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Las mujeres invisibles de la migración internacional

En EUBorderCare se investigó la atención sanitaria a los migrantes, especialmente a las mujeres, que llegan a la Unión Europea (UE). Los hallazgos de los investigadores ayudan a colmar lagunas en los datos disponibles que podrían dar lugar a suposiciones y conceptos erróneos.

Sociedad

Al estudiar un tema tan delicado en el plano político como son las necesidades sanitarias de los migrantes, los investigadores a menudo carecen de datos. Por otra parte, las respuestas a las necesidades sanitarias difieren a lo largo de la UE, lo cual refleja la variedad de sistemas sanitarios y tradiciones políticas. Además, cada país tiene percepciones y narrativas públicas distintas tanto sobre la migración como en lo que respecta a sus sistemas sanitarios, que a veces chocan con la realidad. El proyecto EUBorderCare (Intimate Encounters in EU Borderlands: Migrant Maternity, Sovereignty and the Politics of Care on Europe’s Peripheries), financiado por el Consejo Europeo de Investigación (CEI), se centró en la salud de los migrantes en las tierras fronterizas (periferia) como zonas de tensiones nacionales y tradiciones culturales acentuadas. «Los trabajadores sanitarios de las zonas fronterizas protegen los valores europeos fundamentales en lo que respecta a la salud y la movilidad de los ciudadanos», afirma la investigadora principal Vanessa Grotti, de la Universidad de Bolonia. «Debemos asegurar una distinción clara y continuada entre los derechos sanitarios y la normativa sobre migración». Con EUBorderCare se subrayó la falta de concienciación acerca de las experiencias migratorias de género y la necesidad de dar respuestas específicas en función del género en todas las etapas de recepción de los migrantes.

Las experiencias subinvestigadas de las mujeres

«A pesar de que se trata de un fenómeno creciente, nuestras investigaciones de campo confirmaron que la migración femenina —en particular, el cruce fronterizo de mujeres embarazadas—, no se ha estudiado lo suficiente», añade Grotti. «Nuestros resultados muestran que hay que esforzarse más por organizar la atención que se presta a las mujeres inmigrantes y reconocer sus necesidades básicas, como la sanidad, la vivienda y la atención sanitaria». Al comparar la experiencia adquirida sobre tres rutas de migración —el Mediterráneo oriental (hacia Grecia), el Mediterráneo central (hacia Italia) y el Mediterráneo occidental (hacia España)—, el equipo detectó en cada ruta patrones claros de migración asociados a la nacionalidad, el grupo de edad, las circunstancias personales y familiares y los factores de salud reproductiva. Por ejemplo, las refugiadas embarazadas que huían de la guerra y llegaban a Grecia sufrían de malnutrición y estrés tras haber pasado una larga estancia en un campo de refugiados. A las pacientes embarazadas rescatadas en Italia a menudo se las había separado de sus seres queridos a través de redes de esclavitud y trata de personas, y se las había agredido y explotado. En un análisis comparativo de los servicios de emergencias y maternidad en Grecia, Italia y España, el equipo analizó las condiciones de trabajo precarias, como la falta de financiación, la escasez de personal, los contratos temporales y los servicios solapados. En la investigación se ha documentado que hubo que rediseñar la atención sanitaria prenatal y perinatal para adaptarla a contextos de emergencias, con poco apoyo europeo o internacional. Por ejemplo, las clínicas y servicios de urgencias cambiaron su horario de apertura para atender emergencias, como rescates marítimos, lo que comporta turnos largos, la contratación de intérpretes y la apertura de historias médicas para las embarazadas sin ficha. En Grecia, los hospitales públicos colaboraron con las ONG médicas y los voluntarios para dar continuidad a la atención sanitaria, mientras que, en Francia e Italia, el personal hospitalario se coordinó con el sector de la atención médica, a menudo recurriendo a redes profesionales. «Estas estructuras locales resilientes son indispensables, pero insostenibles sin apoyo sistémico. Al fin y al cabo, no pueden sustituirse fácilmente, ya que conocen el territorio mejor que nadie», señala Grotti. Tras el brote de coronavirus, que reconfiguró significativamente la forma en que se presta la asistencia sanitaria en los hospitales y clínicas más pequeñas, el equipo decidió evaluar el impacto de la emergencia de la COVID-19 sobre la organización y prestación de los servicios sanitarios de maternidad. «Esperemos que todo ello conduzca a la elaboración de un conjunto de recomendaciones políticas específicas para la igualdad sanitaria en la atención obstétrica en tierras fronterizas de la UE», explica Grotti.

Tierras fronterizas singulares

El proyecto EUBorderCare se basó en la investigación de campo inmersiva a largo plazo en entornos asistenciales (por ejemplo, campos de refugiados, instalaciones de ONG médicas, plantas de maternidad), tanto temporales como permanentes, en la Guayana Francesa y Mayotte (Francia de ultramar), el Egeo Norte y Ática (Grecia), Sicilia (Italia) y Ceuta y Melilla (España). Se eligieron estas regiones porque fueron escenario de corrientes migratorias significativas. Además, han experimentado una falta de inversión, pero cuentan con un sistema sanitario universal con una provisión humanitaria especial para la atención urgente y gratuita, independientemente de la situación jurídica. Al estar situadas en las fronteras exteriores de Europa, fueron los primeros países receptores en iniciar el proceso de asilo.

Palabras clave

EUBorderCare, migración, embarazo, atención sanitaria, refugiados, campos, género, COVID-19

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