Los chimpancés no juegan limpio
Los chimpancés, a diferencia de los humanos, no suelen realizar ofertas justas y rechazar las injustas. Se comportan como economistas egoístas más que como seres sociales recíprocos, según investigadores del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva de Leipzig. Los investigadores pusieron a prueba la tendencia de los chimpancés de actuar de forma equitativa con una versión simplificada del llamado «juego del ultimátum». El juego experimental consistía en que un chimpancé -el oferente o primer jugador- proponía una oferta de uvas pasas a otro chimpancé -el ofertado o segundo jugador- mostrando parcialmente una bandeja con estos frutos. Para que ambos chimpancés pudieran alcanzar la bandeja, el segundo jugador tenía entonces que acercársela un poco más, aceptando, de ese modo, la oferta. La organización del juego permaneció igual durante el experimento, a excepción del número de uvas pasas disponibles para cada uno de los chimpancés, que iba variando. En cada ronda del juego, el primer chimpancé tenía que elegir entre realizar una oferta injusta -ocho uvas pasas para sí y dos para el otro- y otras variantes como: - una oferta justa (cinco pasas para cada uno); - una oferta hiperjusta (dos pasas para el primer jugador y ocho para el segundo); - una oferta injusta (ambas bandejas contenían ocho pasas para el primer jugador y dos para el segundo); - una oferta hiperinjusta (diez pasas para el primer jugador, ninguna para el segundo). Los dos animales podían verse mutuamente en cualquier momento durante el transcurso del juego. Sin embargo, no tenían el mismo acceso a las bandejas cebo. El experimento mostró que los segundos chimpancés aceptaban cualquier oferta, salvo la oferta hiperinjusta, que fue rechazada sin duda. Esta reacción es contraria al comportamiento que los humanos suelen mostrar en la misma situación. Cuando el juego del ultimátum se aplica a los humanos, el oferente recibe dinero por parte del investigador y puede, en ese momento, ofrecer parte del dinero al ofertado. Si éste último acepta la oferta, ambos pueden quedarse con el dinero. Si, en caso contrario, la rechaza, ninguno de los dos recibe nada. Como el oferente teme perder parte de su dinero si el ofertado considera que la propuesta no es justa y la rechaza, el humano que realiza la oferta normalmente ofrecerá una suma cercana al 50%, cantidad que probablemente será aceptada. Esta sensibilidad a las ofertas injustas, así como el hecho de estar dispuesto a pagar una cantidad monetaria con el fin de castigar a la persona que ha realizado una oferta injusta contradice los modelos económicos del puro interés propio y es exclusiva de los humanos, afirman los investigadores.
Países
Alemania