Los científicos están haciendo un "trabajo mediocre" en lo que respecta a la comunicación de sus actividades, señala el recientemente galardonado con el premio Descartes, Bill Bryson
El hecho de que haya podido escribir uno de los libros científicos más vendidos en los últimos años dice mucho del talento y de la popularidad de Bill Bryson - que ha reconocido su torpeza en temas científicos- ganador del premio Descartes 2005 de comunicación de la ciencia. Sin embargo, que un autor sin ninguna cualificación científica consiga el mayor reconocimiento europeo por su labor en la popularización de la ciencia a través del medio escrito revela el nivel general de las capacidades comunicativas de la comunidad científica. Esto es lo que parece que el Sr. Bryson quería manifestar en la entrevista que Noticias CORDIS mantuvo con él tras recibir su premio en la Royal Society de Londres. "Deberían esforzarse por establecer un diálogo con el gran público", manifestó el escritor nacido en EEUU. "Los científicos no están haciendo lo suficiente para comunicar sus actividades científicas y son ellos los que deberían hacer algo para remediarlo". La idea de escribir el libro surgió de su convicción de que la "ciencia debía de ser algo interesante", a pesar de "la confusión y el aburrimiento que me producían estas asignaturas en la escuela", reveló el Sr. Bryson. "Se debería comenzar con la educación. Los libros de texto no deberían escribirse como si fuesen tesis doctorales. No hay razón por la que no puedan redactarse de forma interesante. La ciencia es ya de por sí interesante y deberíamos esforzarnos en hacer llegar este mensaje", explicó. Además, a su juicio, las escuelas deberían enseñar las asignaturas de ciencia a los alumnos de dos formas diferentes: "de forma seria, para animar a un mayor número de jóvenes a ser científicos y dirigiéndose a gente "normal" inculcando el concepto de que la ciencia es maravillosa. Todo el mundo debería ser consciente de ello incluso si no van a dedicar su vida a la ciencia". El Sr. Bryson considera que la iniciativa de otro ganador del premio Descartes de este año, la "Kinder-Uni" de la universidad de Tübingen, es una gran idea que debería hacerse extensible a otros países. "Beneficia en dos direcciones ya que hacer que un académico logre mantener el interés de los niños en una asignatura científica durante 45 minutos le enseñaría mucho sobre como comunicarse con eficacia", señaló. Noticias CORDIS preguntó al Sr. Bryson si pensaba que había tenido ventaja, como persona ajena a la ciencia, al poder tratar el tema con menos rigurosidad de lo que se podría esperar normalmente de un experto. "Los científicos tienen que hacer ciencia seria y esa es una gran responsabilidad", contestó, "pero en lo que respecta al público en general deben aprender a desinhibirse un poco". Pero sean cuales sean los defectos de los científicos como comunicadores, el Sr. Bryson no ha escatimado en alabanzas hacia los que le han ayudado con el libro. "Conociéndolos en persona, he visto que los científicos saben comunicar maravillosamente. Es verdad que algunos tienden a entrar en demasiados detalles pero han sido todos muy generosos y han tenido mucha paciencia conmigo. Incluso cuando han tenido que repetirme las cosas una y otra vez". Dio el ejemplo del "hombre del musgo" Len Ellis, Director del departamento de briofitos del museo de historia natural de Londres. "Antes de conocerlo, hubiera apostado que el musgo no es interesante, pero lo es. Cuando terminé de hablar con él estaba totalmente asombrado". Sin embargo, el Sr. Bryson tiene la sospecha de que si la mayoría de los científicos con los que habló hubieran intentado escribir "Una breve historia �" habrían empezado a utilizar su jerga casi inmediatamente. "Parece ser que los académicos tienen generalmente el defecto de ser incapaces de comunicar lo apasionante de su trabajo", aseveró. A la pregunta de si va a continuar trabajando en temas científicos, el autor contestó a Noticias CORDIS: "En lo que respecta a escribir un libro, creo que he terminado con la ciencia. Pero lo que me sorprende realmente es que sigo leyendo Nature. No los documentos de investigación, sino la revista. Estoy realmente interesado por la ciencia de una forma en la que no lo había estado nunca antes". El Sr. Bryson subrayó la necesidad de que se difunda la ciencia y por eso espera que el Premio Descartes continúe su labor. Sus últimas palabras las dirigió a aquellos científicos que esperan comunicar sus actividades al público general: "No pierdan su curiosidad ni capacidad de admiración. Es lo mismo para todos en todos los aspectos de la vida pero en lo que respecta a los científicos, que no son posiblemente los mejores en comunicarse, olvidar esto es especialmente nefasto".