Un informe francés señala que Europa debe ayudar a los países en desarrollo a beneficiarse de sus científicos expatriados
Europa necesita promover la diáspora científica y técnica de los cerebros del sur para enriquecer su política de cooperación científica y técnica, según un informe realizado por encargo del Ministerio francés de Asuntos Exteriores y presentado en una conferencia internacional sobre la fuga de cerebros el 30 de junio. Una de las claves para lograr el objetivo de Lisboa de convertir a la UE en la economía más competitiva del mundo antes de 2010 es atraer a los investigadores de países terceros a Europa. No obstante, con el diez por ciento de todos los estudiantes africanos estudiando en países de la OCDE, estamos en una situación en la que, efectivamente, los intelectuales del sur están participando en el desarrollo del norte, dice informe, titulado 'diásporas científicas'. 'Cuando se sabe que en África el sistema científico y técnico está hecho jirones', señaló Jean-Baptiste Meyer del IRD (Institut de recherche pour le development), 'uno no puede permitir que la situación continúe así. Hace que surjan muchas cuestiones deontológicas y éticas'. El Sr. Meyer añadió que la clave consiste en globalizar el intercambio intelectual. La cooperación debe ser más simétrica y beneficiar tanto al sur como al norte. El Estado debe apoyar el desarrollo del capital intelectual en los países más pobres. El informe descubrió que el porcentaje de estudiantes expatriados de los países del sur que permanecen trabajando en un país de acogida varía de un país a otro, pero siempre es un porcentaje considerable. Alrededor de dos tercios de los intelectuales que salen del país, sobre todo los que trabajan en investigación y desarrollo (I+D), llegan a los países de acogida como estudiantes. El informe también señala que África tiene un porcentaje de estudiantes expatriados mucho más alto que cualquier otro país del mundo. De hecho, el diez por ciento de todos los estudiantes africanos estudian en el extranjero. Francia es el país que más estudiantes africanos acoge, un 34 por ciento, y EEUU, Reino Unido y Alemania acogen un 13 por ciento cada uno. En Francia, el 75 por ciento de los estudiantes de los países en desarrollo proceden de África, y los estudiantes africanos constituyen el 12 por ciento de todos los postgraduados en Francia. Además, el número de científicos e ingenieros del sur que trabaja en I+D en EEUU, Japón y la UE es de unos 600.000. Si se tiene en cuenta que hay 1,8 millones de trabajadores científicos y técnicos en los países en desarrollo, esto significa que un tercio de toda la comunidad científica y técnica de los países del sur trabaja en el norte. En el caso concreto de África, los expertos calculan que más de un tercio de los recursos humanos de alta calificación residen en el extranjero, y parece que esta tendencia se acelera. Esta tendencia preocupa a los países en desarrollo, que llevan mucho tiempo inquietos por el impacto negativo del fenómeno de la fuga de cerebros - tienen que ver cómo salen del país los cerebros que necesitan para construir la elite nacional y formar a la población trabajadora, los gerentes y los recursos humanos. En principio esta gente abandona el país para continuar con sus estudios, pero muchos de ellos nunca regresan. Las organizaciones internacionales también se muestran preocupadas por este movimiento, porque saben que el desarrollo económico, social y cultural depende en gran medida de la disponibilidad del potencial humano con formación. Es por esta razón precisamente que el gobierno francés encargó este informe, realizado por un grupo de expertos del norte y del sur. El grupo descubrió que las personas expatriadas en esas condiciones parecen ser los actores mejor situados para identificar y promover el desarrollo esencial de sus sociedades en el programa de los países receptores. Es importante organizar esta cooperación, facilitar las iniciativas de los expatriados sin sustituirlas y garantizar que la cooperación no se utiliza de la forma inadecuada en interés de unos pocos intermediarios en las diásporas'. El informe observa que, en los últimos años, los ingenieros y científicos expatriados de los países del sur que trabajan en el norte se han coordinado ellos mismos para ayudarse mutuamente y compartir información, pero también para ayudar a los científicos y a los centros de sus países de origen. Los expertos se preguntaron entonces si esta fuga de cerebros, que no ha podido detener ninguna política preventiva, podría ser en realidad menos perjudicial de lo que se pensaban en un principio. De hecho, parece que la fuga de cerebros se compensa por esta entrada informal pero real de los expatriados a sus países de origen. Los expatriados, a través de las diásporas, pueden ayudar a sus países de origen de distintas formas. Estableciendo relaciones con el sector privado del país receptor pueden actuar como eficientes embajadores, promoviendo los intereses del sector científico nacional de su país de origen. Manteniéndose al corriente de los avances y de las necesidades de su país de origen, pueden enviar de vuelta información científica, solicitudes para ofertas de adquisición pública, libros, etc. Otra forma de contribuir es como profesores: los expatriados más veteranos acogen a jóvenes científicos de su país de origen en los laboratorios del extranjero o regresan al país de origen y dan clases especializadas de las que se carece en ese país. La creación de proyectos o de sociedades mixtas es también otra forma de colaboración de gran utilidad. Los miembros de la diáspora pueden participar en los comités de expertos y en los procesos de revisión paritaria en centros nacionales, ayudando así al futuro de la ciencia en su país. El informe hace por tanto un llamamiento a Francia y a otros países europeos para que acepten la opción de la diáspora y la desarrollen de un modo innovador. Debería basarse en formas particularmente flexibles de apoyo junto con evaluaciones periódicas, dice el grupo de expertos. Lo que hace falta es una política que potencie a los actores en los países de acogida y en los países de origen, en vez de sustituirlos'. El informe sugiere también la creación de una incubadora para las diásporas científica y técnica en la línea de las incubadoras de empresas. Propone controlar a los estudiantes expatriados y crear un lugar en el que los científicos del sur puedan hallar servicios de apoyo para las diásporas en proceso de desarrollo. Con una incubadora de este tipo, sería posible apoyar las bases del conocimiento y la información ofreciendo detalles de las competencias disponibles en cada país y entre los expatriados, así como de las posibles opciones profesionales para los jóvenes en formación, y de los actuales proyectos de investigación que están abiertos a los actores de casa y del extranjero'. 'Este parece ser el lugar para una política pública original y progresista. Las diásporas constituyen un vector esperanzador para la colaboración científica y técnica; actualmente están infrautilizadas y una política de esas características podría solucionarlo, concluye el informe.
Países
Alemania, Francia, Reino Unido