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El equilibrio de carbono de los bosques del norte, influido por las actividades humanas

Las actividades humanas están teniendo grandes repercusiones en el equilibrio del carbono de los bosques del hemisferio norte, según una nueva investigación realizada en el marco del proyecto CarboEurope, financiado por la UE. Un artículo publicado en la revista Nature y ela...

Las actividades humanas están teniendo grandes repercusiones en el equilibrio del carbono de los bosques del hemisferio norte, según una nueva investigación realizada en el marco del proyecto CarboEurope, financiado por la UE. Un artículo publicado en la revista Nature y elaborado por un equipo internacional de investigadores dirigidos por Federico Magnani, de la Universidad de Bolonia, muestra que los humanos estamos influyendo en el equilibrio del carbono de los bosques del norte, tanto directamente, mediante actividades de gestión forestal, como indirectamente, por la contaminación con nitrógeno. Durante la fotosíntesis, los árboles absorben CO2 (dióxido de carbono) de la atmósfera y emiten oxígeno. Sin embargo, los árboles también respiran, liberando CO2 en la atmósfera. Al mismo tiempo, la descomposición de materia orgánica en el suelo de los bosques también genera CO2. Cuando las condiciones son las adecuadas, los bosques absorben más CO2 del que emiten, lo que los convierte en sumideros de carbono. La comunidad investigadora se está esforzando por comprender los factores que controlan el equilibrio que existe entre la absorción y la emisión de CO2. En este último estudio, los científicos investigaron el equilibrio del carbono de los bosques templados y boreales del oeste de Europa y de Norteamérica. Como esperaban, observaron que las actividades de gestión forestal eran responsables de una gran proporción de las variaciones en el equilibrio de carbono registradas en los bosques estudiados. Cuando se altera una zona de bosque, normalmente actúa como fuente de carbono durante unos años hasta que vuelve a servir como sumidero de carbono. Sin embargo, tras constatar los efectos de la gestión forestal y la alteración de los bosques, se observó que el principal factor potenciador de la eliminación de carbono por parte de los bosques es la deposición de nitrógeno que causan las actividades humanas. «Como consecuencia de la contaminación atmosférica por nitrógeno activo procedente de los motores de combustión interna, de fábricas y de la agricultura intensiva, el planeta entero recibe una dosis anual de lo que puede considerarse abono nitrogenado», explicó el profesor Magnani. «Éste viene, por ejemplo, con la lluvia, la nieve y la niebla.» Relacionando la absorción de CO2 con la deposición de nitrógeno, los investigadores lograron revelar que por cada kilogramo de nitrógeno que cae sobre los bosques en forma de lluvia, se absorben cuatrocientos kilogramos más de carbono de la atmósfera. «Este efecto doble de las actividades humanas sobre los bosques, al promover la emisión de carbono mediante la gestión forestal y aumentar la absorción de carbono con la contaminación por nitrógeno, no es más que una muestra del modo en que las actividades antropogénicas repercuten en el medio ambiente del planeta de forma distinta a la pretendida», aseveró el profesor Magnani. «Los bosques, que a menudo se consideran ecosistemas vírgenes, en realidad están condicionados profundamente por el ser humano.» Como señala Peter Högberg, de la Universidad Sueca de Ciencias Agrícolas, en un artículo complementario, este estudio plantea una serie de preguntas importantes. «¿Deberían los bosques abonarse con nitrógeno para que absorban más CO2 de la atmósfera?», pregunta. «¿Y debería incluirse, entre las estrategias para reducir los niveles de emisiones de CO2, la fertilización de los bosques para generar más productos derivados de la madera en sustitución de los combustibles fósiles, o reemplazar el hormigón como material de construcción (puesto que durante su producción se generan grandes cantidades de CO2)?» No obstante, advierte de que se necesita seguir investigando para comprender la amplitud de las repercusiones medioambientales de la fertilización artificial de nuestros bosques.

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