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La innovación en materia de bacterias ofrece esperanzas a los pacientes con cáncer

Un proyecto revolucionario ha mostrado cómo las esporas de bacterias podrían constituir el medio perfecto para administrar fármacos dirigidos a los tumores.

Salud

En los últimos años, las estrategias inmunoterapéuticas han surgido como herramientas potentes que pueden ayudar a identificar y combatir tumores cancerosos. «Las inmunoterapias guían el sistema inmunitario para que reconozca y ataque a las células cancerosas», explica Tom Bailey, miembro del equipo del proyecto CL-IO e investigador en el Departamento de Medicina de Precisión de la Universidad de Maastricht (Países Bajos). «Las inmunoterapias hacen que el tumor sea más “visible” para el sistema inmunitario, lo cual se puede considerar como una “aceleración a fondo”, o pueden hacer que la actividad de las células inmunitarias sea más eficaz» A pesar del éxito de este método, todavía persisten varios problemas. Las inmunoterapias se inyectan y, a veces, tan solo llega al tumor un 10 % de la dosis. Además, la interacción con el tejido sano puede provocar efectos secundarios y obligar a detener los tratamientos. Philippe Lambin, coordinador del proyecto y responsable de Medicina de Precisión en la Universidad de Maastricht, comenta: «Concluimos que producir inmunoterapias en el interior del tumor reduciría los efectos secundarios y aumentaría la concentración de medicamentos bioterapéuticos. Además, supondría un menor despilfarro y una mejor relación coste-eficacia, gracias a lo cual se podrían tratar más pacientes».

Mejorar la administración farmacológica

Por lo tanto, el objetivo del proyecto CL-IO no era crear nuevas inmunoterapias, sino mejorar la administración de los fármacos existentes. Lambin y su equipo, que se basaron en investigaciones previas, estaban especialmente interesados en emplear una cepa de la bacteria «Clostridium» modificada genéticamente. Y Bailey añade: «Esta cepa puede formar esporas de un modo singular. Una buena analogía es pensar en la semilla de una planta. La semilla no hace nada; carece de metabolismo y no puede crecer, a menos que esté en el entorno adecuado». Del mismo modo, la espora de «Clostridium» es inerte y no puede activarse a menos que encuentre su ambiente ideal: sin oxígeno, dentro de tejidos muertos. En otras palabras, la espora bacteriana solo se activará en el tumor y no en ningún otro lugar del cuerpo. Este funcionamiento la convierte en un vehículo de administración potencialmente excelente para medicamentos dirigidos, «de dentro afuera», en lugar del enfoque tradicional «de fuera adentro». El siguiente paso consistió en diseñar una cepa de bacterias capaces de secretar fármacos inmunoterapéuticos. El equipo del proyecto demostró en el laboratorio que esta actividad era posible y tenía un efecto positivo en el crecimiento de las células inmunitarias. «Se trata de que, una vez que las esporas se infiltran en el tumor, puedan ser estimuladas para producir continuamente agentes como anticuerpos hasta que se hayan destruido todas las células cancerígenas», señala Lambin. «Las bacterias se eliminarán espontáneamente una vez finalizado el tratamiento, porque dejará de existir el entorno necesario para su supervivencia. En caso de que se produzca cualquier efecto secundario, se pueden eliminar de forma segura con antibióticos».

Nuevas formas de ver las bacterias

Durante el proyecto, también se evaluó la viabilidad comercial de este método y se preparó el camino para su eventual comercialización. Lambin cree que los fármacos almacenados en esporas latentes a temperatura ambiente poseen un enorme potencial. «También se pueden utilizar esporas para administrar varios fármacos inmunoterapéuticos a la vez y de forma continua», explica. En este momento, el objetivo es avanzar hacia los estudios con animales de gran tamaño y, posteriormente, llevar a cabo estudios de toxicología. Además, deberá ampliarse la producción. Lambin declara: «Queremos ser los pioneros en este campo. Hemos demostrado que este concepto de “medicina viva” funciona, aunque evidentemente todavía se puede mejorar». El éxito del proyecto CL-IO supone un cambio de paradigma en la forma en que se contempla el uso de bacterias en el tratamiento del cáncer. Esta revaloración aprovecha asimismo la creciente comprensión, tanto en la comunidad científica como entre el público en general, del papel beneficioso que pueden desempeñar las bacterias en términos de salud general.

Palabras clave

CL-IO, cáncer, inmunoterapéutico, inmunoterapia, bacterias, «Clostridium», salud, tumores

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