Convivir de forma responsable con los ecosistemas marinos
Europa posee un larguísimo litoral de gran belleza, sobre todo en la región mediterránea. Muchos asentamientos de la antigüedad han evolucionado hasta convertirse en extensas zonas metropolitanas que cuentan con estructuras marítimas urbanas como puertos comerciales, puertos deportivos, diques etc. Hasta ahora se ha hecho poco para evaluar el impacto de estas estructuras sobre los ecosistemas marinos. Para ello se creó el proyecto Marurbe («Desarrollo urbano sostenible: soluciones para promocionar el valor biológico y ecológico de las estructuras marinas urbanas»). En este marco se realizó una serie de experimentos para averiguar la capacidad de adaptación de algas marinas beneficiosas como Cystoseira barbata y de un tunicado invasivo y nocivo perteneciente a las ascidias . Las poblaciones de C. barbata están menguando, pero durante Marurbe se descubrió que podían sobrevivir y reproducirse en estructuras marinas urbanas. De hecho, las estructuras con geometrías complejas facilitan el crecimiento de C. barbata. Por otro lado, los tunicados se adaptan por igual a arrecifes naturales y artificiales, si bien las especies nativas de ascidias prefieren los primeros. Para obtener una idea más completa se estudió la influencia en el entorno de los detritos de dos de los habitantes más comunes de las estructuras marinas urbanas: la lechuga de mar, Ulva spp., y el mejillón amarillo, Mytilus galloprovincialis. Ambos tipos de detritos se depositan en el fondo marino, pero su influencia en la cantidad y en los tipos de macrofauna encontrada en él es completamente diferente. Este descubrimiento resalta la necesidad de gestionar con cuidado las estructuras marinas urbanas con el fin de controlar su influencia en el ecosistema marino. Además, los hallazgos de Marurbe sugieren que para obtener resultados óptimos es recomendable desarrollar y aplicar un método dependiente de la ubicación.