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Se necesita más investigación para combatir la tuberculosis multirresistente

La tercera parte de la población mundial está infectada por la tuberculosis (TB) y, pese a los denodados esfuerzos por combatirla, ésta sigue planteando una grave amenaza para la salud pública en general y las personas en particular de todo el planeta. En los últimos años la...

La tercera parte de la población mundial está infectada por la tuberculosis (TB) y, pese a los denodados esfuerzos por combatirla, ésta sigue planteando una grave amenaza para la salud pública en general y las personas en particular de todo el planeta. En los últimos años la lucha no ha hecho sino recrudecerse, pues una nueva cepa de tuberculosis multirresistente (MDR-TB) se ha erigido en una grave amenaza. La ciencia podría dar con una solución para combatir esta nueva cepa, pero es necesario profundizar en las investigaciones para optimizar el tratamiento más adecuado. Al respecto se ha realizado un estudio financiado en parte por el proyecto TB PAN-NET («Red paneuropea para el estudio y la gestión clínica de la tuberculosis farmacorresistente»), al que se concedió una financiación de casi 11 millones de euros en virtud del tema de Salud del Séptimo Programa Marco (7PM) de la Unión Europea. Según un grupo internacional de investigación llamado Collaborative Group for Meta-Analysis of Individual Patient Data in MDR-TB («Grupo colaborativo para el metaanálisis de datos de pacientes individuales con MDR-TB»), el uso de fármacos más nuevos, la disponibilidad de un mayor número de medicamentos eficaces y la prolongación de los regímenes de tratamiento son factores que podrían asociarse a una mejor supervivencia de estos pacientes. Su investigación se ha publicado en PLoS Medicine. En 2010 enfermaron de TB 8,8 millones de personas y fallecieron por esta causa 1,4 millones, por lo que se trata del segundo agente infeccioso único más letal del mundo. Más de 95 % de las muertes se concentran en países de rentas medias y bajas, motivo por el que muchos de los residentes en el primer mundo creen estar a salvo. Lo cierto es que ningún país ha conseguido erradicar esta enfermedad y, según estadísticas de la Organización Mundial de la Salud (OMS), sólo en Europa se producen 49 casos nuevos de TB y 7 muertes por la misma causa cada hora. Los esfuerzos mundiales por controlar la TB se ven socavados por la aparición de cepas resistentes a varios antibióticos, como la rifampicina y la isoniacida, los medicamentos contra la tuberculosis más potentes y usados normalmente como primera línea de tratamiento. El tratamiento de la MDR-TB es largo, tóxico, caro y la respuesta a él en la mayoría de pacientes ha sido deficiente. También es importante destacar que aún no se han determinado regímenes de tratamiento óptimos para esta cepa y que los tratamientos correspondientes tampoco se han sometido a ensayos controlados aleatorios. En algunos países resulta cada vez más difícil tratar la MDR-TB. Las opciones de tratamiento son limitadas y no siempre se puede acceder a los medicamentos recomendados. En algunos casos están surgiendo patógenos de la TB incluso más resistentes a los fármacos. La bacteria de la TB extremadamente resistente a los fármacos, XDR-TB, es una variante de la MDR-TB que responde a aún menos de los medicamentos disponibles. Los investigadores integrantes del grupo colaborativo mencionado reunieron datos sobre la evolución clínica de 9 153 pacientes de 32 centros en un intento por dilucidar la manera más eficaz de tratar la MDR-TB. Así descubrieron que el uso de ciertos fármacos, el empleo de cuatro o más medicamentos eficaces y la duración del tratamiento repercutían en el grado de éxito del tratamiento. Los autores concluyeron que «este metaanálisis de datos de 9 153 pacientes individuales sugiere que el tratamiento de la MDR-TB debería incluir quinolona de nueva generación y etionamida o protionamida. En los pacientes que nunca han recibido medicamentos «de segunda línea» de intervención, el número óptimo de medicamentos probablemente eficaces parece ser de al menos cuatro en la fase intensiva inicial y de al menos tres en la fase de continuación. La duración de la terapia a la que se asoció la mayor probabilidad de éxito fue de entre 7 y 8,5 meses durante la fase intensiva inicial y de entre 25 y 27 meses en conjunto. A pesar de todo, los autores piden cautela a la hora de interpretar los resultados dadas las limitaciones inherentes a los métodos y a los tipos de datos utilizados en su estudio. En concreto, los autores señalan: «Ante las graves limitaciones de estos datos observacionales, se debe considerar que estos hallazgos han sacado a relucir varias cuestiones importantes de cara a futuros ensayos clínicos. Entre dichas cuestiones figuran la función y la elección de los inyectables (medicamentos que se deben administrar por vía intravenosa), la duración óptima de un inyectable y de la terapia total, y el valor potencial de las quinolonas de nueva generación así como de ciertos medicamentos de los grupos 4 y 5.»Para más información, consulte: PLOS Medicine: http://www.plosmedicine.org/article/info%3Adoi%2F10.1371%2Fjournal.pmed.1001300 Página de la OMS sobre la tuberculosis: http://www.who.int/topics/tuberculosis/es/