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Un estudio investiga cómo la contaminación acústica de origen humano afecta a las aves

Los sonidos producidos por las actividades humanas, el ruido antropogénico, pueden alterar la impresionante cohesión y coordinación de las aves que se desplazan juntas, lo cual es fundamental para ayudarlas a evitar depredadores e intercambiar información de forma social. Reducir la capacidad de escuchar sonidos naturales podría suponer la diferencia entre la vida y la muerte de muchas especies.

Investigación fundamental

El ruido antropogénico es omnipresente en la naturaleza y, además de generar estrés en las aves, amenaza la abundancia y riqueza de las especies. Aunque sigue siendo una incógnita de qué modo el ruido antropogénico reduce la biodiversidad y contribuye a una mayor mortalidad, la opinión generalizada es que al hacerlo se ocultan señales importantes como canciones y llamadas de alerta sobre depredadores. La pérdida de biodiversidad se puede producir muy rápido, incluso en unos cuatro días tras la aparición del ruido.

Llamadas de contacto en el epicentro

Un tipo de llamada que normalmente usan muchas especies es la «llamada de contacto», aparentes sonidos irregulares que usan las aves para que otros miembros de su especie sepan su ubicación y coordinen movimientos en grupo. La llamada de contacto es especialmente importante en hábitats con obstáculos visuales, como en los bosques. Estas llamadas viajan mucho más lejos en estos tipos de hábitats y pueden ofrecer información sobre muchos individuos diferentes a la vez. «Aunque se entiende mejor la coordinación vocal del movimiento en grupo en los mamíferos, las pruebas sobre cómo funcionan las llamadas para mantener la cohesión de grupo y coordinar el movimiento del grupo en especies de aves sociales son escasas», indica Nora Carlson, beneficiaria de una beca individual de investigación Marie-Curie y coordinadora del proyecto GROUP MOVEMENT.

Un bonito conjunto de experimentos

El proyecto GROUP MOVEMENT tenía como objetivo obtener una mayor comprensión sobre cómo los individuos en una bandada usan las llamadas de contacto para mantener el contacto y coordinar el comportamiento grupal, sobre cómo el entorno visual puede cambiar la calidad de las llamadas de contacto (especialmente cuando los individuos no pueden verse) y sobre cómo el ruido antropogénico afecta a su comunicación. Los investigadores querían encontrar las respuestas a esas preguntas llevando a cabo una serie de experimentos que implicaban la variación diaria de las características acústicas y visuales en un entorno interior. Para ello, se utilizó la instalación Imaging Barn a fin de estudiar el comportamiento colectivo de grupos de individuos que se mueven libremente. Imaging Barn es una pajarera de 15 x 7x 6 m3, equipada con tecnología vanguardista de proyección y seguimiento, donde las aves vuelan en libertad. Asimismo, incluye 32 cámaras infrarrojas de Vicon para la captación de imágenes en movimiento, cámaras rojo-verde-azul (RGB, por sus siglas en inglés) para desarrollar la visión artificial, además de un seguimiento pasivo y activo de la posición acústica. «Se ubicó cada una de las bandadas en este entorno de pruebas durante cuatro días y experimentaron a diario diferentes entornos: claros y silenciosos, desordenados y silenciosos, claros y ruidosos, así como desordenados y ruidosos. Colocamos obstáculos por las diferentes partes del área de búsqueda de alimentos y un obstáculo entre las zonas donde las aves se posan y buscan alimentos. En condiciones claras estos obstáculos eran transparentes, lo que permitía a las aves ver toda la zona, mientras que en condiciones de desorden los obstáculos eran opacos», explica Carlson. Un conjunto de treinta micrófonos montados en el techo registraron todos las llamadas realizadas por las aves en ausencia de una fuente de ruidos y como respuesta al ruido de la carretera. El conjunto permitió a los investigadores determinar el origen del sonido de cada ave. Gracias a la colocación de mochilas con diferentes patrones de marcadores reflectantes por infrarrojos en cada ave, los investigadores pudieron hacer un seguimiento de la posición de todos los individuos en la bandada con una precisión submilimétrica. El equipo del proyecto aún no ha comunicado ningún hallazgo dado que sigue procesando y analizando los datos experimentales. «Al entender mejor cómo los individuos usan las llamadas para coordinar el movimiento de grupo, y como el ruido generado por los humanos afecta a la capacidad del grupo para mantener la cohesión y la coordinación, en última instancia esperamos desarrollar soluciones para ruidos de origen humano que enmascaran la comunicación animal», concluye Carlson.

Palabras clave

GROUP MOVEMENT, aves, llamadas de contacto, cohesión, coordinación, ruido antropogénico, biodiversidad, Imaging Barn

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