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Un estudio desvela el grado de deshielo del permafrost

De acuerdo con una nueva investigación de un equipo internacional de científicos, el permafrost, en su lento proceso de deshielo, liberará en la atmósfera más gases de efecto invernadero que lo que se había calculado. En un artículo publicado en la revista Bioscience, los in...

De acuerdo con una nueva investigación de un equipo internacional de científicos, el permafrost, en su lento proceso de deshielo, liberará en la atmósfera más gases de efecto invernadero que lo que se había calculado. En un artículo publicado en la revista Bioscience, los investigadores estiman que en el permafrost de las regiones circunpolares boreales hay almacenados hasta 1.672 petagramos de carbono (un petagramo equivale a 1.000 millones de toneladas). Esta estimación, que tiene en cuenta el carbono almacenado en las profundidades del permafrost, dobla con creces las estimaciones anteriores relativas a la misma región. Se trata de un volumen dos veces mayor que la del sumidero de carbono troposférico al completo. Además, los científicos predicen que, al deshacerse el permafrost, el dióxido de carbono liberado será más o menos equivalente a la mitad de lo que se libera al cambiar el uso del suelo, como se produce en el caso de la deforestación. Los investigadores advierten de que «a pesar de los mecanismos que pueden compensar parcialmente algunos de los efectos que el deshielo del permafrost tiene sobre el clima, la emisión de carbono a la atmósfera probablemente sea cuantiosa durante el próximo siglo». El permafrost es el suelo que permanece congelado por debajo de los 0 °C durante al menos dos años seguidos. Se encuentra de forma generalizada en el Ártico y las regiones adyacentes, y supone más de la quinta parte de la tierra firme del hemisferio norte. En este suelo congelado, los procesos que liberan carbono a la atmósfera, como puede ser la descomposición, se producen a una velocidad muy lenta. Con el calentamiento del planeta, el permafrost se derrite y la descomposición se acelera, liberando gases de efecto invernadero a la atmósfera. Algunos modelos climáticos sugieren que las regiones árticas podrían llegar a experimentar una subida de hasta 8 °C en la temperatura antes de que concluya el siglo. Ya se pueden observar algunos de los efectos del deshielo del permafrost en los accidentes geográficos denominados termokarsts, diseminados por zonas de Alaska y Siberia. Allí, depresiones y dolinas irregulares en el terreno señalan las áreas en las que el permafrost ha desaparecido, provocando la subsidencia de la superficie. En áreas boscosas, esto provoca que los árboles se inclinen en extraños ángulos que crean los llamados «bosques borrachos». Las carreteras y las casas localizadas en lo que antes eran terrenos de permafrost tienen riesgo de inclinarse y hundirse si debajo de sus cimientos se forma un termokarst. En este estudio, los investigadores tuvieron en cuenta los complejos procesos que ocasionan la mezcla de distintos estratos del suelo a distintas profundidades al fundirse y congelarse el permafrost, puesto que, cuando se produce este proceso, el suelo se voltea y saca materia orgánica a la superficie. Al retirarse el permafrost, lo más probable que ocurra es que los árboles se desplacen a nuevas áreas, absorbiendo dióxido de carbono en el proceso. En cualquier caso, los científicos avisan de que esto no contrarrestará el carbono liberado debido al deshielo del permafrost. Este estudio es una contribución al grupo de trabajo «Vulnerabilidad del carbono del permafrost» del Año Polar Internacional, que está activo durante 2007 y 2008.

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