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Cómo determinan las «pequeñas herramientas» el éxito o fracaso de la bioeconomía

El éxito de la bioeconomía depende de una amplia gama de elementos, que abarcan desde directrices políticas hasta estrategias de mercado y progresos tecnológicos. A base de analizar tantos de estos elementos como sea posible en un intervalo de cinco años, el proyecto LITTLE TOOLS podría ayudar a evitar cualquier percance.

Cambio climático y medio ambiente
Sociedad

De pequeñas bellotas crecen grandes robles. En la investigación relacionada con la bioeconomía, hay quien hace referencia a esas bellotas como «pequeñas herramientas», que incluyen, por ejemplo, documentos de estrategia, presupuestos, informes periciales, protocolos de investigación y algoritmos. Obviamente, estas pequeñas herramientas por separado no facilitarán un cambio social orientado hacia la bioeconomía, pero juntas, sin duda, contribuirán a él en gran medida. «Cuando se estudia la bioeconomía de cerca, resulta manifiesto que esta es posible gracias a un gran número de pequeñas herramientas, utilizadas en las administraciones públicas, los mercados y la ciencia. Los documentos son especialmente importantes en estos tres campos», afirma Kristin Asdal, del Centro Noruego de Tecnología, Innovación y Cultura. El bacalao del Atlántico lo ilustra bastante bien, motivo por el cual Asdal lo seleccionó para su investigación en el proyecto LITTLE TOOLS (Enacting the Good Economy: Biocapitalization and the little tools of valuation), financiado por el CEI. Desde la perspectiva de este nicho de mercado, la bioeconomía implica pasar del bacalao capturado en el mar a un bacalao domesticado, apto para la acuicultura. No es una tarea fácil: la reproducción del bacalao domesticado es difícil de controlar, ya que consigue escapar a través de las redes y contrae enfermedades fácilmente. Convertirlo en comercializable requiere reconfigurar aspectos biológicos y económicos. «Analizar de cerca una especie concreta nos permite trabajar sobre la forma en la que hay que estudiar la naturaleza —el bacalao en sí— y los mercados simultáneamente. Hemos propuesto la noción de “comodificación” para estudiar cómo funcionan y se modifican ambas características a la vez. En concreto, investigamos las pequeñas herramientas que utilizan las administraciones públicas, los mercados y la ciencia al mismo tiempo», explica Asdal.

Una red compleja

LITTLE TOOLS, cuya finalización está prevista para finales de año, se ha centrado esencialmente en recoger datos valiosos (las pequeñas herramientas de la bioeconomía) y analizarlos. La lista de herramientas consideradas va desde encuestas al consumidor y documentos de innovación hasta tecnologías de iluminación para jaulas de acuicultura. La idea es sencilla: sin comprender cómo funcionan estas herramientas y cómo están interrelacionadas en formatos más grandes, es difícil comprender cómo se logran —o fracasan— grandes transiciones tales como la bioeconomía en la práctica. El proyecto ya ha contribuido a ofrecer conocimientos relevantes sobre la evolución histórica de la bioeconomía y sus predecesores. Se trata de una historia profusa que nunca antes se había contado, como subraya Asdal. «Hemos elaborado un caso práctico exhaustivo en el que se analiza la comercialización del bacalao silvestre del Atlántico, junto con los esfuerzos para producir un bacalao domesticado viable. En otros casos prácticos se ha demostrado que la “bioeconomía azul” se basa en cálculos del valor económico de la producción futura. Un enfoque de este tipo es muy problemático en lo que respecta a las preocupaciones ambientales. En los pronósticos se da por hecho que todos los conflictos ambientales actuales se habrán resuelto sin siquiera tener en cuenta el coste ambiental de alcanzar el crecimiento esperado. En definitiva, corremos el grave riesgo de construir una bioeconomía que, en realidad, sea una amenaza para la naturaleza y el medio ambiente», añade Asdal. Así pues, ¿cómo podemos impedir que esto suceda? «Nuestra recomendación es ser más cautelosos en la etapa de planificación y evitar que se deje de lado el “principio de cautela” (la noción de que algo es peligroso hasta que se demuestre lo contrario) en favor de cálculos optimistas del potencial de crecimiento futuro», señala Asdal. Pero aún hay más. Asdal también insta a los políticos y a los organismos gubernamentales a adoptar un enfoque «holístico» para planificar la acuicultura, que tenga en cuenta activamente todas las consideraciones pertinentes y las equilibre con eficacia. «La intención es evitar que la naturaleza y el medio ambiente se definan simplemente como externalidades a la generación de valor económico. Tenemos que prestar atención en serio a la enorme presión que ejercen los proyectos de acuicultura sobre nuestros océanos, fiordos, ríos y poblaciones silvestres de bacalao, salmón, trucha y gamba». Asdal espera que el proyecto ayude a los responsables políticos a tomar decisiones con conocimiento de causa y a ser críticos con escenarios de crecimiento optimistas.

Palabras clave

LITTLE TOOLS, acuicultura, bioeconomía, bioeconomía azul, bacalao, Noruega

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