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Quantifying the relative importance of natural and anthropogenic drivers of spatial variation in vulnerability to predict species extinction risk

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¿Influye la geografía en el peligro de extinción de las especies?

El mundo está perdiendo su biodiversidad a un ritmo sin precedentes, lo que altera el funcionamiento de los ecosistemas de la Tierra y su capacidad para proporcionar aire y agua limpios a la sociedad. En este momento es vital comprender los mecanismos subyacentes a la extinción de las especies para evitar una mayor pérdida de biodiversidad.

Cambio climático y medio ambiente

La extinción de las especies tiene un componente geográfico que a menudo se pasa por alto en los modelos mundiales. En general, diferentes poblaciones de la misma especie se enfrentan a diferentes riesgos de extinción, por ejemplo, una población puede haberse extinguido en una zona, pero sigue siendo numerosa en otra. Realizado con el apoyo del programa Marie Curie concedido a la doctora Marta Rueda, el proyecto DRIVE, financiado con fondos europeos, pretendía aumentar la comprensión de la importancia de la variación espacial para predecir el riesgo de extinción de las especies causado por los factores del cambio global. «Necesitamos darnos cuenta de los efectos de la actividad humana, como los cambios en el uso de la tierra, tanto en el presente como en el pasado. Cada vez hay más pruebas de que los efectos provocados por los humanos en el pasado han sido un factor determinante en los patrones de diversidad que vemos hoy en día», declara el coordinador del proyecto, el doctor Eloy Revilla. El estudio llevado a cabo por los investigadores sobre la importancia relativa de los factores naturales y las actividades humanas en el colapso de las poblaciones locales se centró en los mamíferos terrestres. Aplicaron los últimos avances en ecología, mediante un enfoque multidisciplinario que incluye la biogeografía, la modelización de poblaciones y la conservación de la vida silvestre. Utilización de una plantilla biogeográfica El proyecto constaba de dos etapas diferentes. Primero se creó una plantilla biogeográfica novedosa, que luego se utilizó para integrar el contexto ambiental de la especie en modelos ecológicos. «El objetivo era incluir la vulnerabilidad inherente de la especie como un rasgo intrínseco fundamental en los modelos para determinar el riesgo de extinción de las especies con el fin de lograr predicciones más precisas», explica la doctora Rueda. Los científicos utilizaron técnicas de vanguardia y mapas de distribución de mamíferos obtenidos de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza para desarrollar biorregiones jerárquicas obtenidas analíticamente a diferentes resoluciones, que van desde el tamaño del paisaje hasta el tamaño del bioma y otras más amplias. «Estas resoluciones demostraron que la biodiversidad del mundo puede organizarse de manera coherente con una estructura jerárquica de biorregiones que incluyen una base local. Estas biorregiones también ayudan a responder a preguntas sobre la organización de la biodiversidad, la historia evolutiva y la conservación», explica la doctora Rueda. La información se aplicó a modelos informáticos que establecieron los determinantes ambientales, ecológicos y evolutivos de las diferencias taxonómicas que abarcan las biorregiones para ayudar a los investigadores a entender lo que realmente representan. También estudiaron diferentes escenarios predictivos que incluían factores que se sabe que contribuyen a la formación de biorregiones a escala mundial, como las montañas y las placas tectónicas. Efectos de la actividad humana Los resultados principales mostraron que pueden detectarse los impactos antropogénicos pasados del Holoceno tardío, hace unos dos mil años, en la configuración de las biorregiones más grandes (o reinos biogeográficos). Tradicionalmente se asume que estos reflejan la organización natural de la vida que resultó de procesos que actuaron durante millones de años. Esto es coherente con la hipótesis de que la transformación antropogénica de los ecosistemas ha sido extensa y comenzó mucho antes de lo que se creía. Según Revilla: «El hallazgo sugiere que la influencia humana ya ha cambiado la huella ecológica y evolutiva de la biodiversidad que vemos hoy en día». DRIVE muestra que si los efectos provocados por los humanos durante el Holoceno tardío pueden resultar en señales tan duraderas y ampliamente difundidas, deberíamos estar preocupados por los efectos de los cambios mucho más generalizados y severos que han ocurrido desde el comienzo de la revolución industrial. «La señal del uso actual de la tierra por parte de los humanos probablemente será detectada por las futuras generaciones de biogeógrafos», concluye el doctor Revilla.

Palabras clave

DRIVE, extinción, biorregión, modelo, biodiversidad, riesgo, biogeográfico, antropogénico, evolución, conservación, plantilla, variación espacial

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