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Entrevista

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Perspectivas de mujeres profesionales

Es bien sabido que el número de mujeres que se encuentran en los distintos escalafones del mundo de la ciencia y la tecnología no es reflejo de su peso demográfico. Las estadísticas muestran claramente que, como si se tratara de una cañería en la que hay escapes, las mujeres v...

Es bien sabido que el número de mujeres que se encuentran en los distintos escalafones del mundo de la ciencia y la tecnología no es reflejo de su peso demográfico. Las estadísticas muestran claramente que, como si se tratara de una cañería en la que hay escapes, las mujeres van abandonando el sistema paulatinamente. Tampoco resulta difícil especificar las causas de tales escapes. Entre éstas se encuentran los sesgos sexistas que existen a la hora de contratar personal, evaluar su trabajo y decidir sobre su promoción. Además, resulta inadecuado el apoyo institucional brindado a aquellas mujeres que luchan por combinar su vida profesional con la personal. Asimismo, en la jerarquía más alta de las instituciones académicas hay una escasez de mujeres que puedan servir de mentoras que animen a las jóvenes. Lo que resulta más complicado de calibrar es hasta qué punto estas circunstancias repercuten en la vida de las científicas e ingenieras. Para aportar a esta cuestión un toque más humano, Ruth Graham, ingeniera del Imperial College de Londres, entrevistó a más de cincuenta mujeres de toda Europa que se encontraban en diversas fases de su carrera profesional. Algunas de dichas entrevistas se utilizaron en un informe realizado en 2005 por Women in Science and Technology (WIST, «Mujeres en la Ciencia y la Tecnología»), un grupo conformado por veinte representantes de empresas y cinco expertas. En dicho informe analizaban la desigualdad, la diversidad y la integración de la «perspectiva de género» (gender mainstreaming) en varias empresas destacadas de Europa. «Personalmente encontré las entrevistas fascinantes; había cosas que yo misma he vivido y otras que aún me tocará vivir», aseguró Ruth Graham a CORDIS Noticias. Aunque la experiencia de cada mujer fue única, sí se apreciaron temas recurrentes y problemáticas similares en los recorridos biográficos de cada una. Una de las conclusiones que la Dra. Graham ya había previsto es de qué modo los ánimos y el apoyo de la familia y el profesorado pueden aumentar enormemente las probabilidades de que una joven se embarque en estudios de ciencias o ingenierías. Así lo ilustró la historia de una alumna de secundaria que al principio quería llegar a ser ingeniera, gracias a los ánimos que recibió de su madrastra, quien también era ingeniera. No obstante, enseguida perdió la motivación para emprender esa carrera profesional por culpa de experiencias laborales en las que sus supervisores tenían lo que ella misma calificó de «actitud muy masculina», puesto que no le permitían realizar tareas en las que hubiera que utilizar maquinaria. «Cuando la conocí tenía clarísimo que quería estudiar ingeniería. Daba gusto oírla hablar de todas las cosas que quería hacer», explicó Ruth Graham. «Y nueve meses después, cuando volví a entrevistarla, había cambiado de idea por completo.» Ahora la chica se inclinaba por otra vía profesional más familiar, la de profesora de lengua inglesa. «La ingeniería se le antojaba un camino extremadamente arriesgado para su futuro, lo contrario que dedicarse a enseñar inglés», señaló la Dra. Graham. «Sabía en qué clase de profesional se convertiría y con qué clase de gente se iba a relacionar. En cambio, la ingeniería era como un agujero negro enorme, no sabía qué futuro le planteaba. Sentía que tomar ese camino era ir directa al precipicio.» En las diversas entrevistas también se reflejaba lo complicado de compaginar bien el trabajo con el hogar. Varias de las mujeres que trabajan en régimen de media jornada aludieron a la dificultad de concertar con quién dejar a sus hijos para asistir a reuniones en horas extraordinarias y a su sensación de culpa por marcharse del trabajo temprano para estar con sus hijos. También destacaron los prejuicios que tienen algunos gerentes y supervisores hacia las mujeres que trabajan a media jornada. No obstante, hay mujeres que han tenido más suerte. Una catedrática relató que, tras dar a luz a su primer hijo, fue capaz de continuar su carrera profesional trabajando a media jornada. Al principio pensó que lo mejor era centrarse en la docencia y prescindir de la investigación. Sin embargo, su jefe de departamento le aconsejó que ampliase sus actividades de investigación. Así, la liberó de las tareas administrativas de su puesto y le dejó su carga docente a la mitad. Esta experiencia tan positiva benefició la evolución de su carrera, que no dejó de prosperar. «Estos relatos ayudan a comprender qué factores y estrategias fraguan el éxito profesional de una mujer», apuntó la Dra. Graham, quien refirió el caso anterior a una amiga ingeniera que precisamente se reincorporaba a su puesto tras su primera baja de maternidad. Todas estas vivencias ponen de relieve la importancia de observar las cosas en perspectiva y comprender desde pronto qué factores impulsan la promoción profesional y el éxito. «En el mundo académico, entre los factores de impulso están las publicaciones y los fondos que una atrae a la institución, por lo que conviene centrarse en la investigación. Pero si la enseñanza es lo más beneficioso, entonces hay que centrarse en ella», señaló la Dra. Graham, quien agregó que la mayoría de investigadoras e ingenieras jóvenes con quienes habló no se paraban a pensar en esos factores de impulso de su carrera ni tampoco en los obstáculos. «No cobran conciencia de ellos hasta que cumplen los cuarenta o los cincuenta», explicó. También es cuestión de ser espabilada. «Uno debe ser consciente de que la gente suele pasar a otros aquellos trabajos que no les van a beneficiar profesionalmente. Hay que saber que los puestos que la gente intenta colocarte, sobre todo si uno trabaja a media jornada, probablemente no te van a permitir avanzar en tu carrera», explicó la Dra. Graham. Sin embargo, según una catedrática retirada, una se percata de estas cosas demasiado tarde. En su relato, hace alusión a la discriminación ya desde sus años de doctorado. Cuando alcanzó la plaza de profesora ya se encontraba aislada físicamente de sus compañeros. Tuvo que suplicar para que le dieran su propio despacho, algo que no ocurría con sus compañeros hombres. En la pausa para el almuerzo la catedrática se iba a sentarse a su coche o a una iglesia que había cerca del laboratorio. «Fue un relato descorazonador. Se trataba sin duda de una mujer brillante que se había ganado bastante prestigio fuera de su país», explicó Ruth Graham. La catedrática envió a la Dra. Graham fragmentos de su diario personal que cubrían veinticinco años de su vida. A la Dra. Graham le resultó complicado seleccionar entre ellos, porque su vida profesional estaba plagada de ejemplos de acoso sistemático. Lo que Ruth Graham no se esperaba era oír que la carrera profesional de varias mujeres fue frenada por participar en iniciativas relacionadas con las mujeres y la ciencia. «Me resulta muy paradójico», afirmó. Una investigadora que fue entrevistada dijo estar entusiasmada al principio ante la idea de transmitir lo positivo de sus experiencias profesionales a alumnas de secundaria. Posteriormente tuvo un hijo y decidió interrumpir su actividad investigadora para dedicarse a iniciativas a favor de la mujer. No obstante, más tarde se dio cuenta de que su carrera no había avanzado del mismo modo que la de sus compañeros hombres, y percibió que se debía a su participación en dichas iniciativas. «Participar en programas que promueven la participación de la mujer en la ciencia es tremendamente importante», recalcó Ruth Graham. «Pero una tiene que llevar cuidado con cómo administra su tiempo. Hay que ser consciente del porcentaje de tu tiempo que es flexible y no dedicar más de eso.» Ese tiempo adicional es el que los investigadores dedican a actividades que favorecen su evolución profesional o a escribir más artículos científicos», agregó. Para estar segura de que su propia carrera no se estanca por dedicarse a programas a favor de la mujer, la Dra. Graham está resuelta a que esas mismas actividades constituyan una parte esencial de su actividad profesional principal. En 2005 pasó a ser directora de EnVision 2010, iniciativa emprendida por la Facultad de Ingeniería que se propone lograr que el Imperial College se sitúe a la cabeza, a nivel internacional, de la innovación y la excelencia en el ámbito de la educación de las ingenierías. Uno de los aspectos en los que se centra esta iniciativa es procurar que el plan de estudios de ingenierías resulte atrayente para los alumnos de ambos sexos. Una encuesta realizada a más de 2 000 alumnos de ingeniería de dicha universidad reveló que los alumnos, y sobre todo las alumnas, querían que la carga lectiva guardara más relación con la sostenibilidad y con trabajos prácticos que les ayudasen a comprender realmente el modo de aplicar sus conocimientos de ingeniería en situaciones de trabajo reales. «Gran parte de las reformas que estamos introduciendo en la educación de ingenierías afectan a los ámbitos que más motivan a las mujeres. La idea es, por medio de estas modificaciones, hacer que nuestro plan de estudios resulte más atrayente y más estimulante para las alumnas», explicó.