores, estos grupos aportan también ideas que hay que tener en cuenta", declaró el Sr. Wright. La participación de los medios de comunicación es de crucial importancia ya que representa algo más que un conducto de información, también es una pasarela, de transmisión de información y de fijación de la agenda pública. El informe sitúa en un lugar preferente de la administración más general de riesgos la función de la comunicación, moviéndose de "la fase previa de evaluación, de análisis de riesgos, de evaluación de riesgos y gestión. La comunicación del riesgo debería aportar las referencias necesarias entre estas fases para mejorar la eficacia general y la solidez de la administración de riesgos", señala el informe. Cuando se realizan decisiones de riesgo, es siempre aconsejable leer la letra pequeña, y los autores lo afirman así también en su artículo. "Aunque la mayoría de los profesionales pueden considerar el "riesgo" como algo negativo, el riesgo tiene un aspecto positivo también, como el otro lado de la cara. Si no existieran los riesgos, no habría cambio social o movimiento cultural, ni innovaciones tecnológicas, ni tampoco evolucionaría la economía. Los ciudadanos, independientemente de su función social asumen riesgos individual o colectivamente cuando invierten con la esperanza de ser recompensados por los riesgos adoptados, en términos económicos o por medio de la experiencia adquirida y otros avances", señala el informe. El informe es el resultado del primer paquete de trabajo de STARC. Las ediciones siguientes examinarán primero los enfoques nacionales sobre la comunicación del riesgo para proponer después métodos de mejores prácticas antes de elaborar el informe final, previsto para julio de 2006, en el que se presentará una comparativa de los enfoques nacionales.
Países
Suiza, Alemania, Francia, Italia, Reino Unido