Una mayor resiliencia de la Unión Europea ante los ciberataques
La guerra híbrida es un término que se oye mucho ahora, y parece muy amenazador. Los últimos acontecimientos bélicos difuminan la línea divisoria entre «guerra» y «paz». Los ciberataques, la desinformación, las injerencias electorales y la coerción económica desestabilizan insidiosamente a los adversarios. El equipo del proyecto CYBERCOMM se propuso abordar un aspecto de la amenaza: la seguridad digital. El proyecto se centró en la ciberguerra como componente fundamental de las estrategias híbridas a varios niveles empleadas por agentes estatales hostiles y la delincuencia organizada para socavar la paz y la seguridad en Europa. «La ciberguerra híbrida no solo se ha convertido en parte integrante de la guerra moderna, sino que ahora es también una amenaza creciente para la población civil y las infraestructuras civiles críticas», explica el director del proyecto, Artem Galushko(se abrirá en una nueva ventana), que llevó a cabo su investigación con el apoyo de las Acciones Marie Skłodowska-Curie(se abrirá en una nueva ventana). Los ejemplos se ven con demasiada frecuencia. Se han producido ataques contra infraestructuras civiles como centrales eléctricas, instalaciones sanitarias, instituciones financieras y sistemas de gobernanza electrónica. El objetivo del proyecto era crear un planteamiento europeo común para contrarrestar la ciberguerra híbrida mediante la cartografía y el análisis de las mejores prácticas, políticas y normas cibernéticas que pudieran sentar las bases de la seguridad digital en Europa. «La lección aprendida de un ataque híbrido en un país es tiempo ganado cuando es fundamental una respuesta a escala europea basada en el conocimiento», afirma Galushko, que trabaja en la Universidad Ártica de Noruega(se abrirá en una nueva ventana).
Hacer frente a los ataques híbridos contra infraestructuras críticas
El equipo del proyecto pretendía encontrar un planteamiento común para hacer frente a los ataques híbridos contra infraestructuras críticas. Los ejemplos más recientes de este tipo de ataques son los perpetrados contra el operador ferroviario alemán Deutsche Bahn (DB), el sabotaje de las líneas de alta velocidad el día de la inauguración de los Juegos Olímpicos de Invierno en Italia y el intento de atentado contra las compuertas de la presa de Bremanger, en Noruega. «Mientras que el ejército era tradicionalmente responsable de la seguridad exterior, y la seguridad interior era prerrogativa de la policía, la ciberguerra híbrida rompe esta antigua línea divisoria de la seguridad debido a las fronteras cada vez más difusas entre Estados y ciberdelincuentes, guerra y crimen organizado, objetivos civiles y militares, y marcos nacionales e internacionales aplicables», añade Galushko. Con el fin de crear un planteamiento europeo común para hacer frente a la ciberguerra híbrida, el proyecto reunió al grupo de Derecho Penal y Seguridad(se abrirá en una nueva ventana) de la Universidad, que se vio reforzado por la participación de la Corte Penal Internacional(se abrirá en una nueva ventana) y otras partes interesadas clave para armonizar los enfoques actuales sobre ciberseguridad y guerra híbrida. Los investigadores realizaron entrevistas con profesionales y establecieron contacto con comunidades profesionales para identificar amenazas híbridas y establecer una colaboración interdisciplinaria en Eurasia. Para hacerse una idea de la opinión pública, se organizaron debates abiertos sobre los riesgos existentes durante las jornadas de investigación de la Universidad. Galushko preparó un análisis integral de las amenazas de guerra híbrida(se abrirá en una nueva ventana) en un volumen que cartografía las mejores prácticas, estrategias y formas de asociación para hacer frente a las amenazas híbridas en Europa.
Combatir la ciberguerra con una respuesta coherente y basada en valores a escala de la Unión Europea
Al adoptar un planteamiento basado en principios para la seguridad digital, explica Galushko, Europa puede establecer un modelo ejemplar de cooperación en el que la resiliencia digital no se logre a expensas de la libertad y los derechos humanos, sino a través de diversas asociaciones digitales. «Tales alianzas basadas en valores entre Europa y sus socios pueden proteger tanto la seguridad del Estado como las libertades fundamentales en países afines con distintos entornos políticos, sociales y económicos». El proyecto puso de relieve que las infraestructuras físicas críticas, como los centros sanitarios, educativos, energéticos y de transporte, así como las instituciones gubernamentales y financieras, no son el objetivo exclusivo de la guerra híbrida moderna. «La población civil, cuya resiliencia y vigilancia son indispensables para el funcionamiento ininterrumpido de estos sistemas, también está directamente en el punto de mira. Por consiguiente, basándose en la experiencia de Ucrania y otras regiones afectadas por conflictos, cualquier respuesta eficaz a la guerra híbrida debe incorporar iniciativas de concienciación y preparación diseñadas para reforzar la capacidad de los primeros intervinientes civiles», señala Galushko.