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Tender puentes entre la ciencia ciudadana y la legislación para proteger el medio ambiente

El marco pionero Nivel de preparación de datos para el cumplimiento medioambiental y un conjunto de herramientas digitales están ayudando a las autoridades públicas a aprovechar de forma transparente los datos generados por los ciudadanos.

La legislación medioambiental en toda Europa es estricta, pero, dados los recursos limitados, las autoridades no pueden supervisar de forma continua todos los ríos, bosques o emplazamientos industriales. A menudo son los ciudadanos quienes detectan primero la contaminación, los incendios o los cambios medioambientales inusuales, pero sus datos no siempre cumplen los requisitos legales para que las autoridades actúen. Ahora que se encuentra en su ecuador, el proyecto ENFORCE(se abrirá en una nueva ventana), de cuatro años de duración y financiado con fondos europeos, está conectando a ciudadanos, investigadores, organizaciones medioambientales, proveedores de tecnología y autoridades públicas para convertir las observaciones en pruebas en que los reguladores puedan confiar.

El cumplimiento medioambiental colaborativo en acción

Ocho estudios de caso en siete países están supervisando la contaminación, la calidad del agua, la contaminación del suelo, la gestión forestal, los residuos, la biodiversidad y los delitos medioambientales. «Estas actividades ya están sirviendo de base para la toma de decisiones normativas, a la vez que demuestran que el cumplimiento de la normativa medioambiental está estrechamente relacionado con la salud pública y las ciudades saludables», señala Chrysi Laspidou, profesora de ingeniería civil en la Universidad de Tesalia y coordinadora científica de ENFORCE. En East Devon, 100 voluntarios realizaron aproximadamente 3 850 estudios de calidad del agua. Estos datos se han combinado con los de la Agencia de Medio Ambiente y con imágenes de satélite para identificar los puntos críticos de contaminación. La Agencia está estudiando ahora cómo los datos generados por los ciudadanos pueden servir de base para las decisiones normativas. «En Barcelona, tres grupos de trabajo con múltiples partes interesadas que abordan la biodiversidad marina, los residuos de tabaco y cigarrillos electrónicos, y la contaminación marina por toallitas húmedas se han unido a la Oficina de Ciencia Ciudadana de la ciudad, donde están contribuyendo a la elaboración de protocolos comunes de seguimiento», añade Laspidou. Otro grupo de trabajo institucional está examinando la aplicación de las normas de responsabilidad ampliada del productor(se abrirá en una nueva ventana) a estos residuos.

Identificación de los pilares del éxito y las lagunas pendientes

Los laboratorios vivientes de cada zona objeto de estudio están ayudando a los equipos a generar confianza y a definir prioridades comunes con las partes interesadas locales; partir de la necesidad de cumplimiento normativo mejora la relevancia del trabajo técnico. Cuando las autoridades participan en la definición de cómo se recogen los datos de la ciencia ciudadana, son más propensas a tenerlos en cuenta. Del mismo modo, los ciudadanos se mantienen comprometidos cuando saben cómo se utiliza su aportación, por lo que es esencial garantizar una mejor retroalimentación. La primera fase del proyecto ha puesto de manifiesto diferencias en las normas sobre la admisibilidad de las pruebas entre países, así como un acceso desigual a los datos oficiales o históricos. Como se ha demostrado, la combinación de datos de los ciudadanos, datos oficiales y datos de satélite ofrece una visión más completa que cualquier fuente por sí sola.

Evaluación de la idoneidad de los datos

«Los datos generados por los ciudadanos no tienen por qué estar listos para ser presentados ante un tribunal; pueden servir para dar una alerta temprana u orientar una inspección mucho antes de respaldar una acción legal. Para hacer eso posible, ENFORCE está desarrollando el marco de Nivel de preparación de los datos para el cumplimiento medioambiental (EC-DRL, por sus siglas en inglés), inspirado en la escala del “nivel de madurez tecnológica”», explica Laspidou. El EC-DRL indica en qué medida un conjunto de datos está preparado para un fin determinado. El proyecto también está creando herramientas digitales y adaptando aplicaciones existentes, como GeoQuest(se abrirá en una nueva ventana), para notificar incendios forestales y vertidos ilegales. Una herramienta de inteligencia artificial explicable (IAE)(se abrirá en una nueva ventana) ayuda a los usuarios a examinar fotografías de residuos o especies y a ver cómo la IAE llegó a su conclusión. Todos los datos y herramientas se ajustan a los principios FAIR y al espacio de datos del Pacto Verde Europeo.

Los recursos facilitan la réplica y la ampliación

El consorcio está combinando los planes de acción de los estudios de caso en unas directrices de replicación más amplias, junto con protocolos comunes para garantizar la coherencia en la recopilación de datos y la presentación de informes de la ciencia ciudadana. ENFORCE Plaza, el centro en línea del proyecto, permitirá a usuarios de diversas disciplinas y a los ciudadanos encontrar en un mismo lugar datos y mapas medioambientales, herramientas de presentación de informes, orientación jurídica, recursos de formación e historias de éxito. Además, ENFORCE colabora con otros proyectos, como MoRe4nature, y ha aportado datos a las políticas de la Unión Europea, incluida la Ley de Economía Circular. La ciencia ciudadana no sustituye a las autoridades, sino que amplía su alcance con observaciones locales y frecuentes. «ENFORCE(se abrirá en una nueva ventana) está creando un puente práctico entre las observaciones de los ciudadanos y la acción oficial, poniendo a prueba cómo puede funcionar el cumplimiento medioambiental colaborativo y replicarse en otros lugares», concluye Laspidou.