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Un estudio da impulso al desarrollo de una vacuna eficaz contra la malaria

Unos investigadores financiados con fondos comunitarios han demostrado que es posible proteger a los voluntarios sanos contra la malaria infectándoles con parásitos de la malaria mientras se les trata con cloroquina, un fármaco contra dicha enfermedad. Los resultados, publicad...

Unos investigadores financiados con fondos comunitarios han demostrado que es posible proteger a los voluntarios sanos contra la malaria infectándoles con parásitos de la malaria mientras se les trata con cloroquina, un fármaco contra dicha enfermedad. Los resultados, publicados en la revista New England Journal of Medicine (NEJM), dan esperanzas de que pronto se consiga desarrollar una vacuna eficaz contra esta enfermedad mortal. Los parásitos Plasmodium, transmitidos por mosquitos, son los responsables de la malaria, que acaba con la vida de más de un millón de personas al año, muchas de ellas niños menores de cinco años. Crear una vacuna contra la malaria es difícil por lo complicado de adquirir de forma natural la inmunidad al parásito y, en parte, porque aún no se sabe con exactitud qué constituye inmunidad protectora contra la malaria en los humanos. Hace ya un tiempo que surgió la idea de emplear como vacuna parásitos irradiados, los cuales provocan una respuesta inmunitaria, pero son incapaces de desarrollarse por completo en el cuerpo humano. Sin embargo, esta técnica sólo es efectiva si los mosquitos irradiados pican al paciente más de 1.000 veces durante 5 o más sesiones de inmunización. Así pues, la técnica es muy poco práctica. Ensayos realizados en animales han demostrado que la inmunidad se puede lograr mediante la inoculación con parásitos intactos mientras se administra un tratamiento con cloroquina, un fármaco que acaba con los parásitos hacia el final de su ciclo de vida en el interior del cuerpo humano. Además, este tratamiento parece ser mucho más efectivo que el de los parásitos irradiados. En este estudio a pequeña escala, científicos de Francia, Países Bajos y Singapur infectaron a diez voluntarios sanos con parásitos de la malaria mientras se les trataba con cloroquina. Los mosquitos infectados con estos parásitos picaron a los voluntarios tres veces en intervalos mensuales. Como referencia, otros cinco voluntarios se sometieron al mismo tratamiento, pero en esta ocasión fueron picados por mosquitos no infectados. Al cabo de ocho semanas desde la última exposición a los mosquitos y de cuatro semanas desde la última dosis de cloroquina, los quince voluntarios fueron expuestos a mosquitos infectados con parásitos de la malaria. Los voluntarios que se habían expuesto a estos parásitos durante la primera fase del estudio no enfermaron, mientras que los otros cinco sujetos de control desarrollaron síntomas de malaria y se sometieron a tratamiento. Ahora la siguiente cuestión que los investigadores deben abordar es cuánto dura esta protección, aunque este aspecto se evaluará en un estudio de seguimiento. Al final de este experimento, los quince voluntarios se sometieron a tratamientos estándar contra la malaria como medida de precaución. Los científicos reconocen que este método de vacunación tampoco es viable en la población en general. Sin embargo, apuntan que los resultados sugieren que «merece la pena explorar el concepto de una vacuna contra la malaria con el parásito íntegro». Los resultados de este estudio llegan en el momento oportuno, ya que en otro artículo del mismo número de la NEJM unos científicos informan sobre la creciente resistencia del parásito de la malaria a los compuestos de la artemisinina, que en la actualidad son los fármacos más eficaces que existen contra esta enfermedad.

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