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La Comisión dice a los Estados miembros: es hora respaldar los programas de reforma con acciones concretas

La Comisión lanzó el 25 de enero un claro mensaje a los Estados miembros en el primer informe anual sobre la relanzada estrategia de Lisboa: el balance es positivo pero debemos hacerlo mejor. En el informe presentado al Consejo europeo de primavera, la Comisión ha manifestad...

La Comisión lanzó el 25 de enero un claro mensaje a los Estados miembros en el primer informe anual sobre la relanzada estrategia de Lisboa: el balance es positivo pero debemos hacerlo mejor. En el informe presentado al Consejo europeo de primavera, la Comisión ha manifestado su satisfacción por el hecho de que los 25 gobiernos europeos hayan elaborado Programas Nacionales de Reforma (PNR), algunos bajo plazos muy reducidos, lo que constituye una "primera prueba importante". "Ahora los Estados miembros deben poner en marcha las reformas en su totalidad y dentro del plazo previsto", añade. "Mi mensaje general es claro: ya es hora de acelerar" instó el Presidente de la Comisión José Manuel Barroso, en la presentación del informe. "El hecho de que haya sobre la mesa 25 programas nacionales de reforma habla por sí solo del nuevo nivel de compromiso nacional. Ahora el centro de atención pasa a los resultados". "El 95 por ciento del contenido de estos informes es sentido común y los Estados miembros deben hacerlo práctica habitual. Deben encontrar la voluntad política que haga que las palabras se correspondan con los hechos", añadió. El informe analiza los tres ámbitos políticos principales de los PNR en los que hay que actuar: la macroeconomía, la microeconomía y el empleo. A nivel macroeconómico, los Estados miembros han señalado la disciplina presupuestaria en las finanzas públicas como el reto más importante al que se enfrentan. La mayoría tiende a favorecer el recorte de gastos en lugar del aumento de impuestos y muchos declaran su intención de asignar recursos para fortalecer la infraestructura, el capital humano y el desarrollo (I+D). "Sin embargo, pocos [PNR] son explícitos sobre las implicaciones presupuestarias de las medidas propuestas", constata la Comisión. En lo que respecta a las medidas macroeconómicas, el fortalecimiento de la investigación y la innovación es una prioridad esencial para todos los Estados europeos. La mayoría pretende fomentar las agrupaciones innovadoras de universidades, institutos de investigación y empresas. Otro asunto importante es facilitar el acceso a la financiación. 18 países de los 25 países han establecido objetivos nacionales en materia de inversión en I+D y si todos se logran, la Comisión estima que el gasto aumentará hasta alcanzar el 2,6 por ciento del PIB en 2010, un poco menos que el objetivo colectivo del 3 por ciento establecido en Barcelona en 2002. Además, el informe advierte que "la mayoría de los programas no van lo suficientemente lejos para fomentar una actitud más positiva respecto al espíritu empresarial e incitar a más gente a crear sus propias empresas". Todos los PNR dan la máxima prioridad a estimular a los ciudadanos a obtener y conservar un puesto de trabajo, afirma la Comisión, poniendo especial énfasis en mejorar la situación laboral de las mujeres, de los trabajadores de edades avanzadas y jóvenes o personas desfavorecidas. "Sin embargo, la eficacia y la sostenibilidad de estas medidas se ven obstaculizadas por la tendencia a elaborar políticas fragmentadas". El informe concluye que los programas nacionales en general constituyen "una buena base para aplicar los programas de reforma". Sin embargo, no todos los PNR son igual de buenos. Mientras en algunos, el contenido y la estructura de las medidas políticas tomadas o propuestas son expuestas de forma clara, en otros faltan objetivos, plazos y detalles presupuestarios para realizar esas reformas. "Estos serán los más difíciles de concretizar", advierte la Comisión. La integración entre la macroeconomía, la microeconomía y las cuestiones relacionadas con el empleo de los programas debe también reforzarse en muchos de los casos, sobre todo porque el avance en un ámbito depende a menudo de los avances conseguidos en otros. Por último, aunque no menos importante, falta en muchos países la cobertura de los medios de comunicación y la sensibilización del público respecto a los programas de reforma, lo que hace que sea difícil saber si la gran parte de la población conoce esta estrategia y, mucho menos, si son partícipes de ella. Aunque la Comisión ha proporcionado un análisis país por país del contenido y los puntos fuertes y débiles de cada PNR, ha optado por no proponer en este informe recomendaciones formales específicas para cada uno de ellos porque la integración de estos programas en las políticas y estructuras nacionales requiere tiempo. La Comisión desea además promover una relación sólida con los Estados miembros, basada en la cooperación y la confianza. No obstante, la Comisión añade que no dudará en utilizar todos los instrumentos a su disposición, incluida la propuesta de recomendaciones a un país específico si así lo considera necesario. Algunos, por su parte, critican a la Comisión por haber intentado fomentar un espíritu de cooperación con los Estados miembros. El eurodiputado Alexander Radwan, portavoz económico del Grupo de centro-derecha PPE del Parlamento Europeo, ha señalado: "esperaba un comienzo más ambicioso. [...] El principal problema de la estrategia de Lisboa es la falta de obligaciones por parte de los Estados miembros. [...] Sería útil que la Comisión precisara en su evaluación las medidas que se necesitan tomar y dejar claro con ello los avances que cada país necesita realizar". Otros, sin embargo, entre los que se encuentran el líder del Grupo de la Alianza de Liberales y Demócratas por Europa (ALDE), el eurodiputado Graham Watson, fueron más condescendientes con la posición adoptada por la Comisión. "[L]os Estados miembros son los principales responsables del éxito o el fracaso de los objetivos de Lisboa en materia de crecimiento económico. La Comisión puede guiar a los Estados miembros hasta el agua pero no puede hacerles beber". Por su parte, el Sr. Barroso concluyó: "La Comisión ha evaluado estos programas en el espíritu de la asociación, sin temores ni favoritismos. Hemos dado nuestro asentimiento a los puntos positivos y hemos expresado nuestras críticas a lo que hemos considerado necesario. [...] Nuestro informe anual muestra que Europa puede tener confianza. Los objetivos de crecimiento y trabajo pueden lograrse. Lo que se dificulta nuestro camino es el exceso de confianza, el conservadurismo estructural, la exageración de los riesgos y la infravaloración de las oportunidades".

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