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Carbon assimilation and modelling of the european land surface

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Contabilidad del carbono en Europa

El Instituto Max Planck de Bioquímica aplicó técnicas de inversión con el fin de calcular la cantidad de carbono emitida y retenida por los Estados miembros de la UE. El resultado es un instrumento que permite vigilar el cumplimiento del Protocolo de Kyoto.

A fin de comprender cómo afectará al clima mundial el incremento de las emisiones de dióxido de carbono, es necesario entender el ciclo del carbono en todo el planeta. Sin embargo, resulta prácticamente imposible medir el flujo de carbono que va de la biosfera a la atmósfera, sobre todo en una zona extensa como la Unión Europea. Así pues, los científicos recurren a la teledetección y la modelización. Para mejorar la precisión de estas técnicas aún imperfectas, el Instituto Max Planck de Bioquímica diseñó un «sistema de asimilación de datos sobre el ciclo del carbono» (CCDAS). Este Instituto aunó fuerzas con la Met Office del Reino Unido y otros siete institutos en el proyecto CAMELS, financiado por el Quinto Programa Marco. El CCDAS consiste en una metodología para preparar mediciones vía satélite de la vegetación de la superficie e incorporarlas a un modelo de ecosistemas terrestres (TEM). La parametrización de la superficie con el TEM, específicamente el plan MOSES (Met Office Surface Exchange Scheme) y el simulador JULES (Joint UK and Environment Simulator), produjeron estimaciones de los flujos correspondientes de carbono entre la biosfera y la atmósfera. Además, se aplicó un segundo enfoque por el cual se obtenían los niveles observados de CO2 atmosférico con un modelo climático global atmosférico (AGCM). Esto permitió averiguar la fortaleza de fuentes y sumideros de carbono concretos. La experiencia acumulada por el Instituto Max Planck de Bioquímica durante el proyecto CAMELS permitió a éste concluir que, si bien estas técnicas de inversión son transparentes y pueden aplicarse a escala de la Unión Europea, sigue habiendo ciertos obstáculos. Por ejemplo, la red de vigilancia del CO2 no es lo suficientemente densa. Además, las estimaciones relativas a la retención de CO2 debida a cambios en el uso del suelo (p. ej., proyectos de repoblación forestal) aún no pueden calcularse debidamente. Sin embargo, la capacidad de determinar el flujo neto de CO2 sí representa un avance considerable.

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