El futuro de la energía
El cambio climático, la contaminación y otros factores ejercen presión sobre el planeta, situación que obliga a modificar el modelo energético en favor de un sistema más sostenible si se quiere asegurar el bienestar de las generaciones venideras. En este punto, cabe preguntarse cómo será el sistema energético mundial en el año 2050. En el marco del proyecto financiado con fondos europeos WETO-H2 («Perspectiva de la tecnología energética mundial en 2050») se ha realizado una proyección teórica de ese sistema energético mundial y otras dos proyecciones basadas en el uso del carbono y el hidrógeno. Para acometer esta tarea, los integrantes del proyecto reflexionaron sobre los mercados energéticos mundiales (gas y petróleo), las limitaciones, la aparición de nuevas tecnologías, la normativa en materia climática, las tendencias tecnológicas y los recursos disponibles. WETO-H2 concluyó que la economía mundial habrá alcanzado una magnitud cuatro veces superior a la actual, si bien el consumo energético en el planeta sólo será 2,2 veces superior. Esta mejora implícita de la eficiencia energética se atribuye a avances previsibles en los frentes normativo, económico y tecnológico. Los científicos responsables indicaron además que la subida de los precios del petróleo y el gas natural es reflejo de una escasez de recursos cada vez más acusada, mientras que la producción total de electricidad en 2050 será cuatro veces superior a la actual. Entre otros hallazgos, los resultados del proyecto apuntaron a un resurgir del carbón para la obtención de electricidad, si bien este mineral se convertirá empleando tecnologías nuevas. Las emisiones procedentes del carbón serán compensadas en parte por el uso de fuentes de energía no fósiles, si bien las emisiones de dióxido de carbono (CO2) alcanzarán un nivel muy elevado de entre 900 y 1 000 ppmv (partes por millón de volumen). También se previó una subida del consumo de gas, mientras que el desarrollo de fuentes de energía se acelerará y la energía nuclear cobrará un protagonismo renovado. En resumidas cuentas, el modelo esbozado puede describirse como una amalgama de aspectos buenos y malos, si bien la limitación del carbono en el sistema energético mundial y el modelo basado en hidrógeno ofrecen motivos para el optimismo. Estas observaciones pueden facilitar a la comunidad investigadora y la clase política la elaboración de planes de trabajo orientados a un futuro más ecológico y motivar a la industria a adoptar sistemas más respetuosos con el médio ambiente. Los tres desenlaces posibles demuestran la importancia de realizar un esfuerzo colectivo por alcanzar un planeta más sostenible y reforzarán la función de Europa como líder en este empeño.