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Centrales nucleares en zonas con riesgo de maremotos

El 11 de marzo de 2011 un maremoto alcanzó la costa este de Japón ante la mirada atónita de todo el planeta por su increíble poder destructivo. La ola gigante se produjo a consecuencia de un terremoto con epicentro en el océano al este de Japón que llegó a los 9,0 puntos en la...

El 11 de marzo de 2011 un maremoto alcanzó la costa este de Japón ante la mirada atónita de todo el planeta por su increíble poder destructivo. La ola gigante se produjo a consecuencia de un terremoto con epicentro en el océano al este de Japón que llegó a los 9,0 puntos en la escala de Richter, el mayor que jamás ha sufrido dicho país. El maremoto generado barrió ciudades y cultivos en la zona norte del país y mató a cerca de 20 000 personas. Tras la estela del maremoto se produjo otra catástrofe, la de la central nuclear de Fukushima Daiichi, considerada como el accidente nuclear de mayor gravedad desde el de Chernóbil en 1986. La comunidad científica interpretó este accidente en Japón como una llamada de atención y un equipo de científicos evaluó varias zonas «potencialmente peligrosas» en las que existen centrales nucleares terminadas o en construcción. Esta labor de detección de zonas de riesgo alto servirá para poner en marcha planes de contingencia que eviten catástrofes similares. El estudio es el primero en investigar la ubicación de las centrales nucleares y relacionar esta información con el riesgo de que se produzcan maremotos. «Se trata de la primera visión de la distribución mundial de centrales nucleares civiles situadas en primera línea de costa y expuestas a tsunamis», explicó José Manuel Rodríguez Llanes, coautor del estudio e investigador en el Centro de Investigación en Epidemiología de Desastres (CRED) de la Universidad Católica de Lovaina (Bélgica). Los autores se basaron en el registro histórico, arqueológico y geológico, además del instrumental, para establecer el riesgo de maremotos. Su estudio, publicado en Natural Hazards, incluye un mapa de las zonas geográficas del planeta que presentan un riesgo mayor de sufrir maremotos de gran tamaño. Basándose en estos datos, se han identificado 23 centrales nucleares -incluida Fukushima I- con 74 reactores en áreas de alto riesgo. De ellas, 13 centrales con 29 reactores están activas; otras 4, que ahora cuentan con 20 reactores, se están expandiendo con 9 más; y hay 7 nuevas centrales en construcción con 16 reactores. A pesar de que el riesgo de estos desastres naturales amenaza a prácticamente toda la costa oeste del continente americano, la costa atlántica hispano-portuguesa y norteafricana, el Mediterráneo oriental y zonas de Oceanía, es sobre todo en el sur y sureste asiático donde la amenaza es mayor por la presencia de centrales atómicas. Para Debarati Guha-Sapir, también coautora del estudio e investigadora en el CRED, «el impacto de los desastres naturales se está agravando, debido a su creciente interacción con instalaciones tecnológicas». En China, una de las economías de mayor crecimiento del mundo, la cantidad de reactores nucleares en construcción es la más elevada del planeta. Unos 27 de los 64 reactores nucleares que en la actualidad están en construcción en el mundo se encuentran en China. «Pero más importante aún es el hecho de que 19 -2 de ellos en Taiwán- de los 27 reactores se están construyendo en zonas identificadas como peligrosas», afirmaron los autores en el estudio. En el caso de Japón, que fue la motivación para realizar este estudio, son siete las centrales que están en riesgo con diecinueve reactores, de los que uno está en la actualidad en construcción. Corea del Sur está ahora ampliando dos centrales en riesgo con cinco reactores. India (dos reactores) y Pakistán (un reactor) también podrían sufrir las consecuencias de un maremoto en sus centrales. «El emplazamiento de las instalaciones nucleares no sólo tiene implicaciones para los países que las alojan, sino que también compete a los territorios que podrían verse afectados en caso de fuga radioactiva», apuntó Joaquín Rodríguez Vidal, autor principal e investigador en el Departamento de Geodinámica y Paleontología de la Universidad de Huelva (España). Según el trabajo, se deberían aprender lecciones del accidente de Fukushima. Para los autores, la prevención y los estudios científicos previos son las mejores herramientas para evitar este tipo de catástrofes. «Pero desde el tsunami de 2004 en el Océano Índico no se han tomado medidas políticas efectivas», advierten los investigadores. La crisis de Fukushima ocurrió en un país muy desarrollado, con uno de los niveles más altos de conocimiento científico e infraestructura tecnológica. «De haber ocurrido en un país menos equipado para gestionar las consecuencias de la catástrofe, el impacto hubiese sido mucho más grave para el mundo», afirman los expertos. Por ello, el profesor Rodríguez Vidal aconsejó elaborar análisis más locales en los que se tenga en cuenta la amplificación sísmica de cada central nuclear y determinar las adaptaciones necesarias en las instalaciones estudiadas.Para más información, consulte: Natural Hazards: http://earthobservatory.nasa.gov/NaturalHazards/ Centro de Investigación en Epidemiología de Desastres (CRED): http://www.cred.be/

Países

Bélgica, España, Japón

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